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martes 17/5/22
JUAN LABORDA

Juan Laborda: “Los mercados dan por descontado que habrá quitas en Grecia”

A contracorriente, este economista opina que los emprendedores poco podrán hacer por sacar a España de la crisis. La economía internacional sufre, en su opinión, una crisis de deuda, que fue mal diagnosticada. Y ahora, aunque se ha perdido un tiempo precioso, deben empezar a pagar quienes generaron esta Gran Recesión. 

Juan Laborda, profesor de la Universidad Carlos III, avanza en esta entrevista –cuya primera parte publicamos el pasado viernes- sus propuestas para salir de la crisis internacional. En la conversación, el economista defiende que es necesaria una quita de deuda a nivel internacional y desinflar el tamaño de un sistema financiero. Además, el autor de ‘Crisis sistémica actual’, que este miércoles presenta en Madrid sus propuestas, desmonta algunos dogmas ‘neoliberales’ y alerta sobre los riesgos derivados de la reforma de la Constitución. 

| Juan Laborda:  Básicamente dos cosas. En primer lugar, que la crisis actual se ha producido sobre todo en el sector privado, que atraviesa una situación tremendamente delicada ya que las familias y las empresas tienen mucha deuda. Por eso, poco puede esperarse de su contribución a la recuperación económica si esa deuda no se reduce. En segundo lugar, que en España hay un millón de empresas más que en Alemania y que lo importante no es generar emprendedores sino que las empresas sean competitivas a nivel internacional. Y eso no se consigue como se está haciendo en España, donde las empresas pequeñas se caracterizan por estar poco abiertas al sector exterior, sino enfocadas a la demanda doméstica. Ahí hay además un tema vital como es la formación. Los empresarios no tienen formación en muchos casos, ni siquiera saben idiomas. Por tanto no cabe esperar mucho de empresas y familias en cuanto a la recuperación. Defender eso es no entender muy bien lo que está pasando en la economía. 

En una crisis de deuda, la política monetaria es ineficiente y la política fiscal, limitada

En un artículo reciente, usted cita a las Cajas de Ahorros como un ejemplo de ineficiencia en el gasto privado. ¿Cree que las Cajas han manejado mejor sus inversiones que los bancos?

El funcionamiento del sistema financiero en España se ha caracterizado por una política excesiva de concesión de créditos y préstamos en los últimos años, y por una falta de vigilancia del riesgo. Hablo en términos globales, si exceptuamos a los dos grandes bancos [BBVA y Santander]. Me da igual bancos que Cajas. Salvo los dos grandes bancos, que tienen una posición muy diversificada, el resto del sistema llevó a cabo una política masiva de concesión de préstamos y créditos, sin control del riesgo en muchos casos y sin valorar el impacto en sus cuentas de una posible situación económica adversa en el futuro. Con datos del 2009, el volumen total de créditos sobre el total de activos es del 80 por ciento. Es una situación muy delicada. Quiere decirse que, para llegar a esa media, y teniendo en cuenta que los dos más grandes bancos están en torno al 60 por ciento, el resto tiene mucho más. Eso genera un problema. El valor del colateral que alimenta toda esa deuda ha caído a niveles muy por debajo de lo que se dice en sus balances. Tenemos un problema desde el lado del pasivo de las entidades financieras. No hay capital suficiente. Por eso bancos y Cajas no pueden prestar. Y no van a prestar porque su situación es muy delicada. No es un tema de liquidez solamente. Es un problema de balance de bancos.

¿Por qué tiene tanta importancia que los bancos reconozcan que sus activos inmobiliarios han perdido valor?

Porque esa es la manera de sanear el sistema, reconocer una realidad muy distinta de la que tienen recogida en sus balances. El día que hagan eso veremos que el tamaño del sistema financiero tiene que ser menor. Tienen que reducir capacidad y jugadores. Eso exige además dos factores adicionales. Primero que el equipo de gestión se vaya a la calle. Y, segundo, que quienes empiecen a pagar sean los acreedores. El accionista paga inmediatamente por cotización, en el caso de los bancos. Pero, para los bonistas, hay que empezar a plantear una quita o ‘corte de pelo’. Cuando pase eso, y reduzcamos a la vez el tamaño del sistema bancario a nivel global, se habrán dado las condiciones necesarias para reactivar el ciclo. La deuda privada sobre el PIB global disminuirá. En una crisis de deuda, la política monetaria es ineficiente. La política fiscal es limitada. La única manera es desinflar los balances de las entidades endeudadas poco a poco.

El gasto público no genera ningún efecto de expulsión sobre la inversión privada, eso es mentira

Si usted quiere que las familias paguen sus hipotecas, sabe que no va a haber consumo. Eso implica una contracción de caballo, a la japonesa. La otra opción es hacer una reestructuración de esta deuda privada en todo el sistema bancario, mediante un ‘club’ –como el que se hizo con Latinoamérica [para negociar la quita de su deuda]. Es una solución drástica a un problema drástico. La crisis no es cíclica, es sistémica. Si fuera cíclica, no se propondría esto, obviamente.

Usted discrepa con quienes aseguran que el incremento del gasto público encarece la financiación del sector privado.

Eso es una falacia. Evidentemente, la política fiscal anticíclica aminora el efecto de la crisis o del desapalancamiento del sector privado. Voy a poner el ejemplo de Japón, cuyo sector privado necesita desapalancarse –pues tiene una crisis de balance- y ellos lo compensan con gasto público. En Japón el volumen de deuda pública por PIB es el mayor del mundo, y alcanza el 200 por ciento. Sin embargo, sus tipos de financiación a medio y largo plazo son los más bajos del mundo. El bono a diez años japonés tiene una TIR [tasa interna de rentabilidad] inferior al 1 por ciento, por debajo de países occidentales con menor carga financiera, como Suecia, Alemania o Estados Unidos. Es mentira: el tipo de interés lo fija básicamente la política del banco central. Por otro lado, el gasto público no genera ningún efecto de expulsión de la inversión privada. Eso es mentira, hay evidencia empírica suficiente para decir a los ‘ricardianos’ o neoclásicos que es absolutamente mentira.

Pero España no es Japón, no se financia al mismo coste…

Para España, el gasto público no es el problema. Del volumen de deuda total, ¿cuánto supone sobre el PIB la deuda privada? No llega al 70 por ciento. ¿Y cuánto supone la deuda privada? El 340 por ciento, aproximadamente, entre familias y empresas financieras y no financieras. Otra cosa es que, como consecuencia de ese desapalancamiento de los sectores privados, los ingresos se hunden porque la gente deja de consumir y las empresas dejan de invertir. Por eso, por el hundimiento de los ingresos, tenemos un problema de déficit público, pero no por el gasto. En España, además, la estructura del gasto público es muy pobre, si nos comparamos con otros países más desarrollados, como Francia, Alemania o los Países Nórdicos.

Faltan aeropuertos de mercancías para que España sea la entrada de productos chinos hacia Europa

Critica usted, por otro lado, a quienes sostienen que el gasto público es ineficiente. Pero, ¿considera usted que el gasto público en España en infraestructuras, por ejemplo, ha sido eficiente en los últimos años?

Algunos no, la verdad. El gasto en infraestructuras es fundamental para incrementar la productividad. ¿Qué hemos hecho mal? Hay, por ejemplo, una red maravillosa de transporte por AVE. Pero nos hemos olvidado del transporte de mercancías, cuya velocidad de circulación permanece muy baja. Estoy a favor de la conexión de las grandes ciudades por AVE, pero no de las pequeñas ciudades, como se ha hecho por una cuestión de ‘reino de taifas’. Pero faltan muchísimas cosas. Falta una red de ferrocarriles de mercancías mucho más potente. Faltan, por ejemplo, conexiones con el eje europeo clave, la zona alemana y el noroeste francés. Ahora se está discutiendo si se hace por el eje mediterráneo o por el eje transpirenaico, a través de Aragón. Pero las comunidades autónomas están muy divididas, cada una presiona por lo que le interesa. Eso no se ha hecho. Y hay que hacerlo, forzosamente, para que accedamos rápidamente al núcleo duro de la economía europea, es decir, Alemania, Francia y Países Bajos.

También se puede hacer más en infraestructuras de transporte por avión, pero de mercancías. Hay exceso de aeropuertos que no tienen sentido, como el de Castellón o el de Huesca. No tienen sentido cuatro aeropuertos en Galicia en ciudades a menos de 100 kilómetros de distancia. Faltan aeropuertos de mercancías, salvo el de Vitoria –que es un buen aeropuerto- con el objetivo de que España sea la entrada de los productos chinos a Europa. China está muy interesada en eso. También falta, por ejemplo, un superpuerto, con la capacidad suficiente para acceder al transporte desde China hacia toda Europa. Los chinos también están muy interesados en ese superpuerto.

Desde mi punto de vista, hay que hacer mucho más en infraestructuras. Sin embargo, si hacemos una restricción fiscal muy fuerte –como la que están proponiendo el PP y el PSOE con la reforma constitucional- olvidémonos de eso. España es la puerta de entrada de los productos chinos hacia Europa y otras áreas, como el Este de Europa e incluso los países árabes. Los chinos lo quieren hacer. Pero ahí no hay nada, estamos pez.

Los ‘bonistas’ tienen que sufrir una quita. Y el sistema financiero internacional debe perder peso 

Usted considera que las bajadas de impuestos y el escaso control del fraude en España explican el actual déficit público.

Los ingresos públicos en España son muy sensibles al ciclo, sobre todo con las bajadas impositivas que se han producido en los últimos años. En Francia y Alemania la estructura de ingresos tiene menos elasticidad al ciclo económico. Tenemos una crisis de deuda privada y de balances privados. Cuando estos se desapalancan, dejan de consumir y de invertir, y los ingresos se hunden. Nuestra crisis fiscal es de ingresos. Por el lado del gasto, la estructura del gasto público español está diez puntos por debajo de los países desarrollados. Además, si se lleva a cabo la reforma constitucional, eso nos llevará a una situación de país emergente en cuanto al gasto público. España será uno de los países de Europa con un gasto más bajo. No estamos en las condiciones de gasto público de países potentes: en educación, sanidad, infraestructuras. Otra cosa es que haya gastos superfluos y ahí, habrá que plantear qué hacemos con las administraciones públicas –no tanto en el Estado central- sino con todo aquello que se ha ido cediendo a las comunidades y los ayuntamientos. Esa es otra discusión: el funcionamiento del Estado de las Autonomías y todo lo que ha generado. Pero, para mí, el problema que tenemos no es tanto de gastos como de ingresos.

Tenemos menos gastos porque tenemos menos ingresos. Tras las bajadas masivas de impuestos –especialmente en sectores muy sensibles al ciclo-, cuando el ciclo se comprime, los ingresos caen automáticamente. Eso ha pasado con el Impuesto de Sociedades, que se bajó, y donde los tipos efectivos son ridículos además, especialmente en las grandes empresas. Ha pasado con el IRPF… Luego está el fraude, cuantificado por algunos en 100.000 millones de euros, es decir, un 10 por ciento del PIB, una barbaridad. Solo con eso –con los ingresos que se defraudan- nos acercaríamos a una estructura de ingresos similar a la de los países europeos más avanzados.

Cuando se reduzca el volumen del sistema financiero se habrán dado las condiciones para empezar a reactivar el ciclo

El esquema fiscal español presenta en su opinión un “vicio adicional”, que es la falta de corresponsabilidad recaudatoria por parte de las comunidades autónomas. ¿Cómo podría solucionarse este problema?

Podría solucionarse dando más capacidad de poder recaudatorio a las comunidades autónomas. Una alternativa sería el fuero vasco o el fuero navarro. Pero genera problemas, porque hay que compensar las comunidades más directamente impactadas mediante una especie de presupuesto federal. Es curioso que las dos comunidades que tienen mayor capacidad recaudatoria y que tienen sistema propio, como el País Vasco y Navarra, son las que han estado más salvaguardadas a la crisis económica. Esa sería una manera: hacerles más partícipes en el porcentaje de impuestos que realmente reciben. Pero hay poco margen de maniobra porque ya se les ha transferido mucho. Estamos en un sistema que no acaba de ser federal pero tampoco es centralista. ¿Al final los que mejor han funcionado cuáles son? Los sistemas jacobinos como el francés, o los sistemas federales. Si se hace eso en España, tiene que haber un presupuesto federal para compensar los efectos sobre las comunidades más desfavorecidas y un principio de solidaridad que funcione. Aun así genera problemas, como por ejemplo en el caso americano, donde la lucha por la captación de ahorro o inversiones –vía impuestos- genera perversiones.

Usted ha defendido una solución a la crisis financiera que consiste en una quita de deuda. ¿Pública o también privada?

El sistema bancario está mal. La prueba es que están diciéndonos constantemente que necesitan recapitalizarse. ¿Por qué no se hace, al igual que se hizo en su momento el ‘Club de París’ para economías sudamericanas, una especie de ‘club’ donde se clarifique cuál es la realidad en los balances de las entidades? ¿Cuál es el valor real de sus activos? Hay que tratar de sacar esos activos tóxicos de sus balances, cambiarlos por liquidez y que alguien pague esa infravaloración. Eso se hace a través de quitas, como se hizo en Suecia, por ejemplo.

Los suecos tuvieron una crisis financiera en el año 92 muy parecida a la nuestra. Fue inmobiliaria aunque afectaba solo a los países nórdicos. ¿Qué hicieron? Cogieron el sistema financiero, hicieron una prueba de estrés de verdad –no como las parodias que se han hecho en Europa y en Estados Unidos en los últimos años-, y todo aquello que era insolvente lo eliminaron o lo pasaron a otro banco. Crearon un instrumento, un banco malo –al que llamaron ‘Securum’- que tomó esos activos y los financió con deuda pública. Pero, a la vez, desde el lado del pasivo de las entidades financieras, quienes sufrieron el coste de esa rebaja fueron los acreedores. No era el Estado el que ponía toda la ‘pasta’. Ellos hicieron el esfuerzo de valorar e infravalorar esos activos. De manera que los contribuyentes suecos no pagaran el pato. Quienes lo pagaron fueron los bonistas. Esto lo hicieron los suecos y les salió muy bien. En dos años reflotaron el sistema.

Paralelamente, a la vez que se crea ese ‘banco malo’, habría que trasladar esa reducción de valor a quien tiene la deuda –la hipoteca o el préstamo- para pague menos, al bajar el principal, y que pueda rebajar su carga financiera. Eso desinflaría parte de la burbuja inmobiliaria. Se evitaran ejecuciones de hipotecas, aliviaría mucho.

Estas propuestas tendrían que haberse hecho, hace cuatro años, cuando los bancos privados estaban muy mal, había capacidad de intervenirlos y de actuar implacablemente. Se ha perdido un tiempo precioso. La bola se ha hecho muy grande y ahora es mucho más costoso, salvo que los acreedores paguen, claro. De ahí, la quita. Y eso incluye a la mayor parte de los países occidentales: Estados Unidos, Inglaterra, Italia, España, Francia y muchos otros.

La otra parte de la propuesta son quitas de deuda pública, que van a pasar sí o sí. Grecia, por ejemplo, no puede pagar. Y los mercados están ya descontado que va a haber quitas, que solo podrán recuperar entre un 30 y un 40 por ciento en el próximo año. Grecia no puede pagar esa carga financiera y hay que reestructurar su deuda. Si el problema es de deuda, hay que reestructurarla. Y reducir el peso del sistema financiero, los que han causado esta bola, en la economía mundial. 

Juan Laborda: “Los mercados dan por descontado que habrá quitas en Grecia”
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