sábado 16/10/21
CUERPO DE GUARDIA

Los Pecados Nacionales: Pícarus Gen

Capitán Lagarta | En todo el orbe hay pícaros, pero los de aquí siempre estuvieron dotados de especial astucia para urdir sutiles martingalas en su propio beneficio...

capitán lagarta

Es la picaresca estilo de vida basado en el aprovechamiento y la trampa. En todo el orbe hay pícaros, pero los de aquí siempre estuvieron dotados de especial astucia para urdir sutiles martingalas en su propio beneficio. De todo el genoma humano, el gen de la picaresca es, en buena lógica, el más huidizo; la ciencias médicas y biológicas piensan que ni siquiera existe, pero la paleontología y la antropología, que son disciplinas más atrevidas y especulativas, afirman que PGH (pícarus gen hispánicus) pudo hacer su primera aparición en las cuevas de Altamira o incluso antes, en la sima de los huesos de Atapuerca, caso de que estos singulares yacimientos no sean un camelo ideado en pleno siglo XX. Del siglo XVI es la pajita de centeno que el lazarillo de Tormes utiliza para beber a distancia el vino del ciego y, esto es lo bueno, en sus propias narices. Del XVII, relata el capitán Alonso de Contreras en su autobiografía, es el juego del piojo, curioso entretenimiento del pícaro soldado español en la mar: “Y como la presa era tan rica, mandó el capitán nadie jugase, porque cada uno llegase rico a Malta. Mandó echar los dados y naipes al mar y puso graves penas a quien los jugase, con lo cual se ordenó un juego de esta manera: hacían un círculo en una mesa, como la palma de la mano, y en el centro de él otro círculo chiquito como de un real de a ocho, en el cual todos los que jugaban cada uno metía dentro de este círculo chico un piojo y cada uno tenía cuenta con el suyo y apostaban muy grandes apuestas, y el piojo que primero salía del círculo grande tiraba toda la apuesta, que certifico la hubo de ochenta cequíes. Como el capitán vio la resolución, dejó que jugasen a lo que quisiesen. Tanto es el vicio de juego en el soldado”. La energía de la picaresca ni se pierde ni se destruye sino que se transforma, como arquetipo junguiano, adaptándose a los tiempos; las preferentes bien pudieran ser versión moderna del timo de la estampita. Puede incluso que la energía de PGH se sublime freudianamente porque, se pregunta el capitán, ¿será sexual o libidinoso el placer que produce tener en casa tanta cantidad de folios y bolígrafos de la oficina o montón tan tamaño de toallas de hotel? o ¿por qué en la soledad íntima y el recogimiento que proporciona un retrete cualquiera pícarus gen hispánicus desata la pulsión atávica de llevarse el papel higiénico? y ¿por qué de no poder llevárselo el sujeto se ve forzado, para que no le quede el tabardillo de la frustración, a utilizar mecanismos y estrategias de compensación tales como tirar el rollo de papel entero al váter o pintar la pared con caca?, que lo explique la psiquiatría, si es que puede. Es de señalar que pícarus gen opera exclusivamente en propio beneficio ya que dentro de la piel de toro el bien común es utopía; aquí un banco público de los de sentarse  -la banca pública es otra utopía-  siendo de todos, no es de nadie y por eso hay que romperlo cuando a uno no le vean o pintar disimuladamente con la navajilla “te quiero Lucía” o “que viva el Che, o el Camarón, o el Betis...”. Aquí hacemos el cubo de Rubik quitando las pegatinas y volviéndolas a pegar en un periquete en su sitio y como dios manda, un color en cada cara. No hace tanto que hablábamos horas y horas en la cabina de la esquina siempre con la misma moneda de cinco duros que nunca se colaba pues estaba atada con fino sedal a la caña de un bolígrafo y hacíamos esto no por necesidad de comunicación, sino por joder a Telefónica y de paso al menda que estaba esperando en la cola armado con un mechero magiclick. Si es que aquí defraudamos sin necesidad, solo por defraudar; hacemos chuletas aunque nos sepamos la lección y somos capaces de aprender electrónica solo para trucar el canal plus. En este país nació Garbo, el espía más tonto de la historia gracias a quien, según dicen, se pudo desembarcar en Normandía; el Roldán, el Conde, el Dioni, y los Puyoles son de aquí. Aquí ganó El Cid una batalla después de muerto y aquí sigue Fraga ganando elecciones. El capitán está seguro de que si aquí, en plena calle, ponen expositores con periódicos y un bote para echar el euro, nadie se llevaría un periódico pagando, ni tampoco sin pagar, sencillamente veríamos a la gente mirar en derredor buscando la cámara oculta; pero a las diez de la noche, aunque cien cámaras hubiese, desaparecerían mágicamente todos los periódicos y aparecerían al día siguiente dentro de un contenedor porque aquí no se lee, pero se recicla; y el bote con los dineros quedaría intacto pues a ningún cristiano, hasta ahí podíamos llegar, se le ocurre levantar el cepillo de la limosna. Aquí, cuando se prohibe algo en algún sentido, pícarus gen hispánicus reacciona despertando de inmediato un reflejo condicionado en el sentido contrario; esto podría comprobarse fácilmente plantando una señal de prohibido aparcar en medio de un descampado o colocando una vieja escupidera de Talavera de la Reina en el descansillo de las escaleras. Señores alemanes, aquí no se inventó la fregona para beneficio de la humanidad, se hizo sencillamente para no agacharse; aquí si hacemos una casa redonda no es por cuestión estética, que será para no barrer los rincones. Aquí somos capaces de diseñar una bonita camiseta blanca con banda transversal negra cruzada no por cuestión de luto ni porque amemos el Pop Art, sino para simular que llevamos puesto el cinturón de seguridad. Aquí quien no roba es tonto. Y es por eso, piensa el ladrón que todos son de su condición, que los poderes públicos andan preguntándose cómo puede vivir un ciudadano con esa porquería de subsidio que le dan. Hay que acabar con la economía sumergida, gritan ufanos, sin darse cuenta de que la mierda, a ellos, ya les va llegando por el cuello. ¿Por qué habrían de darse cuenta si para ellos los palominos son quemaduras de la plancha?.

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