sábado 29/1/22
A PROPÓSITO DE MANUEL AZAÑA

Lázaro Cárdenas y su compromiso con la II República Española

La II República Española y Lázaro Cárdenas vive en el corazón de hombres y mujeres que lucharon y siguen luchando para que la justicia y dignidad de los pueblos no sea un mero adorno estético en las declaraciones de principios, sino la razón de ser de la humanidad.
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Lázaro Cárdenas

Los republicanos españoles siempre estuvieron agradecidos a México y a Lázaro Cárdenas, un presidente que supo entender lo que estaba sucediendo en la España de la II República. El Presidente Cárdenas vio cómo la guerra había prendido en España después de un intento fallido de golpe de Estado. En aquellos trágicos momentos, su principal pensamiento fue para la infancia e hizo un ofrecimiento al Presidente de la II República Española: “Traigan los niños para acá”. Azaña agradeció tan noble gesto. El gobierno de Cárdenas fue fiel a la II República Española y lo demostró en todo momento. Según avanzaba la guerra en España, el gobierno de Cárdenas fue abriendo las puertas de México; y mujeres y hombres se abrazaron a la tierra que les acogía. Lázaro Cárdenas bien sabía el valor de la II República Española al enfrentarse al caciquismo que impedía vivir dignamente a las clases populares. Él también tuvo que hacerlo para arrancar México de las garras de quienes habían exprimido sus recursos naturales durante tanto tiempo.

El verano de 1936, España estaba ya frente a la barbarie fascista que recorría el continente europeo. El acuerdo de “No injerencia” de los países europeos la dejaron sola ante el peligro que se cernía sobre la humanidad: primero España, después Europa y más tarde el resto de continentes. El Presidente Azaña alzaba su dolida voz ante la Sociedad de Naciones esperando una respuesta que pusiera fin a lo que ocurría en nuestro país, pero ésta mostró su inoperancia: como el gobernador der Judea, Poncio Pilatos, ante el proceso de Jesús, el organismo internacional, alegando el Tratado de no intervención, se lavó las manos. Decepción, impotencia, rabia. ¿Qué sintió el Presidente Azaña aquel 18 de julio de 1937 cuando pronunció su discurso sobre lo ocurrido en La Sociedad de Naciones, en la Universidad de Valencia?:

A la Sociedad de Naciones fue la República, pero no fue a pedir, ni tenía porqué, que la Sociedad de Naciones le resolviera el problema, que es de su pura y estricta competencia y más fácilmente domeñable por él. Fuimos a la Sociedad de Naciones pretendiendo que esta Asamblea de derecho y guardián de los derechos de los pueblos allí congregados se enterase de que un Estado miembro de la Sociedad de Naciones estaba invadido por otros Estados, dos de los cuales, por lo menos, son también miembros de la Sociedad de Naciones. A esto fuimos a Ginebra. Fuimos allí y hemos vuelto y volveremos a ir, porque nos creímos entonces, nos creemos aún, que para ser oídos en el templo de la paz sea menester entrar en él haciendo ruido de guerra, porque no hemos creído ni creemos aún que para que le reconozcan a uno su derecho en aquella Asamblea-donde no se debe abrir la boca más que para invocar el derecho, porque a él debe la existencia, sea preciso entrar amenazando con que uno se va a tomar por la fuerza su derecho si no se lo reconocen, porque no creíamos ni creemos aún que la Sociedad de Naciones se haya convertido en una especie de Congreso de Viena de larga duración, manejado entre bastidores por dos o tres potencias, y en el cual los pequeños hacen un papel de comparsa; y hemos de ir a la Sociedad de Naciones porque hemos creído y seguimos creyendo que los pueblos de menor fuerza, los Estados de segundo orden– que además son la mayoría –tienen allí algo que hacer, que no consiste en contar las horas que les faltan para padecer ellos mismos la misma suerte que está padeciendo España.

Por eso hemos ido a la Sociedad de Naciones, porque creíamos esto. No se negará que nuestra fe es robusta. La Sociedad de Naciones, cuando acudió por primera vez España con este problema, no estaba enterada ni sabía que España estaba invadida por otros Estados miembros de la Sociedad. No lo sabía... Después de todo, si no lo sabía, ¿qué iba a hacer? A lo mejor, la invasión era una invención de los “rojos”; no había nada qué hacer como no fuera a enterarse. Han pasado meses; el gobierno español, los gobiernos españoles, unos tras otros, han vuelto allí a hacer oír su voz, y la Sociedad de Naciones ya se ha enterado, ya sabe que un Estado miembro de ella está invadido por ejércitos de otros Estados; se ha probado irrefutablemente, y la Sociedad de Naciones, después de hacer constar en una resolución solemne que en España hay tropas extranjeras que hacen la guerra al gobierno legítimo, acordó traspasar el asunto al Comité de No-intervención que funciona en Londres. Nuestra fe es robusta ante esta prueba”.

Y ante aquella soledad apareció el Presidente Cárdenas, el hombre que supo estar al lado de la II República Española. Allí tuvieron cobijo los intelectuales que antepusieron la razón al servilismo y a la barbarie; el gobierno de Cárdenas abrió los brazos a quienes no podían vivir bajo la bota de la dictadura franquista. Hoy, cuando desde las catacumbas del franquismo se alzan voces que invocan aquel tiempo, cuando emerge la sinrazón y los puños para frenar las libertades civiles y los derechos sociales, cuando desde la iglesia  quieren gobernar nuestras vidas y conciencias, es necesario el recuerdo, porque el olvido es no ser, no haber sido. La II República Española y Lázaro Cárdenas vive en el corazón de hombres y mujeres que lucharon y siguen luchando para que la justicia y dignidad de los pueblos no sea un mero adorno estético en las declaraciones de principios, sino la razón de ser de la humanidad.

Lázaro Cárdenas nació en Jiquipán de Juárez (Michoacán), en 1895. Tomó parte en la revolución contra Victoriano Huertas y prestó servicios al gobierno de Obregón. En 1928 fue elegido gobernador constitucional de su estado natal. Durante su mandato se hizo muy popular en todo México; cargo que terminó en 1932. Presidente del Partido Popular Revolucionario, fue elegido Presidente de la República mexicana en el periodo 1934-1940. Durante su mandato se nacionalizaron las compañías petroleras extrajeras que se habían instalado en México. Más tarde, Cárdenas fue secretario de Defensa hasta 1945. Murió en 1970.

Teresa Galeote Dalama

Lázaro Cárdenas y su compromiso con la II República Española
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