sábado. 13.07.2024

La segunda y excelente novela del escritor estadounidense Hernán Díaz, nacido en la ciudad argentina de Buenos Aires, se titula Fortuna (su nombre original es Trust) y fue publicada en 2022. Yo la he leído en la espléndida traducción de Javier Calvo, aparecida al año siguiente.

Nueva York, la capital económica del planeta Tierra, es el ámbito de esta novela: 

“Nueva York rebosaba de ese bullicioso optimismo de quienes creen haberse adelantado al futuro”.

Y su protagonista, un financiero que encarna una suerte de paradigma individual del liberalismo que justifica, explica, comprende y posibilita el capitalismo tal y como es esa manera de explotar la realidad que domina el mundo que conocemos.

“La intimidad puede ser una carga insoportable para quienes, al experimentarla por primera vez después de una vida entera de autosuficiencia orgullosa, de pronto descubren que era lo que le faltaba a su mundo. Encontrar la dicha se vuelve indistinguible del miedo a perderla”. 

La espléndida prosa de Hernán Díaz nos desafía de cuatro maneras distintas, todas asombrosas, en las cuatro partes en que se divide Fortuna. Cuatro estilos para crear cuatro realidades literarias que conforman una sola obra en la que se nos cuenta una historia para que nosotros mismos construyamos esa verdad que se oculta en todas las narraciones.

Su protagonista, un financiero que encarna una suerte de paradigma individual del liberalismo que justifica, explica, comprende y posibilita el capitalismo tal y como es

Las citas que has podido leer hasta ahora pertenecen a la primera parte, Obligaciones. Una novela, por Harold Vanner’. La segunda, Mi vida, Andrew Bevel’, incluye ya en su título el nombre del protagonista.

“Todo financiero ha de dominar múltiples disciplinas, porque las finanzas son el hilo que recorre todos los aspectos de la vida. Son el nodo donde confluyen las distintas corrientes de la existencia. Los negocios son el denominador común de todas las actividades y empresas humanas. Esto a su vez significa que no hay asunto que no ataña al ámbito del hombre de negocios. Para él todo es relevante. Es el verdadero hombre del Renacimiento. Y por esa misma razón me dedico a la búsqueda del conocimiento en toda disciplina concebible, desde la historia y la geografía hasta la química y la meteorología”.

¿Quién es Bevel, en realidad? Tendrás que leer Fortuna completamente para acercarte a esa verdad imprecisa que esconde siempre la realidad y que la literatura trata de desvelar por medio del arte de la escritura, para el que hay que estar, como poco, tan dotado como lo está Díaz.

“Toda la vida se organiza en torno a un pequeño número de acontecimientos que nos impulsan o nos frenan en seco. Pasamos los años que median entre esos episodios beneficiándonos de sus consecuencias o padeciéndolas, hasta que llega el siguiente momento decisivo. El valor de un hombre lo establece el número de esas circunstancias definitorias que es capaz de crear para sí mismo”.

La reflexión anterior es del propio Bevel, quien se define absolutamente cuándo dice que “sea lo que sea que nos ha repartido el pasado, nos corresponde a cada uno de nosotros cincelar nuestro presente a partir del bloque informe del futuro”. Bevel es uno de esos tipos que considera que su eficiencia ganadora salva al capitalismo para el bien común porque “el brazo egoísta siempre es corto”. Bevel no es un amigo de los tiburones. Es un tiburón. Un tiburón convencido de que “nuestras existencias giran en torno al beneficio”, también de que “todos aspiramos a una mayor riqueza” y, por supuesto, de que “igual que el resto de criaturas vivas, o prosperamos o morimos”.

Para mí gusto lo mejor de Fortuna está en su parte tercera: Recuerdos de unas memorias, por Ida Partenza’. En ella, le escuchamos al padre anarquista de la narradora/protagonista, en una conversación con ella sobre el dinero:

“¿Inofensiva la ficción? Mira la religión. ¿Inofensiva la ficción? Mira a las masas oprimidas, satisfechas con la suerte que les ha tocado porque se han creído las mentiras que les imponen. La historia misma es una pura ficción. Una ficción provista de ejército. ¿Y la realidad? La realidad es una ficción con presupuesto ilimitado. Nada más. ¿Y cómo se financia la realidad? Pues con otra ficción: el dinero. El dinero está en el centro de todo. Una ilusión que todos hemos acordado sostener. De forma unánime. Podemos disfrutar en otros asuntos, como los credos o las afiliaciones políticas, pero todos estamos de acuerdo en la ficción del dinero y en que esa abstracción representa unas mercancías concretas”.

Es al llegar a esta parte del libro donde caemos en la cuenta de que quizás el meollo de todo no deje de ser una ficción, siendo el libro una ficción, por supuesto. Pero en este caso hablamos de una ficción tan cierta como lo es el dinero. La ficción dentro de la ficción.

Un tiburón convencido de que “nuestras existencias giran en torno al beneficio”, también de que “todos aspiramos a una mayor riqueza”

Ida Partenza es escritora y se acerca (demasiado) a la figura de Bevel, pero de sí misma, de su familia, de su madre, nos cuenta esto:

“Me resulta devastador que una mujer vaya a desaparecer hasta ese punto, sin dejar más rastro que una hija que apenas se acuerda de ella. Durante años, entre un libro y el siguiente, trabajé en una novela sobre ella. Sigue siendo un proyecto inacabado, y también la peor equivocación de mi vida de escritora. Como pasé tanto tiempo trabajando sin éxito en aquel libro, mi madre adquirió ya para siempre la textura y el peso de un personaje a medio formar en mi mente. Incluso he llegado a desconfiar de mi amor por ella”.

Si en las dos primeras partes asistimos a la presencia casi fantasmal de personajes literarios esculpidos como en mármol, un mármol artísticamente impecable y en dos estilos distintos de escritura, en esta tercera vemosescuchamos, a personas de verdad que, sin dejar de ser personajes literarios, nos hacen creer de una forma más rotunda en la magia de la verdad mentirosa que es toda novela.

El propio Bevel le dice a Ida que “ahora los acontecimientos imaginarios de un relato de ficción tienen más presencia en el mundo que los hechos reales de mi vida”. Y de eso va esta novela, de eso que llamamos ahora la construcción del relatoLa creación de lo que va a quedar, no la reconstrucción de lo que fue.

Ida lee el libro de Vanner, y en él descubre ese “espacio indeterminado entre lo intelectual y lo emocional”, ese “territorio ambiguo” que es el “dominio exclusivo de la literatura”. Lo descubre Ida y nosotros lo estamos descubriendo al leer esta novela, aunque en realidad quienes las leemos, las novelas, venimos conociéndolo desde que comenzamos a leerlo.

Existe “una región esquiva entre la razón y el sentimiento” que los escritores cartografían con su propia escritura, con su propia literatura. Es el caso, claro, de Hernán Díaz, un escritor a quien hay que considerar entre los más importantes.

¿Escribir es, o debe ser, “torcer la realidad y alinearla”, hacer que la realidad sea coherente?

La narrativa personal y casi oculta de Mildred Bevel, donde “las palabras se desprenden de las cosas”, cierra esa verdad esquiva sobre una realidad que ya no existe. 

El padre de Ida, de profundas convicciones y actitudes anarquistas, reflexiona sobre el verdadero protagonista del libro, sobre uno incorpóreo, amigo del dinero: la riqueza. Se pregunta: 

“¿De dónde sale toda esta riqueza? A lo largo de la historia, el capital ha provenido de la esclavitud”.

Aparece en esta tercera parte el chiste aquel de que “existe un mundo mejor, pero es más caro”.

La última de las partes de Fortuna lleva por título Futuros, Mildred Bevel’. Mildred es la esposa de Andrew Bevel y siendo como ha sido un personaje central de la trama es ahora cuando irrumpe con sus propias palabras para protagonizar las últimas páginas de la novela de Díaz. Futuros es (algo de su) su diario.

“Hay diarios que se escriben con la esperanza implícita de que se descubran mucho después de la muerte del autor, como el fósil de una especie extinta de un solo individuo. Otros son posibles gracias a la convicción de que cada palabra evanescente solo será leída mientras se está escribiendo. Y otros se dirigen a la encarnación futura del autor: un testamento para que se abra durante la propia resurrección. Los tres tipos declaran respectivamente: “Fui”, “soy” y “seré”. A lo largo de los años, mi diario ha ido vacilando entre estas categorías. Y así sigue, por mucho que mi futuro sea breve”.

La narrativa personal y casi oculta de Mildred Bevel, donde “las palabras se desprenden de las cosas”, cierra el volumen, cierra esa verdad esquiva sobre una realidad que ya no existe

“La verdad aterradora de saber que a partir de ahora ya nada se convertirá en recuerdo”. 

Fundido a negro.

Fin.

Fortuna es una novela impresionante.

            “Dios es la respuesta menos interesante a las preguntas más interesantes”.

Hernán Díaz escribe la majestuosa Fortuna