miércoles. 24.07.2024
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Aunque quizás no sea una de las óperas más famosas de la lírica española, "Las golondrinas" del maestro Usandizaga reúne muchos de los elementos que definen una obra maestra. No es necesario ser un experto musical ni adornar todo con una prosa rebuscada y profunda para sentirse impactado y emocionado por la música e historia de esta obra sobre relaciones tóxicas y maltratos.

Este sentimiento de pieza clave es compartido por muchos espectadores, ya que tras su exitoso paso por el Teatro de la Zarzuela en 2016, la obra se representa nuevamente bajo la dirección musical de Juanjo Mena y la puesta en escena de Giancarlo del Monaco, con escenografía de William Orlandi. Esta clara apuesta por el éxito también marca un hito importante, ya que esta segunda obra de la temporada se representa con nueva dirección en el Teatro de la Zarzuela, de la mano de Isamay Benavente, convirtiéndose así en la primera mujer que dirige esta institución.

El maestro José María Usandizaga estrenó "Las golondrinas" como zarzuela en 1914. Tras la repentina muerte del compositor, su hermano Ramón arregló el texto y la presentó como ópera en 1929 en el Teatro del Liceo de Barcelona. Basada en el drama "Saltimbanquis" de Gregorio Martínez Sierra, la obra que ahora podemos ver en el Teatro de la Zarzuela no solo mantiene vigente su trama, sino que su historia de celos y malos tratos se presenta especialmente relevante en estos tiempos de violencia constante. Recordemos que "Las golondrinas" nos sitúa en un circo itinerante en el que Puck, Lina y Cecilia han construido una relación de amor-odio bastante extraña que acabará de forma muy trágica.

"Las golondrinas", segunda obra de la temporada tras "El Caballero de Olmedo", se presenta como una nueva apuesta por recuperar y recordarnos la gran tradición lírica de España, que va más allá de las zarzuelas que todos conocemos y hemos tarareado en algún momento. Estamos ante una ocasión única para profundizar en obra riquísima a nivel musical y con una historia con la que es imposible sentirse indiferente.

La partitura de "Las golondrinas" del maestro Usandizaga conecta directamente con Wagner y Debussy, e incluso algunos coros tienen una clara influencia verdiana llenos de color. No obstante, es evidente que su influencia más directa es "Pagliacci" de Ruggero Leoncavallo, no solo porque Puck tenga cierto parecido al payaso Cannio, sino porque algunas melodías y tonalidades parecen evocar esa ópera como algo más que un homenaje. Sin embargo, "Las golondrinas" es una obra que vuela libremente, con un argumento mucho más oscuro y profundo que el de "Pagliacci" y con unas arias complejas que requieren de un gran ejercicio tonal. Lo que realmente conecta ambas óperas es la locura como paradigma universal del teatro.

En este sentido, resulta interesante la reflexión que Giancarlo del Monaco propone en el libreto cuando dice que ambos personajes están firmemente unidos por la locura, y añade: "Puck llega a su particular locura teatral con la cabeza llena de fantasmas, de fantasmas del teatro que al final lo convierten en un personaje universal".

Esta conexión con la obra de Leoncavallo se refuerza con la puesta en escena de Giancarlo del Monaco y la escenografía de William Orlandi, que presenta dos espacios diferenciados pero muy unidos por el drama: un comienzo con el escenario totalmente desnudo, mostrando la caja escénica, y una segunda parte en la que el escenario se transforma en un circo bastante expresionista y "mágico". Todo ello con un tono serio, colores oscuros y grises, donde ensoñación y tenebrismo se dan la mano y nos avisan de que algo terrible está a punto de pasar.

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"Las golondrinas" es una obra llena de matices con una partitura compleja que ha tenido varias reescrituras a lo largo de su historia, definiéndola de manera única y posiblemente diferente a la concepción inicial. Posee momentos de gran belleza lírica, como el dúo "Fuego de paja en el viento" o el preludio del comienzo del tercer acto, en contraposición con momentos absolutamente fallidos y destemplados, como el teatrillo de pantomima del segundo acto, que parece destinado solo a estirar la trama. Aun así, la sensación constante es de estar viendo algo muy grande, magistral, que incluso con sus imperfecciones produce estremecimiento entre el público.

En la representación a la que asistí, los papeles principales fueron interpretados por Gerardo Bullón como Puck, Raquel Lojendio como Lina y Ketevan Kemoklidze como Cecilia. Tres personajes muy bien trazados por José María Usandizaga y con arias complicadas que requieren de una concentración vocal completa. El coro actuó con brillantez en una obra que, como mencioné anteriormente, tiene cierto tono verdiano en lo que respecta a la tonalidad grupal.

Una ovación clara al final para una obra que vuelve a posicionar al Teatro de la Zarzuela como un referente musical. "Las golondrinas" es una obra muy interesante que ofrece una perspectiva única de las diversas capacidades de la lírica española. Habrá que estar muy atento a cómo continúa la temporada.

'Las Golondrinas' del maestro Usandizaga vuelan alto en el Teatro de la Zarzuela