martes. 21.05.2024
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx

Pablo es un abogado especializado en causas solidarias que ha logrado salir del barrio obrero y marginal en el que nació. Nuria es una mujer que no ha logrado superar la precariedad y continúa con los mismos problemas sociales que cuando era una niña. Ambos comparten una infancia en un barrio obrero, pero el destino los ha llevado por sendas muy distintas.

“Los guapos” comienza con el reencuentro de estos dos personajes tras muchos años sin verse ni tener contacto. Nuria ha recurrido a Pablo porque quiere demandar a la empresa que fabricó el bastón-silla que provocó la muerte de su madre. Un bar de barrio será el punto de encuentro en el que ambos protagonistas volverán a conocerse y en el que descubrirán que algunas heridas del pasado nunca llegan a cerrarse. La máxima de que cualquier tiempo pasado fue mejor se pone en tela de juicio.

El cineasta y escritor David Trueba debuta en el teatro con esta íntima obra que se desarrolla en un solo espacio y cuyo peso narrativo cae enteramente sobre Anna Alarcón y Vito Sanz, dos actores con los que ya trabajó en la película "A este lado del mundo" (2020). Se trata de un debut por todo lo alto, ya que la obra se ha estrenado bajo el amparo del Centro Dramático Nacional y del maravilloso Teatro María Guerrero. Lógico pues que esta obra, que estará en cartel hasta el 9 de junio, haya generado un sinfín de titulares y expectativas, ya que se trata de un autor sin ninguna experiencia en teatro que ha logrado programar en uno de los teatros más exigentes de la capital. La pregunta es clara: ¿”Los guapos” está a la altura?

Resulta complicado dar una respuesta clara, ya que lo cierto es que “Los guapos” comienza muy bien y logra que conectemos plenamente con esta historia de amores de infancia y sueños frustrados. Una narrativa que en los primeros minutos nos deja una sensación de personajes frágiles que en otras circunstancias pudieron vivir una vida feliz juntos, pero que por los distintos avatares del destino sus vidas han tomado rumbos muy distintos. Un argumento muy cinematográfico sobre el que David Trueba se siente muy cómodo y que le sirve además como excusa narrativa para hablar de la pobreza, la lucha de clases y especialmente sobre la soledad. Todo ello bajo el prisma de un destartalado bar sin ubicar, y del que solo sabremos que se encuentra en una zona marginal y sin oportunidades.

Desde los primeros minutos queda claro que “Los guapos” será una obra profundamente emocional, pero también profundamente tópica y llena de lugares comunes: el sida y la heroína, la pobreza, la falta de oportunidades… Trueba no oculta en ningún momento el esqueleto de un armazón narrativo que bebe de cientos de películas sobre infancias rotas y en el que pueden encontrarse desde ecos del cine quinqui hasta elementos que el propio director ha usado en cintas como "Madrid, 1987" o "Vivir es fácil". Sí, estoy hablando de ese gusto por la nostalgia tan presente en Trueba y que podríamos decir que es el pilar de su obra.

Si “Los guapos” funciona es precisamente porque nos presenta una historia que se mueve entre elementos muy reconocibles y en los que el espectador se siente pronto situado

No obstante, si “Los guapos” funciona es precisamente porque nos presenta una historia que se mueve entre elementos muy reconocibles y en los que el espectador se siente pronto situado. Es evidente que Nuria y Pablo son dos personajes muy estereotipados, pero gracias a eso podemos acercarnos a ellos y sentir casi como propios algunos de los temas que se proponen, especialmente en los relativos a lo frustrante que puede llegar a ser la vida. Sin entrar en destripes, no acaba de molestar el desenlace de la obra, ya que en ningún momento Trueba ha buscado construir un relato rompedor a nivel narrativo.

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Aunque Vito Sanz y Anna Alarcón defienden muy bien sus textos y logran transmitir a la perfección la esencia de sus personajes, es indudable que se les hace grande el Teatro María Guerrero. El espacio escénico en el que apenas hay un par de sillas y una máquina pinball se acaba convirtiendo casi en una cárcel en la que no saben muy bien cómo moverse y la dramaturgia en ocasiones se muestra pesada. En este sentido es indudable que la obra habría funcionado mejor en una sala más pequeña, como por ejemplo la que tiene este mismo teatro en su planta baja, ya que ayudaría a lograr tener una mayor intimidad con sus actores y sus sentimientos. Esto se hace especialmente evidente en los diversos apartes que se hacen durante la obra y en los que sus protagonistas evocan recuerdos.

A pesar de todo lo dicho, el que suscribe ha seguido con total interés la historia e incluso en algunos momentos ha llegado a emocionarse en esa reconstrucción que se hace sobre los recuerdos pasados y los amores frustrados. Por eso no importa que el final no esté a la altura o que ciertos momentos se sientan algo oxidados a nivel narrativo, ya que realmente David Trueba nos está abriendo su corazón.

'Los guapos': un encuentro entre pasados entrelazados