martes. 16.07.2024

Adrián Guerrero del Carmen | 

Seiya es un hábil luchador de artes marciales que pelea por dinero. Entre tanto, busca a su hermana, a la que separaron de su lado cuando aún era pequeño. Un día, por accidente, en medio de un combate, manifiesta una fuerza interior, el cosmos, que le dota de gran fuerza y poder. Seiya se verá obligado a aceptar las reglas de un mundo mágico, vencer a sus demonios internos y asumir el papel de Caballero del Zodíaco, para poder defender el mundo de malignos poderes cósmicos. 

La película de primeras aturulla. Una voz en off te introduce en el universo fantástico de la película acompañada de imágenes de una lucha entre dioses. Este opening no sirve ni para contextualizar la trama, es demasiado acelerado, ni para deleitarte con sus efectos especiales. Pero a partir de ahí la cosa va a peor, porque el film no es más que un carrusel de escenas de acción y lucha. No la bella y armoniosa lucha del género Wusia, de la que Shang-Chi sacó partido, sino un dinamismo que aburre porque no transmite emoción, y tampoco espectacularidad. 

Es una fanfarria de ruidos, explosiones y colores. Una mercadotecnia que nada siembra, incapaz de extraer lo bueno de la obra original

Los efectos visuales es pirotecnia vacía que sobrecarga el encuadre como si de horror vacui se tratara. Decoran, pintan, completan el frame con un virtuosismo raquítico del que, sorpresivamente, la película hace gala. Llegas a pensar si el formato de la animación, como la estupenda serie de los 80, no hubiera sido más adecuado. En cualquier caso, tienes esto, un ejemplo de cómo la imagen real es más plástica que nunca. Y ello da lugar a propuestas excesivas, hiperbólicas, de puro solipsismo técnico. 

La historia ofrece posibilidades, resquicios por los que la película se puede deslizar en busca de oxígeno. Pero este film no respira. Es una espídica sucesión de acciones sin ningún enclave emocional. Nada hace transcender la acción en busca de un valor esencial que convierta la narración en experiencia humana. Divagas por las casi dos horas de película pensando que esta va a ser una franquicia fallida, y compadeciéndote de Sean Bean, que estaba mejor en La Tierra Media, o en Invernalia. 

Los Caballeros del Zodíaco es una fanfarria de ruidos, explosiones y colores. Una mercadotecnia que nada siembra, incapaz de extraer lo bueno de la obra original.

Los Caballeros del Zodíaco