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viernes. 30.09.2022
mar

Sobre la novela ‘Golpes de mar’ de Mercedes de Diego
(Huso editorial, 2021)

Por María Luisa Balaguer | Mercedes de Diego buscó el mar y desde allí escribe sobre la furia, los estragos de una tormenta, el viento de levante que en Almería nos mete dentro de las casas hasta que amaina.

Cuando Iris Zavala hablaba del mar, evocaba a Pedro Salinas, un día que en el colegio castigaron a Iris se asomó desde su encierro a la ventana y oyó pasar el entierro del poeta, adonde había escrito “El contemplado”, ese contemplado mar de Puerto Rico donde Salinas se refugió y vivió durante los años 1943 a 1946, y en donde escribiría una obra importante durante su tiempo de permanencia, después de haber pasado por una etapa de sufrimiento en el intento de olvidar su aventura amorosa con Catherine Whitmore.

Jean Cross Newman en “Pedro Salinas y sus circunstancias” cuenta que el poeta la conoció cuando la joven vino a España en 1932 para estudiar el idioma. Y ese amor, “algo de una contemplación profunda y vagamente triste, era de la misma clase que esa que se tiene a la orilla del mar, cuando lo miramos mucho, como a algo prodigioso que nos posee, pero que nunca poseeremos”.  Y “El otoño aquí se nota, escribirá a su amigo Jorge Guillén, por unas mareas altas, que llaman las mareas de los muertos; el mar ha llegado a un grado tal de hermosura que yo me paso la mañana mirándolo... Hay a poca distancia de la playa muchos arrecifes esparcidos. De modo que en cuanto se mueve un poco de viento rompen las olas y se puebla todo el mar de espumas, que corren, saltan y dan la sensación del circo natural y de alegría marina pasmosa”.

De mirarte tanto y tanto,
Del horizonte a la arena,
Despacio… (El contemplado mar de Puerto Rico).

En el Mediterráneo, además, el mar y la luna se confabulan, y algunas noches de agosto en Cabo de Gata parecería mediodía. Y puede que Mercedes, aunque no lo dice, haya escrito “Golpes de Mar” en el Faro, sentada en el balate de cemento blanqueado desde donde el oleaje del cabo expande su fuerza con el viento.

De estudiantes en los veranos íbamos desde Almería a ver amanecer en el Faro, sin ser seguramente conscientes de aquella belleza, o puede que, por eso, pero, en cualquier caso, se justifica el deseo de la autora de perderse allí, sin dar razones, porque es en su novela donde se la conoce como una autora de conciencia crítica de lo que escribe.

Un hombre llega a un pueblo, aturdido e impreciso en su narración, pero depositario de una tragedia que solo aparentemente desvela. Y en la vida de ese pueblo se suceden pequeñas tragedias de pareja, de precariedad de la vida y la exigencia de sobrevivir, de apariencia obligada de felicidad. Son menores, pero están todas ellas sujetas en un hilo al del abismo que de manera intermitente se va dejando ver. Mujeres cuyo peligro está en quienes deben protegerlas, identidades sujetas al escrutinio de las poblaciones pequeñas que aún atisban desde el visillo, y a la perplejidad de los giros situacionales con que cada día, María, la protagonista, se encuentra en las vidas con las que se cruza, pero mucho más en la suya propia.


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Leer Golpes de Mar es adentrarse la posmodernidad que hoy apenas nos sostiene vivos. Un mundo globalizado en donde todo refiere la agitación del oleaje, no la serenidad de la orilla repetida en cada acto nuevo del rompeolas, y en el que la autora mueve a sus personajes con un lenguaje rico en matices y con la trama de un final no por adivinado menos sorprendente.

Aunque pudiera parecer que es materia de ensayo, en la novela se muestra con especial creatividad el análisis crítico de una realidad como la que vivimos en la contemporaneidad de este tiempo, y este libro permite a Mercedes denunciar desde la ficción muchos de esas situaciones de hoy: la violencia de género, la precariedad laboral, la reivindicación de la orientación sexual, y la soledad de personas enfermas y ancianas que son objeto de maltrato y de depredadores que se les acercan para el expolio.

Es muy importante este libro y no solamente por la historia que cuenta sino por hacer a través de ella una apuesta por la novela crítica, que lejos de la complacencia, identifica los goles del oleaje del levante marítimo con los de la persona a la que amas.

Buscando el mar