jueves. 25.07.2024

Como estaba previsto, la investidura de Feijóo acabó escurriéndose por el desagüe del Congreso. Tras una nueva ronda de consultas, el jefe de Estado acaba de proponer a Sánchez como nuevo candidato a la investidura. La designación real coloca al presidente del Gobierno en funciones en el foco de una compleja negociación encaminada a lograr la confianza de la mayoría del Congreso y no atizar la desconfianza y el desinterés de la ciudadanía por los asuntos políticos. 

Para lograrlo, Sánchez deberá demostrar suficiente competencia en el arte de tirar de la cuerda de la negociación, que es también el arte de aflojar la presión, ceder terreno para impedir que la cuerda se rompa y conseguir que no se debiliten las posiciones de las fuerzas progresistas ni se fortalezcan las de sus rivales políticos. 

No toda la negociación se condensa en la amnistía (o el concepto y el vehículo jurídicamente intachables que permitan lograr similares resultados), hay más intereses y actores en acción que intentarán dejar su huella en el acuerdo final y reivindican su legítimo papel y protagonismo en las negociaciones. Pero todo el mundo señala a la amnistía como la clave de bóveda de un acuerdo político que va a estar sometido a una presión extrema liderada por Feijóo y su escudero Abascal. Los líderes derechistas son conscientes de que la consecución de un acuerdo de amnistía confirmaría su condición de perdedores y cuestionaría en sus respectivos partidos y electorados su común estrategia de confrontación total con fuerzas progresistas y partidos independentistas. 

Sánchez deberá demostrar suficiente competencia en el arte de tirar de la cuerda de la negociación, que es también el arte de aflojar la presión

Detrás, delante o al lado de Feijóo hay también socialistas ubicuos y gruñones que fueron líderes del PSOE, pero hoy no dudan en disparar argumentos contra Sánchez y este nuevo PSOE que mantiene su apuesta por renovar un Gobierno de coalición del conjunto de las fuerzas progresistas y de izquierdas. También hay que tenerlos en cuenta para que la negociación arroje luz sobre sus obsesiones y motivaciones. Los enemigos de la ley de amnistía van a hacer todo lo que esté en sus manos para hacerla descarrilar, porque su única opción a corto plazo pasa por la repetición de las elecciones generales y, conseguida ésta, escalar las descalificaciones contra el “régimen sanchista”. 

Acordar una amnistía es posible, tan posible como su fracaso y la victoria de la alianza derechista encabezada por Feijóo y Abascal en unas nuevas elecciones generales. La calidad de la argumentación a favor de continuar las tareas de distensión y pacificación del conflicto catalán, explicando cómo encaja la pieza de la amnistía en ese proceso a favor de la convivencia y la democracia va a decidir su impacto en la conciencia social. 

Márgenes, restricciones y posibilidades de la negociación

Sánchez está obligado a moverse en unos márgenes negociadores estrechos. Por un lado, la amnistía a los muchos encausados por su participación en los preparativos y el desarrollo del referéndum por la independencia de Cataluña celebrado el 1 de octubre de 2017, fuese como dirigentes, organizadores o participantes, no puede ser ni aparecer ante la opinión pública, ni en Cataluña ni en el conjunto del Estado español, como una victoria del independentismo catalán unilateralista. Por otro lado, la amnistía no puede ser entendida por la ciudadanía como una concesión al independentismo para lograr su voto a favor de la investidura de Sánchez. 

La calidad de la argumentación a favor de continuar las tareas de distensión y pacificación del conflicto catalán, va a decidir su impacto en la conciencia social

Son márgenes que no impiden el acuerdo, pero no son ni muy anchos ni muy flexibles. Por eso es tan importante que se comprendan bien los límites que no puede saltarse el difícil acuerdo. La investidura de Sánchez no puede lograrse a cualquier precio, ni tampoco debería intentar impedirse, como pretende la derecha, a costa de lo que sea. Los valores de la democracia, la cohesión social o la convivencia y su fundamento, el respeto a los derechos y libertades del conjunto de la ciudadanía, están por encima del éxito o el fracaso de la investidura. 

Por mucho que lo hayan repetido ERC o el presidente Sánchez, el acuerdo no está hecho. Puede que decirlo forme parte de la ceremonia negociadora, pero no conviene ir demasiado lejos en ese relato, porque puede no alcanzarse y en el proceso negociador también se están jugando la solidez y la coherencia de los argumentos de la próxima campaña electoral, si Junts en solitario o Junts y ERC en comandita ponen condiciones inasumibles por el PSOE. Es verdad que la derecha apocalíptica del “quieren romper España” atacará cualquier acuerdo de amnistía, como ya lo está haciendo sin que se conozca el alcance, la justificación política, la argumentación jurídica, el formato o el nombre de esa ley, pero es obligado no concederle flancos de ataque innecesarios. Siempre les quedará a este PP y a Vox la vileza argumental y la desfachatez intelectual de las que hacen gala. 

Una parte significativa de la ciudadanía está harta de crispación y discusiones políticas que impiden el funcionamiento de las instituciones y una acción política capaz de afrontar los problemas existentes y ofrecer soluciones o, al menos, promover dinámicas que favorezcan su resolución. 

La amnistía no valdría de nada si se identificara como la victoria de una de las partes en pugna; su objetivo es consolidar el Estado de derecho y la convivencia y abrir una nueva etapa política en la que no se demonice la discrepancia política ni se judicialice la pugna política. La amnistía es el paso necesario para crear un nuevo clima político y social en el que el diálogo y la negociación sustituyan a la represión y se renuncia a la judicialización del conflicto político (lo que no puede implicar en ningún caso que los actos ilegales dejen de estar sometidos a la investigación policial y la acción judicial) y se asienta la idea de que una nueva declaración unilateral de independencia no es posible ni democrática ni útil para conseguir objetivos políticos. Hay soluciones políticas, que hay que explorar y acordar, más integradoras, más democráticas y más favorables a tomar en consideración y proteger los derechos del conjunto de la ciudadanía catalana. Y por ello, más capaces que cualquier declaración unilateral de independencia de conseguir un amplio apoyo de una consistente mayoría social y electoral y de sus instituciones democráticas representativas en Cataluña y en el conjunto del Estado español. 

Lo importante es impulsar dinámicas políticas que amplíen el horizonte de lo posible. Ése es el papel que puede jugar un acuerdo sobre la amnistía

Superar el fatigado Estado de las autonomías no es una tarea fácil, requerirá un ambiente político sosegado, amplias mayorías parlamentarias cuya articulación sigue estando fuera de los parámetros en los que se mueve hoy la política española y, probablemente, que la Unión Europea, con cuyas instituciones compartimos competencias, soberanía y riesgos, empezara también a dar pasos en un sentido federalista que nada indica que puedan darse en el corto plazo. 

No va a ser fácil encontrar una solución o de una vez y para siempre al problema territorial de España. Sencillamente, hay problemas que no tienen solución en un plazo previsible. En tales casos, lo importante es impulsar dinámicas políticas que amplíen el horizonte de lo posible. Ése es el papel que puede jugar un acuerdo sobre la amnistía, el de ir abriendo un nuevo horizonte político transitable y, en el mientras tanto, consolidar la convivencia, proteger la democracia frente a sus enemigos y facilitar una estabilidad política imprescindible para alentar un progreso con cohesión económica, social y territorial que favorezca a la mayoría y no produzca mayores heridas que las que permita curar. 

Veremos qué pasa en las próximas semanas, pero si Sánchez logra la confianza de la mayoría del Congreso para su investidura inaugurará una nueva etapa de la política española más esperanzadora. A partir de ese éxito político, será necesario que el conjunto del nuevo Gobierno de coalición progresista que se forme entre PSOE y Sumar y sus apoyos parlamentarios demuestren en sus hechos una mayor preocupación por la gobernabilidad, comprendan los límites, restricciones y posibilidades que estableció el resultado electoral del 23J y consigan plasmar su programa y afanes en acción política. 

A pesar del fuerte respaldo electoral e institucional al relato y las posiciones de las derechas, existe una mayoría social, política y parlamentaria a favor de la investidura de Sánchez. Cuanto antes se dé un carpetazo democrático a esta fase de bloqueo político, crispación y verdades alternativas que fomenta la estrategia política de Feijóo, antes podrá estar la política en condiciones de afrontar los muchos problemas que aguardan soluciones y seguir avanzando sin que nadie quede atrás o en los márgenes.

La investidura de Sánchez y el arte de tirar de la cuerda