jueves. 25.07.2024

Lo que están haciendo los dos partidos de derechas de ámbito nacional tiene una explicación –no una justificación– y es la de que, si se forma un nuevo gobierno de coalición progresista en la Nación, ocurrirá que será una década en la que el PP no pise la Moncloa, y si a eso le añadimos las dos legislaturas de Zapatero y las casi cuatro de Felipe González, son muchos años que en democracia la derecha de ámbito nacional no trinca BOE. Pensemos que la militancia de la derecha –a diferencia de la de la izquierda– carece de objetivo si no es para detentar cargos del nivel que sea, sea en municipios, comunidades, estatal o en diputaciones, cabildos, etc. Vamos, que los señoritos que se apunta al PP no lo hacen para pegar carteles en los aledaños de las elecciones. El segundo motivo de desesperación es la de que la élite del PP se va haciendo vieja y no se conforma con tocar poder en municipios y Comunidades, sino que quiere trincar el BOE como sea. El caso más notable es el del propio Sr. Feijóo que, cuando acabe la legislatura aún non nata, tendrá 66 años. Si a eso le añadimos el fracaso de ser el presidente del partido más votado y no poder gobernar es fácil colegir que tiene los días contados como presi del PP. Hay una tercera razón y es la de que, para una parte del PP, la legislatura y media de Rajoy no ha sido satisfecha por dos motivos: no pudo acabar con los avances en derechos civiles como es la derogación de la actual ley del aborto, la del matrimonio homosexual, la de los derechos de lgtbi, etc. En realidad sólo pudo “avanzar” en la legislación laboral con su reforma del 2012, quitando el colchón de los convenios a los asalariados –a pesar de lo cual muchos asalariados le volvieron a votar–, pero ahora el gobierno de coalición ha repuesto legislativamente el colchón además de la ayuda previa de resoluciones judiciales.

El PP y ciertos poderes fácticos lograron acabar con Ciudadanos para ayudar al partido a llegar a la mayoría suficiente para gobernar, pero no han llegado al menos por ahora

Podríamos decir que hay una cuarta desesperación en el PP que es la irrupción de Vox porque le quita votos en las elecciones de tal manera que le impide llegar a la mayoría absoluta, que es la única manera que el antinacionalismo miope de la derecha de ámbito estatal tiene de ganar votos fuera del País Vasco y de Cataluña. Y ese antinacionalismo ha estado ahí, pero que un falangista tardío o independiente como Aznar –el mismo se definió así en el diario de La Rioja– supo ganarse los votos de CyU y los del PNV “hablando catalán en la intimidad”, llamando a ETA “movimiento nacional de liberación”, siendo el presidente de gobierno que más indultó a etarras presos y más acercó presos vascos a su terruño. Pero ahora el PP ha perdido esos apoyos y ocurre que hay más o menos una veintena de votos nacionalistas de derecha que no puede contar con ellos sino todo lo contrario, cosa que consiguió como hemos dicho un tipo tan miserable como el Sr. Aznar. Y eso está siendo decisivo y lo seguirá estando mientras exista Vox al menos. El PP y ciertos poderes fácticos lograron acabar con Ciudadanos para ayudar al partido a llegar a la mayoría suficiente para gobernar, pero no han llegado al menos por ahora. Hay que decir que el propio comportamiento de Ciudadanos ayudó a su desaparición por la cohabitación con el PP y con Vox en la práctica sin contrapartidas liberales más allá de las económicas.

Ahora hay dos derechas de ámbito nacional con pretendidos caminos diferentes. La del PP que pretende transitar por la democracia a pesar de las apariencias –las cosas que dice Arnar y Ayuso–, a diferencia de las derechas de antaño que, mediante golpes de estado o pronunciamientos, cambiaban los gobiernos que no les gustaban por ser liberales y/o progresistas; la otra derecha actual de este ámbito –que es Vox– sí es claramente golpista y lo han apostado todo a que los militares acaben con la democracia como en 1936. Pero es que el mundo y España han cambiado tanto que no parece que eso sea factible, por lo que Vox durará hasta que comprueben que eso no va a ocurrir y se integren donde han nacido, es decir, en el PP. A pesar de todo el Gobierno y la izquierda en general no pueden descuidarse porque, incluso dentro de las fuerzas armadas, hay algún colectivo que está dispuesta a “derramar hasta la última gota de la sangre” –¿propia o también ajena?– para defender supuestamente la patria y supuestamente la Constitución, pero que sabemos que esto último lo dicen todos los que están dispuestos a acabar con la democracia hasta el minuto anterior a su felonía. A falta de un partido liberal en España –tras el fracaso de Ciudadanos en parte por sus propios deméritos– el PP vivirá con la contradicción de su origen franquista y la necesidad de respetar la democracia por más que le pese.

La legislatura va a ser estable y se cumplirá en su totalidad; el PSOE y Sumar intentarán sacar todas las leyes progresistas que puedan

Desde diferentes ámbitos ideológicos se aventura que la nueva legislatura del próximo gobierno de coalición va a ser muy dificultosa e, incluso, inestable. Eso sí, unos lo dicen con preocupación para que no ocurra y otros con el deseo soterrado de que no se tarde más de 4 años en nuevas elecciones. Yo apuesto a que eso no va ocurrir y que la legislatura va a ser estable y se cumplirá en su totalidad, porque el PSOE de la mano de Pedro Sánchez y Sumar de la de Yolanda Díaz intentarán sacar todas las leyes progresistas que puedan y, las que no puedan, no las sacarán pero dejando claro quién será el responsable –por ejemplo, los nacionalistas de derechas– de que eso no ocurra. El único problema que veo es que el partido de Podemos, como partido pequeño-burgués radical, no acepte el liderazgo de Yolanda Díaz en la coalición de Sumar y culpe a esta coalición de las leyes progresistas que no puedan salir del Congreso. El problema no tendrá lugar si se cumplen dos hechos: que el PSOE y Sumar intenten leyes lo más progresistas posibles en temas sociales y civiles y que, si no pueden salir adelante por culpa de las derechas nacionalistas, quede claro el relato de la culpabilidad. Con ello se irá preparando además el camino de próximas legislaturas para que el concurso de la derecha y la izquierda catalana –que por ello se comportó como derecha– responsables del procés no sea necesario, al menos para próximas investiduras.

También será necesario cambiar radicalmente el tema de la fiscalidad y gasto en todos sus ámbitos porque problemas como el dumping fiscal de las Comunidades, el cupo vasco, etc., no pueden seguir como están. Y el camino no parece la marcha atrás sino la generalización, hasta convertir España en un estado federal consecuente, tanto desde el punto de vista fiscal como del gasto consiguiente, pero esto da para otro artículo.

La desesperación de la derecha y de sus votantes