domingo. 14.07.2024

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Dice el presidente del Consejo General del Poder Judicial inconstitucional sobre el caso de la imputación de la mujer del presidente del Gobierno, que hay que respetar la decisión del juez y que si no hay motivos para dicha decisión se archivará. Pero esas declaraciones son una torcida simplificación del caso y, como decía Ortega, simplificar las cosas es no haberse enterado bien de ellas, en este caso, que la opinión pública no conozca bien el dolo que encierran. Cuando un juez, contraviniendo la doctrina del Tribunal Supremo, afbre diligencias contra alguien basándose en informaciones falsas de prensa, ya ha condenado a la persona investigada se archive o no el caso, como tantos precedentes lamentables de perjudicados por el lawfarePedro Sánchez, Irene Montero, Mónica Oltra, Pablo Iglesias, Ada Colau, entre otros.

La beligerancia crispante e inmoderada del PP y VOX abren un camino inextricable en la vida pública y la sociedad española de consecuencias imprevisibles

Cuando se archiva el caso el mal está hecho, la estrategia espuria de la derecha ha conseguido sus fines y la democracia se ha degradado en un escenario cada vez más oscuro para la libertad y la justicia. La libertad, nos dice Jean-Paul Sartre, es la posibilidad de alejarse de una situación para asumir un punto de vista sobre ella. Lo que Sánchez ha procurado ha sido intentar que la opinión pública y las mayorías sociales ganen esa libertad que les procura una perspectiva que trasciende al atrezzo fatalista de una derecha que busca una sociedad descohesionada para convertir en escoria conceptual la soberanía cívica. Como nos advierten Serge Latouche y Didier Hapagès el fatalismo es el verdadero enemigo del pueblo ya que sin la hipótesis de que otro mundo es posible, sencillamente no hay política, sino sólo la gestión administrativa y tecnocrática de los individuos y las cosas.  

El punto y aparte del presidente del Gobierno consiste en desvertebrar ese fatalismo de una derecha guerracivilista sin escrúpulos emboscada en la mentira, una prensa sectaria y poco profesional que amparándose en una falsa libertad de expresión lo que verdaderamente ejerce es la libertad de difamación y unos jueces con las puñetas excesivamente maculadas por la parcialidad política. Por todo ello,f se hace necesaria y urgente una regeneración democrática que debería pasar por una profunda reforma del Estado que se refunde de acuerdo con la realidad del país, es decir, que represente la España plural y multicultural, que sea expresión de la soberanía popular y no de minorías y élites influyentes, en definitiva un Estado de todos y no de unos pocos. Ello tendría que coadyuvar definitivamente a contravenir el marco político de la impostura ejercido por la derecha, ya que una solución política autoritaria como a la que aspira el conservadurismo carpetovetónico requiere con anterioridad un caos necesario aunque sea inexistente, crear una ficción de país que suponga una distopía para esa España real que la derecha niega. La beligerancia crispante e inmoderada del PP y VOX abren un camino inextricable en la vida pública y la sociedad española de consecuencias imprevisibles. El enfrentamiento sin reservas contra la pluralidad democrática del país, la negación violenta del adversario político, la posición ideológica propia como única posible son elementos seminales de escenarios donde la democracia es impracticable.

¿Es posible una democracia plena más allá del agipro postfranquista y el largo aliento de los tentáculos fácticos del poder real que no necesita ser escrutado para influir e imponer sus intereses?

En este contexto, ¿es posible una democracia plena más allá del agipro postfranquista y el largo aliento de los tentáculos fácticos del poder real que no necesita ser escrutado para influir e imponer sus intereses? Es muy forzado tener una respuesta afirmativa a esta pregunta. Por ello, el espacio de lo posible queda muy limitado y, como consecuencia, la rigidez del sistema se hace marcadamente estructural. Porque la verdadera política no es el arte de lo posible sino al contrario, el arte de lo imposible, ya que consiste en cambiar los parámetros de lo que se considera “posible” en la constelación existente.

El punto y aparte de Pedro Sánchez