martes. 18.06.2024
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Javier Milei es un liberal, turbo liberal, para ser más exactos, que una vez convertido en presidente de su país, quiere extender su doctrina de repulsa a la intervención del estado por todo el mundo. Tiene previstas visitas a Afganistán y a Corea del Norte para cantarles las cuarenta a sus líderes pero, de momento, ha empezado por España. Aquí tiene no solo una clientela cautiva, los empresarios españoles con intereses en Argentina, sino un alter ego en la persona de Santiago Abascal. Y aquí que se ha venido para insultar al jefe de gobierno español. Menos mal que no se ha traído la motosierra como Leatherface (el de La matanza de Texas).

Insultar a un dirigente del país que visitas es algo que no es frecuente en la diplomacia, como eructar o escupir en el suelo en un acto público, pero Milei, y los Milei, empiezan a ser frecuentes. Y, es que, Pedro Sánchez los provoca. Como las mujeres con minifalda que algunos jueces consideran lógico que sean violadas, Sánchez no hace más que despertar los más bajos instintos de muchas personas. El problema es cuando esos bajos instintos son realmente bajos y, además, representas a un país que, encima, es hermano.

En España, Milei se ha encontrado con congéneres suyos. Con Abascal, por supuesto, pero también, al parecer, con Alberto Núñez Feijóo y varios de sus portavoces que han corrido raudos en defensa comprensiva de las ordinarieces que ha pronunciado el más alto dirigente argentino.

Feijóo ha debido de sentir celos de que Milei, la estrella rutilante del esperpentismo, movimiento que ha sustituido al peronismo en Argentina, destacara a Abascal como su referencia española y se ha subido al carro en marcha.

Todavía hay nostálgicos de cuando la política exterior era un asunto de estado que solía estar consensuado entre los llamados partidos de gobierno. La cosa ya se empezó a torcer cuando VOX, por obra y gracia, sobre todo por obra, del Partido Popular, se convirtió en partido de gobierno en ayuntamientos y comunidades y ha estado a punto (todavía puede estarlo) de serlo en España. Pero ahora el PP, de Feijóo, no el de Pablo Casado, que se declaró muy contrario a ello, parece estar compitiendo con VOX en el uso de exabruptos. Y, la visita de Milei, con oposición a Sánchez incluida, ha sido una ocasión pintiparada para lucirse en esa suerte.

Con Milei, Abascal y Feijóo ya se puede hablar de una internacional antisanchista

Podrían haber dicho algo así como: de acuerdo, Pedro Sánchez es un mal bicho, pero es nuestro mal bicho. Eso hubiera supuesto una declaración de nacionalismo propia de un partido que se envuelve en la bandera española y da lecciones de patriotismo avanzado. Pero, no, el PP, antes que nacionalista español, es internacionalista antisanchista. Y, claro, no puede perder baza en la actividad de darle de palos a Pedro Sánchez hasta que hable mandarín. Porque, inglés, ya lo habla.

Con lo que han hecho Milei, Abascal y Feijóo, ya se puede, efectivamente, como hago un poco antes, hablar de una internacional antisanchista. Hasta ahora, se podían considerar miembros fundadores de la misma, Alberto Núñez Feijóo y Manfred Weber, el presidente del partido Popular Europeo que, ya se sabe, ha descalificado a Pedro Sánchez “para cualquier cargo europeo internacional en el futuro”. Ahora, el antisanchismo ha cruzado el charco en un viaje de ida y vuelta con Milei y Abascal de cabezas de cartel y Feijóo de subalterno.

Por consiguiente, ya tenemos otra internacional en marcha. Pronto tendrán bandera e himno, porque eslogan ya lo tienen: les gusta la fruta.

La internacional antisanchista