martes 1/12/20

El ruido de estos días es la ofensiva conservadora de mañana

Presentar al gobierno ante la opinión pública como incompetente, incapaz de arbitrar respuestas y responder a las necesidades de la población, es una estrategia mezquina.

De repente, la normalidad o la sociedad sólida se hizo líquida. Un virus global ha trastocado nuestras vidas como nunca antes ningún fenómeno natural lo había logrado. La lucha política es tan feroz y dañina como lo está siendo la pandemia. La estrategia de las derechas, en especial la del Partido Popular, consistió en poner al gobierno de coalición contra las cuerdas, exigiéndole unos recursos de los que sabía de sobra que no disponía.

Por inesperado y virulento, la COVID-19 ha cogido desprevenido al gobierno y a todos los gobiernos del mundo; el PP gobierna Comunidades Autónomas con una población superior a los 21 millones de habitantes y tampoco vio venir la tormenta. Se persigue presentar al gobierno ante la opinión pública como incompetente, incapaz de arbitrar respuestas y responder a las necesidades de la población. Es una estrategia mezquina, como lo es erigirse en notarios funerarios, presentando el número de fallecidos como consecuencia de una gestión incompetente.

Sembrar dudas acerca de la voluntad del gobierno para atajar la crisis de salud es irresponsable y de una maldad infinita

Sembrar dudas acerca de la voluntad del gobierno para atajar la crisis de salud es irresponsable y de una maldad infinita, persigue crear un ambiente irrespirable, enfrentar a una parte de la población civil contra la otra. No obstante, se trata de la primera fase de una estrategia diseñada para el día después.

La parálisis productiva es similar a una Huelga General indefinida triunfante, los efectos económicos serán de unas dimensiones colosales, particularmente en un país cuya mayor aportación al PIB proviene del turismo, que supone un 14% del PIB y cerca de 3 millones de empleos. A un mercado laboral marcado por la precariedad y la temporalidad, se suma una pobreza aproximada a los 8 millones de personas, a los que se unirán cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, puede que millones, procedentes de la crisis de salud. Y el Banco de España calcula una caída del PIB de entre un 6,6% y un 8,7%, pudiendo llegar a un 13%, dependiendo de la duración del confinamiento.

En resumen, nos esperan grandes cambios no solo en lo económico sino en social, en el consumo, hábitos, usos y costumbres. Las predicciones no descartan un repunte del virus dentro del año o la aparición de nuevos virus de origen desconocido. Un antes y un después que seguro afectará al modelo económico capitalista en su estadio neoliberal. El alcance de los cambios es una incógnita, con la particularidad de no disponer de vacunas que puedan ayudar a prever sus consecuencias. Lo sabe el PP y, desde luego lo conocen las grandes empresas y capitales; posicionarse en un lugar favorable en la salida de la pandemia es lo que está en juego.

En la estrategia del “cuanto peor, mejor”, el PP anda envuelto en una nube de discontinuidades, se muestra a favor de Alemania y Holanda en la negativa a mutualizar la deuda, mientras exige al gobierno ayudas a diestro y siniestro, un pozo sin fondo sin aclarar de dónde saldrá la financiación. De no ser porque conocemos sus intenciones, se diría que andan perdidos; no lo están y saben qué intereses defender.

El gobierno no solo se juega su credibilidad, si la prioridad son las personas está obligado a conseguir recursos económicos suficientes y gestionarlos con eficacia; una tarea compleja que requiere un inmenso trabajo de elaboración, gestión y persuasión. Sucedió en la Gran Recesión, si me permiten la expresión ganaron el relato, el “no hay alternativa” se impuso frente a las propuestas de índole social. El rescate no fue a las personas, sino a las entidades bancarias, la prioridad del entonces gobierno popular, siguiendo las pautas de la Comisión Europea. La desigualdad creció exponencialmente al tiempo que las élites vieron incrementado su poder económico y la meritocracia, el señuelo neoliberal, fracasó de manera estrepitosa, no basta con esforzarse y competir si no formas parte de los elegidos. Picketty, Krugman, Stigliz y otros economistas críticos contribuyeron a desmontar la leyenda. La alternativa lo era para la continuidad del modelo neoliberal.

El núcleo del debate ahora se concentra en las fuerzas políticas y sociales que van a dirigir el desajuste económico o, si lo prefieren, ganarán el relato. La disyuntiva se sitúa en si son las organizaciones políticas y sociales progresistas las que imponen su agenda o lo hacen las fuerzas neoliberales y conservadoras. Un pulso de estrategias que ahora adquiere falsas apariencias: un gobierno debilitado en la crisis de salud es un gobierno vulnerable en sus planteamientos económicos. No se equivoquen, el ruido de estos días es la ofensiva conservadora de mañana.

El ruido de estos días es la ofensiva conservadora de mañana
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