La respuesta, este 8 de marzo, ha sido de una movilización extraordinaria, pero de momento solo ha sido movilización, esperemos que se traduzca en papeletas de voto

La convocatoria de elecciones para el próximo 28 de abril ha generado diferentes actuaciones respecto al escenario político y en función de las diferentes expectativas y voluntades de los diversos grupos, algunos pensando siempre en un regate corto, otros con mayor perspectiva y realizando todos, unos ejercicios de futurible realidad fruto de extrapolaciones diversas. Toda actuación tiene consecuencias políticas, que nos van cambiando día a día el escenario.

El futuro no estaba escrito y la realidad podía ser cambiante, como así ha sido, las expectativas, aún no confirmadas, son, en estos momentos otras, algo diferentes que las que rodeaban el momento de la convocatoria. Hoy estamos ante un avance de las posiciones del conjunto de las izquierdas ( unas más que otras ),debido al temor a la oscuridad y la regresión, temor generado por las altisonantes manifestaciones y extemporáneas propuestas, que han sido capaces de movilizar, de momento, a diferentes sectores democráticos que abarcan un amplio espectro ideológico. Cabe decir que el sindicalismo de clase también ha jugado su papel protagonista en esta movilización a favor de las libertades aunque parte de su justa exigencia no haya sido cumplimentada por un timorato gobierno de Pedro Sánchez.

El vocerío antidemocrático, especialmente contra los derechos de las mujeres, ha hecho posible un 8 de marzo espectacular, masivo en su expresión movilizadora en las calles, otra cosa sería ver el alcance real de otros aspectos de las convocatorias de este día. Respecto a esta variada e importante movilización, los sindicatos de clase, con diferentes convocatorias de paros, han hecho posible una importante extensión de los valores de igualdad real en los centros de trabajo, cosa que también ha favorecido la visualización  de las reivindicaciones en las calles. En su conjunto, el 8 de marzo ha sido una muy importante respuesta democrática al vocerío casposo.

Debatir si el paro tenía que haber sido general de 24 horas o de 2 horas por turno, es debatir sobre un instrumento ( algunas personas y organizaciones banalizan el concepto de huelga de manera muy peligrosa, porque hay que entender que la huelga que se convoca es para toda la clase trabajadora y no distingue de género ) y no sobre lo que a mi entender es fundamental, que no es otra cosa que es hacer posible que los planteamientos de igualdad real, de lucha contra la brecha salarial…, sean completamente asumidos por el conjunto de la clase trabajadora que es plural y diversa. Las luchas y codazos, y acusaciones varias sobre las fórmulas utilizadas, solo sirven para reconfortar emocionalmente al izquierdismo que se vincula fuertemente con lo identitario pero que conecta muy poco con el mundo real del trabajo.

La respuesta, este 8 de marzo, ha sido de una movilización extraordinaria, pero de momento solo ha sido movilización, esperemos que se traduzca en papeletas de voto. En este aspecto, es importante tener presente el análisis que Juliana realizaba el día 9 de marzo en La Vanguardia, donde planteaba algunas dudas “hay algunos datos silenciosos a los que hay que prestar atención. La empresa Metroscopia efectuó el año pasado un sondeo sobre el apoyo de las mujeres españolas a la convocatoria de huelga del 8 de Marzo y este año ha vuelto a repetirlo. La comparativa entre un año u otro refleja una ligera disminución. Unos cinco puntos. De una adhesión del 82% del año pasado, habríamos pasado al 77%. No es una caída de apoyos importante, pero su desglose muestra cambios significativos en la fotografía social. Ojo a los datos silenciosos”. Esperemos que estos datos a los que se refiere Juliana, a quien hay que leer compartamos o no su posicionamiento, no tenga mayor trascendencia y en cambio la enorme movilización (la expresión en la calle si fue superior al pasado año) y si se traduzcan también en una movilización electoral del conjunto de la ciudadanía frente al vocifero retrógrado.

En paralelo, el otro foco generador de cambiante realidad es Catalunya. El mundo  del independentismo hiperventilado cada vez con una retórica más excluyente y menos democrática (algún vocero ha llegado a cuestionar la movilización del 8 de marzo en Barcelona por el idioma de algunas pancartas) intenta destruir todo lo socialmente transversal como recientemente hemos visto en las elecciones sindicales del personal funcionario de la Generalitat. Es enormemente peligroso dividir la clase trabajadora con posiciones identitarias, y es a esto a lo que están jugando con fuerza, pidiendo voto (contraviniendo acuerdos de la OIT) tanto por parte de una organización privada independentista, como con la ayuda del poder,  a una opción de formulación sindical que se vincula ideológicamente y políticamente a este sector anteponiendo la bandera y la identidad a un posicionamiento sindical. También hemos visto como la fórmula de “cuanto peor mejor” se impone en la configuración de listas electorales. Lo identitario, aunque terriblemente neoliberal, hiperventilado de Catalunya alimenta el discurso, también terriblemente neoliberal, de lo extremo ibérico-peninsular de discurso identitario roji-gualdo.

Este es el escenario, parte del escenario, en el que hoy nos encontramos, mañana es posible que cambie pues existen muchos elementos que inciden: el propio desarrollo del proceso a políticos independentistas; la incidencia de los decretos llamados por el PSOE como los más sociales pero timoratos y alejados del cumplimiento de los acuerdos con los sindicatos; y un aspecto muy importante, la incidencia del run-run de la nueva crisis a la que nos están llevando los que ostentan el poder y a los que las izquierdas les debemos disputar dicho poder.

En conclusión, hoy tenemos un escenario más optimista que hace alguna semana. El 28 de Abril aún está algo lejos como para aventurar nada, ni dar por confirmada una tendencia u otra aunque algunas cuestiones ya se van confirmando, solo cabe ver si los escenarios les son más o menos propicios. En cualquier caso, el sindicalismo de clase, especialmente CCOO, debe tomar nota de lo que sucede socialmente pues tiene afectación al mundo del trabajo, y debe, a mi entender, intensificar su posicionamiento público y en los centros de trabajo como parte de la izquierda social, en defensa de sus postulados socio-económicos  e incentivando la participación democrática en base a lo que defiende.