lunes 26/10/20

Tolerancia, ¿sí o no?

Por Sonia Carrasco | La expresión estado social y democrático de derecho surge por primera vez como referencia democrática de la organización política económica y social de una nación dentro del contexto de la Revolución Francesa de 1848 que culmina la instauración de la Segunda República fundamentada en valores en valores principios e instituciones colectivas como la fraternidad el bienestar común y la asociación que permiten la configuración de derechos económicos sociales y culturales a favor de los ciudadanos incluyendo por primera vez el derecho al trabajo como un derecho fundamental.

En España, cuando hablamos de Estado Democrático de Derecho hablamos de propugnar como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

El 25 de junio en la web del diario 20 minutos se publicó un artículo donde se hablaba de “La Paradoja de la Tolerancia” de Karl Popper o por qué no se debe tolerar a los intolerantes.

‘La paradoja de la tolerancia’ se basa en el hecho de que una sociedad ilimitadamente tolerante, verá reducida o destruida su capacidad de ser tolerante finalmente por los intolerantes. Evidentemente, entre otras cosas, se habla de prohibir la existencia de determinados partidos políticos, asociaciones, colectivos de carácter homófobo o racistas.

Echo la vista atrás y me voy al franquismo y a la represión política, donde se prohibieron los partidos políticos, sindicatos, asociaciones y periódicos no afines al Régimen, se anuló la libertad de expresión. Pero todo esto ocurrió bajo una Dictadura, no lo olvidemos.

En la actualidad, como comentaba antes, se propugna el pluralismo político, por más que nos duela, también se incluyen los partidos de ultraderecha. En una sociedad democrática, el gobierno de la mayoría debe ir acompañado de garantías a los derechos humanos individuales que, a su vez, protejan los derechos de las minorías y de los disidentes, ya sea étnicos o religiosos, o de los que han sido vencidos en el debate político.

Más adelante el diario 20 minutos se hacía eco de otra teoría, la de la Justicia. “Una sociedad justa debe tolerar al intolerante, ya que, en caso contrario, esa sociedad acabaría convirtiéndose en intolerante y por tanto en injusta.”

Y aquí nos encontramos con el dilema, España es un Estado Democrático de derecho, no una dictadura en la que se puedan ilegalizar formaciones políticas porque sí. Tanto la Constitución como la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (TC) dejan claro que España no es una democracia de las llamadas "militantes", al estilo alemán, que prohíbe los partidos contrarios a la democracia, por su experiencia con el nazismo. Solo se pueden prohibir comportamientos o actividades que, por medios violentos o antidemocráticos, vulneren la ley de leyes. Además, se requiere que los hechos sean graves, continuados y sistemáticos.

¿Con qué teoría nos quedamos? ¿La de la Tolerancia, o la de la Justicia?

Voltaire decía que la tolerancia no ha provocado nunca ninguna guerra, y que la intolerancia ha cubierto la tierra de matanza. Sin embargo, la tolerancia puede ser esa sensación molesta de que al final el otro pueda tener razón. Quizás sea la hora de modificar la Constitución Española y la Ley de Partidos en este sentido, ¿no creen?

En fin, aquí tienen para reflexionar este verano un buen rato.

Tolerancia, ¿sí o no?