lunes 26/10/20

Populismo neofascista

Por José Bujalance C. | Mientras permanezcamos laxos o incluso aquiescentes, estaremos apoyando el crecimiento del nuevo fascismo, un totalitarismo que ya conocemos, patriotero y reaccionario, afanado en socavar los derechos civiles y las libertades públicas. No podemos demostrar fragilidad cuando la democracia está en peligro y con ella la libertad personal.

Si analizamos el actual sistema político, social, y sobre todo económico, encontramos innumerables diferencias con el reconocible fascismo de Hitler, Mussolini o Franco,  a pesar del auge de movimientos populistas de extrema derecha que ya cogobiernan o condicionan la gobernanza enarbolando el catolicismo y el capitalismo exacerbado, con medidas populistas que agreden de manera constante y sistemática la débil socialdemocracia, generando odio con sus mensajes antifeministas, antiinmigración, antiecologistas, etc.

La incapacidad de los sistemas democráticos para acabar con la corrupción provoca que el discurso populista triunfe mientras intimida e intenta reprimir los movimientos sociales

Mantenernos en nuestra zona de confort es autoengañarnos, pues el sistema nos tiene idiotizados con notable efectividad y nos aleja de la realidad, de una verdad que no alcanzamos por no querer descubrirla en la mayoría de los casos y en contadas ocasiones por cobardes, por no enfrentarnos a un poder establecido coercitivo y que aún en democracia nos arrincona, oprimiéndonos y llevándonos a la miseria cuando no a la extinción masiva.

Debemos profundizar en las instituciones y los valores democráticos y proteger el interés general. La educación es vital para erradicar el peligro que la extrema derecha supone para la democracia, de ahí su presión e intimidación a los docentes y la enseñanza pública mientras defienden a ultranza la reaccionaria escuela privada. La incapacidad de los sistemas democráticos para acabar con la corrupción provoca que el discurso populista triunfe mientras intimida e intenta reprimir los movimientos sociales.

El neofascismo populista arremete contra el Estado de Bienestar, contra toda lógica redistributiva de las políticas sociales por el peso de los impuestos, generando una guerra cultural con ataques a los más indefensos a quienes señala por sus mamandurrias y chiringuitos ideológicos, con un interesado discurso en contra de una dictadura cultural marxista que evidentemente no existe. Sienten añoranza de la dictadura pasada.

Los medios de comunicación, a sueldo del poder, deforman la realidad cuando no mienten descaradamente, y una legión de necios, junto a las posibilidades que otorgan las nuevas tecnologías, hacen que la ciencia y el pensamiento crítico sean suprimidas o al menos ignorados, haciéndonos felices en nuestra irresponsabilidad, convirtiéndonos en personas deshonestas.

"La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes, (…) el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición sería, por cierto, poco prudente." (Karl Popper)

Populismo neofascista