miércoles 17.07.2019

Igualdad y violencia de género

Para abordar esta lacra social desde la perspectiva educacional es fundamental la posición de partida en la que nos ubicamos. En la mayoría de las ocasiones se percibe al chico más como un machista en potencia, que como un posible hombre más igualitario

Por José Bujalance | La deshumanización y la criminalización de las víctimas de cualquier injusticia constituye una vergüenza ética que a menudo trata de justificar o negar la violencia que se ejerce contra personas inocentes o especialmente vulnerables.

Los hombres siempre han matado a las mujeres porque han considerado que pretender abandonarlos es un acto de humillación, tomando las normas genéricas de la sociedad para las relaciones las retuercen para encontrar una justificación a la violencia.

Hace tiempo ya que leí que sobre feminismo se entiende o no se entiende, y que de violencia machista no se opina, pues es irresponsable, denota falta de sentido común. Antes de hablar, de pretender hacer valer una opinión y no hacer el ridículo, hay que tener conocimientos y basar dicha opinión en hechos, en lugar de dejarse guiar por lo que digan personas interesadas en transmitir ideas-fuerza tratando de alinear a la sociedad en un modelo único que se presume como el mejor, esto es profundamente ideológico, indiscutiblemente totalitario.

Ahora a todo mundo le gusta opinar en las redes sociales, de todos los temas, pero sin saber de lo que están hablando. Para opinar de algún tema, lo principal es haberlo estudiado, investigado a fondo, vivido; porque algunos lo que hacen es solo buscarlo de internet y de ahí sacan comentarios sumamente erróneos. Cualquier persona sensata sabe que es mucho mejor callarse y escuchar a las expertas y expertos, que hablar de percepciones propias sin ser profesionales en el área, sin conocer la Ley e inventándose o repitiendo datos sin contrastar, difundiendo rumores y reflexiones erróneas.

Hay que definir nuevos modelos de masculinidad. Gran parte de las conductas machistas o no igualitarias que exhiben algunos adolescentes y jóvenes, no están aún fijadas como parte de su identidad masculina, en la mayoría de los casos son sólo ensayos para enfundarse esa armadura que es la masculinidad tradicional. Una persona desarrollada en su plenitud mantiene el control de la ira y la violencia, y también acepta que el amor es algo que se puede pedir, pero no exigir; tiene autoestima.

Para abordar esta lacra social desde la perspectiva educacional es fundamental la posición de partida en la que nos ubicamos. En la mayoría de las ocasiones se percibe al chico más como un machista en potencia, que como un posible hombre más igualitario. Esta percepción es un problema, pues los mensajes sociales reprobatorios de las conductas sexistas tampoco tiene gran repercusión sobre ellos, si atendemos a la forma en que éstos construyen su identidad basada en la independencia, no como suelen construir las chicas su identidad que está basada en la interdependencia.

Algunos sujetos hablan de feminismo desde la mediocridad moral y la soberbia intelectual, sin tener la mínima capacidad cognitiva, desde el profundo desconocimiento y desinformación. Hay incluso quienes desde la indigencia cultural se posicionan en la supresión de la Ley de Violencia de Género, reclamando igualdad y que se proteja por igual a hombres y niños; esos mismos niños que quedan huérfanos por violencia de género, alguno de los cuales han presenciado indefensos cómo mataban a sus madres y otros han sido asesinados por sus padres o por las parejas de sus madres con el fin de hacerle daño a ellas, víctimas pues de la violencia de género. Existen casos en que son las mujeres quienes asesinan a sus descendientes, pero suelen estar ligados a problemas psiquiátricos, casi siempre a la total pérdida de la esperanza.

Igualdad y violencia de género