martes 16.07.2019

Una reflexión sobre el mercado de trabajo

José Bujalance C.| En el mercado de trabajo español subsisten problemas que habría que hacer frente y arbitrar líneas de actuación.

La evolución de las principales variables del mercado laboral vendrán influidas por la marcha de la economía y por los cambios institucionales que se introduzcan en la legislación.

La única ventaja aparente está relacionada con la menor presión demográfica derivada de un creciente envejecimiento de la población, lo que abre la puerta a otras dificultades como son las pensiones.

En este aspecto y, en un contexto muy diferente al actual, los Pactos de la Moncloa no fueron un pacto social, pues no participaron los interlocutores sociales. No cabe política de rentas sin la previa existencia de un clima propicio. Con o sin cláusulas de revisión, la política de rentas hay que preservarla a largo plazo, haciéndole frente, y no mediante subterfugios que estropean el instrumento. No se debe plantear una política nominal, sino real, que debe incluir deslizamientos (wage drift).

El futuro económico vendrá condicionado por la inversión en investigación tecnológica y una seria planificación del aparato productivo así como del sistema financiero y fiscal.

Los grupos que sufren mayor perjuicio, los marginados son, precisamente, los que suponen la mayoría relativa de nuestra sociedad, esto es, los jóvenes, las mujeres (amas de casa) y los trabajadores en edad madura.

La grave crisis del sindicalismo contribuye al monopsonio del mercado de trabajo. La demanda de mayor seguridad e higiene en el trabajo y la quiebra del principio de estabilidad en el empleo, unidos a las nuevas formas de contratación que potencian los contratos a tiempo parcial y la falta de inversión en investigación nos colocan frente a una baja productividad, agravando el problema del paro. Estos factores han hecho que, además, se fijen los salarios desde el predominio del lado de la demanda del trabajo. Las empresas ocupan una posición de ventaja en la indeterminación salarial en la que se desenvuelve la fijación de salarios en una negociación en la que los sindicatos, en la mayoría de los casos, no ejercen como factor eficaz de compensación.

El considerable deterioro del aparato productivo del país con la consiguiente pérdida de empleos y la actual situación de precariedad laboral, con trabajadores que no llegan a fin de mes, aún teniendo empleo, deriva de políticas económicas que no han tenido efectos positivos.

En mi opinión, la relación causa/efecto en el ámbito de la política de rentas demuestra la ineficacia de una mal entendida intermediación para la gobernabilidad del sistema durante la crisis económica; y lo que es peor, la irresponsabilidad sobre la ineficiencia económica del sistema.

No se debate sobre los determinantes de la inflación salarial. Aún cuando se pueda defender que la flexibilización y la consecución de equilibrios macroeconómicos son requerimientos para el crecimiento y la generación de empleo, la política debe cuidar los instrumentos a utilizar, el calendario y los efectos sociales. Los irresponsables gestores que padecemos endemicamente no han tenido en cuenta las consecuencias sobre los conflictos y la desintegración social.

La estrategia más eficiente es la que se basa en la cooperación, la claridad de planteamientos y la estabilidad de actitudes.

Una reflexión sobre el mercado de trabajo