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domingo 29/5/22

El ocaso y la caída de Gallardón

Llevamos meses hablando de la reforma del aborto que el gobierno del PP intentaba imponernos. ¡Sí!, del gobierno...

Llevamos meses hablando de la reforma del aborto que el gobierno del PP intentaba imponernos. ¡Sí!, del gobierno. A Gallardón le tocaba ser el motor de la propuesta, el protagonista, pero ¿hubiese comenzado la reforma de no haber tenido el visto bueno del ejecutivo? Por supuesto, las mujeres no íbamos a permitir tamaño desafuero y hemos protagonizado todo tipo de movilizaciones para manifestar con contundencia nuestro rechazo. Una reforma que divide al electorado del PP. Existen mujeres católicas que están en contra del la reforma del aborto que el gobierno de Rajoy quería imponer, lo que indica que la crítica va más allá de organizaciones feministas y de la izquierda; que la maternidad es una opción personal de las mujeres y que solo a nosotras incumbe resolver. Pedro Arriola, asesor del Presidente, sabía que todos los sondeos apuntaban una considerable pérdida de votos y recomendó dejar la reforma guardada en un cajón. Ya se sabe que las razones electorales son prioritarias.

Satisfacción por su retirada, sí, mucha satisfacción, un logro que han conseguido las movilizaciones, pero ¡CUIDADO!, la Reforma de la Ley del Aborto solo ha sido retirada de la circulación; esta  aparcada, pero no olvidada. El recurso de inconstitucionalidad puesto por el PP sigue en el Tribunal Constitucional; ahí está, vivito y coleando. No hay que olvidar que el Congreso de los Diputados, con mayoría del PP, nombro a Andrés Ollero Magistrado del Constitucional, en julio de 2012, y que el mismo magistrado ha sido el ponente del recurso de inconstitucionalidad que presentó el PP a la ley actual del aborto. Tampoco hay que olvidar que Ollero fue diputado por el PP durante 17 años, que es un antiabortista declarado y miembro del OPUS DEI. ¿Hay quien de más?

El ocaso y la caída de Gallardón forma parte de un duelo sostenido en el tiempo entre el Presidente de Gobierno y el Ministro de Justicia, y la reforma del aborto ha sido el detonante. Qué lejos queda el día en que Rajoy llamó a Gallardón para preguntarle si quería ser Ministro de Justicia; corría el año 2011 y era alcalde de Madrid. ¡Sí!, contestó, sin dudar un instante. En realidad, el deseo de Gallardón era llegar a ser Presidente de Gobierno y esa querencia era vox pópuli entre los barones del partido, aunque Gallardón lo negase: “Ya le he dicho a Mariano que nunca aspiré a sustituirle, ni a sucederle, ni a competir con él. Soy leal a Mariano”, palabras que nadie de su entorno creía. Perdido el tren de la presidencia de gobierno, Gallardón aceptó la propuesta de Rajoy como premio de consolación y, como consecuencia, Ana Botella se convertía en Alcaldesa de Madrid sin haber optado al cargo.

Gallardón fue ministro, y con él llegó el escándalo: la Ley Orgánica del Poder Judicial, La Ley de Tasas, La ley de Enjuiciamiento Criminal, la pretendida privatización del Registro Civil. Una agresión sobre otra que fue haciendo mella en la sociedad, incluso entre los votantes del PP.

Muy dado a las propuestas y a los discursos, Ruiz Gallardón comenzó a hablar de reducción de aforados, de regeneración y de otros temas sin hablar antes con Rajoy. Con la Reforma de la Ley del Aborto se colmó el vaso; Ruiz Gallardón no advirtió las señales de alarma que le llegaban desde su propio grupo, ni recordó que durante el gobierno de Aznar, no se derogó la ley que el gobierno de Felipe González puso en marcha, en 1985; una ley raquítica que no cumplía las expectativas de las mujeres, pero algo más permisiva que la del gobierno del PP. Tampoco debió preguntarse por qué se retrasó el proyecto de ley hasta después de las elecciones europeas. Cual cruzado convencido de su sagrada misión, Gallardón decidió continuar; mientras el presidente no le comunicara la retirada del proyecto, él seguiría por el camino emprendido, aunque fuese en solitario.

Gallardón llegó al gobierno del PP como el ministro mejor valorado, pero se va sin conseguir uno de sus más firmes propósitos. También tuvo duros  enfrentamiento con Esperanza Aguirre y en un alarde poético se atrevió a felicitar las navidades con un fragmento del poema de Rilke: “El que ha osado volar como los pájaros, una cosa más debe aprender: a caer”. Gallardón ha caído, pero no en tierra baldía; las puertas estaban abiertas para acogerle con generosidad. La gran familia premia los servicios prestados con un puesto en el órgano Consultivo de la Comunidad de Madrid; un órgano colegiado que existe en las comunidades autónomas, con excepción de Cantabria. Juristas, altos funcionarios y ex altos cargos de la administración componen los Consejos autonómicos.

“Ser o no ser”, esa es la cuestión. Por un lado, Pedro Arriola, el que fue consejero de Aznar y lo continúa siendo de Rajoy, advirtió al Presidente del coste electoral que supondría la Reforma de la Ley del Aborto. Y por otro lado, las organizaciones ultra-católicas han anunciado que saldrán a la calle para pedir que no voten al PP, un partido que incumple sus promesas electorales. Ya se sabe que no se puede estar en misa y repicando campanas.  

El ocaso y la caída de Gallardón