miércoles 01.04.2020

Muchas leyes, malos resultados

En el anterior artículo, a propósito del final de curso y de la cercanía de las vacaciones -para algunos padres y alumnos una carga más pesada que el propio colegio, y para otros, una liberación-, decíamos que muchos gobiernos pretenden que el sistema educativo se adapte a sus intereses, alejados a menudo de los intereses y objetivos que debe comportar una auténtica formación de nuestros jóvenes y su gusto por la cultura, la única faceta de nuestra vida que nos hará libres. Decíamos, en un juego de palabras para expresar una de las aberraciones de nuestro sistema educativo -seguidamente enumeraré otras, aunque hay muchas más-, que pretende no tanto educar cuanto adecuar, no tanto formar al niño o al joven, cuanto llevarle por el camino que el gobierno, como si le iluminara una ciencia infusa, sin contar con otros agentes, cree que es el más correcto y apropiado. Algunos autores como Paulo Freire (Pedagogía del Oprimido) definen esta manera de sistema educativo como “educación bancaria”, en la que al niño desde pequeño se le va adiestrando, y así, de mayor estará acostumbrado a cumplir un horario, fichar, etc, sin plantearse el sentido de su vida y olvidando y anulando su propia creatividad o iniciativas, para bien y para mal. Saldrá autómata y conformista. Nunca será libre. Es el objetivo encubierto que persigue el poder, y por ende, muchos gobiernos e instituciones. Tenemos el  caso de España. Siete leyes, o cambios del sistema educativo hemos sufrido en España en esta etapa democrática, algunas ni pudieron aplicarse, otras surgieron con la oposición de alguna parte interesada e importante a la que se le hizo caso omiso. Así tenemos, desde la LEG de Franco de 1970 que duró hasta entrada la democracia, en 1980 con la LOECE de la extinta UCD, a 1990, con la promulgación de la LOGSE, que derogó la anterior, y que fue un hito de progreso en nuestro sistema educativo, pasando luego por la LODE, la LOPEG (1995) Ley Orgánica de Participación Educativa General, del PSOE; y cuando subió el gobierno del PP, la LOCE del 2002 que no llegó a aplicarse, y la LOMCE, la más polémica, llamada Ley Wert, cuya “mejora de calidad “ brilla por su ausencia, de la misma manera que en su redacción brilla por su ausencia el consenso entre los diversos agentes educativos.

Sin embargo, a lo largo del último siglo, ha habido iniciativas y propuestas de intelectuales como  el brasileño Paulo Freire que quieren abrir y han abierto nuevos caminos y metodologías en esta labor tan importante como es formar personas responsables, autónomas, y sobre todo, pensantes.Lucho por una educación que nos enseñe a pensar, y no por una educación que nos enseñe a obedecer”. (Paulo Freire).

¿No será ya hora de plantearse mejorar sin tantas leyes, y apoyar nuevas vías en el sistema educativo de España? Me parece que es necesario un cambio radical en la educación que en el caso español está tocando fondo.

 ABERRACIONES DEL SISTEMA ESPAÑOL

Si luego aumenta el fracaso escolar, o los profesores no cumplen, o en las aulas hay tropecientos mil, no es su culpa, parece decirnos los gobiernos sacando una y otra ley, sino que la culpa es de la sociedad que no para de reproducirse, de acoger inmigrantes, y aprovecharse de unos estudios gratuitos... Como dijo una gerifalte del PP, ex ministra de la cosa (qué pasará que a los más incultos los nombran Ministros de Cultura), incluyendo en su declaración que no todos pueden estudiar, que cuanto menos alumnos adquieran conocimientos superiores, mejor. “No todos pueden ser médicos, también hacen falta peluqueras”, vino a decir más o menos. El mejor remedio, es, por tanto, el fracaso escolar, así no pasan de los estudios elementales, adecuados para trabajar de lo que sea sin otro planteamiento que el salario que sea. Y no surgirán revolucionarios, ni apóstatas, ni podrá darse una juventud rebelde, alejada de los principios generales que deben implantarse en toda sociedad que se precie de tener valores... 

Demostrado está estos años en que el PP ha sacado leyes de la chistera como manejos en un alarde de filibusterismo y magia en un escenario solitario, para “mejorar la calidad de la enseñanza”. Se supone que calidad tenía, pero el gobierno de los populares, que está en todo, le quería poner su guinda, que nada mejor que la religión, guinda dulce y colorida para adquirir el éxtasis y el acceso curricular para unos sí y para otros no, porque con el amparo de la Virgen y su ayuda, el paro baja y el paraíso se extiende a las clases populares, que para eso sirve la religión y la devoción, para acabar con el paro, conscientes de la intercesión divina. Hay ministros y ministras, padres y madres de la iglesia, que deben saber mucho de eso, porque hasta condecoran santos y vírgenes por la labor prestada a la sociedad. No niego que en algunos casos las divinidades ayuden al ser humano, pero no con milagros. Así ha sido el enfoque y la mejora de la calidad de la enseñanza que los implicados en ella no la han visto brillar por ningún lado. Y es hora de cambiar esta “calidad”, sin mejoras milagrosas, ni leyes milagreras, sino con sentido común, y aportaciones sociales y económicas.

No se puede ser, como vulgarmente se dice, más papistas que el Papa. Pero por lo que se ve, este es el comportamiento de nuestro actual gobierno en funciones con su obligación de imponer la religión católica, apostólica, romana, y ahora más española que nunca, como materia fundamental de la escolarización. Siguen anclados en el pasado, en el peor y nefasto pasado. Esta es la principal y más peligrosa aberración del actual sistema educativo. Y digo lo de “más papista que el Papa”, porque hasta el Papa Francisco pregona por escrito y en sus discursos que “no puede haber estados confesionales”. Lo ha dicho y repetido en muchas ocasiones. Así debe ser; esa es precisamente la evolución de la humanidad, una humanidad donde la expansión y movilidad demográfica está a la orden del día con sus diversas y diferentes ideologías y creencias que forman parte también de los Estados donde se asientan. Por eso, para no herir  ni diferenciar a la sociedad según sus ideología, sexo o cualquier otra circunstancia, los estados deben ser, como acertadamente y con atrevimiento, pero con gran sentido ecuménico, ha declarado el Papa, deben ser “estados laicos”, donde la religión no deber ser causa de marginación, y menos de prohibición o imposición.

Otra aberración, esta más común que las anteriores y en cierto modo perjudicial para el progreso cultural y de la felicidad del niño, es la imposición de las tareas o los deberes para realizar o completar en casa. Más que un acicate para aprender, es un castigo en sí mismo, pues le priva al alumno de convivencia con los padres, o del juego con los amigos, provocando animadversión  al estudio. No dejará de ser para él un castigo que se prolongará al día siguiente en el aula, interna y externamente. Y encima, los exámenes, las notas, y las dichosas reválidas... El aprendizaje será algo que no le atrae, y si de pequeño no siente ese interés, innato al ser humano, de mayor sentirá desprecio por el esfuerzo que debe realizar para aprender algo.

Perder el interés por la cultura es la mayor aberración si surge de un centro que la promueve. Verla como algo pesado y sin  satisfacciones personales es lo que se ha conseguido con tanta ley y sistema obsoleto. Saber algo se concibe como trabajoso e inútil. Campo abonado para ser manejado y  carecer de criterio.

Otro fallo de nuestro sistema educativo es el concepto del profesor (aparte de su consideración por parte del gobierno, y respeto por parte de la comunidad), el profesor “hueso”, o el concepto inverso de “amigo”. No debe haber ni huesos, ni amigos, sino orientadores que traspasan no sólo  conocimientos y experiencias sino que despiertan el gusto por la belleza, el compañerismo y la solidaridad.

Hay que concebir el colegio como prolongación de la casa, de la educación familiar. No lugar de aparcamiento de niños, o sufrimiento, no una carga sino un esparcimiento... acabaría parte del fracaso escolar. Colegios cárceles de los que todos quieren huir. Fracaso escolar por no memorizar. Promover el gusto por la lectura, la investigación como afán de aprender que enriquece; sembrar la curiosidad por lo desconocido y lo distinto, como placer del descubrimiento. Libertad y juego que debe empezar en la familia, donde debe inculcarse el sentido social y el interés y respeto por los demás, la comunidad, el profesor... y promover auténticos valores y habilidades, así como la importancia y responsabilidad de los actos de cada uno en su repercusión social.

Sembrar la admiración y la emoción. Orientar hacia criterios de selección y distinguir no solo lo bueno de lo malo, sino lo dañino de lo que no lo es, el interés de quien pretende comerte el coco de quien te ayuda a diferenciar unas cosas de otras, un cine de otro, un  programa de otro, un juego de otro, una información de otra sesgada o interesada. No tener miedo a opinar distinto a los demás. Quizá sean ideas que si no cambian el mundo, puedan ayudar a cambiarlo.

Como no quiero limitarme a criticar este sistema educativo que tan malos resultados está dando en nuestro país, y consciente de que las ideas susodichas se están llevando a la práctica en otros lugares, con resultados satisfactorios, en el próximo artículo daré cuenta de experiencias que en el campo de la pedagogía se están llevando a cabo, algunas en nuestra España, que además “de charanga y pandereta, devota de Frascuelo y de María”, tiene iniciativas alejadas de los tópicos típicos. Iniciativas que debería tener en cuenta el próximo gobierno que surja de las urnas para que aporten su ayuda a mejorar un sistema que a nadie conforma. Sería de sentido común, pero ya se sabe: El sentido común es a veces el menos común de los sentidos.

“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Freire.

Muchas leyes, malos resultados