jueves 09.04.2020

Fútbol, sexo, mafia y técnica

El fútbol, junto a la droga es uno de los negocios que engendra más dinero en movimiento, a veces en blanco, otras muchas, también en negro, o como vehículo para evadir capitales

Lo prometido es deuda, se dice. La semana pasada prometí que aprovechando la celebración del Mundial de fútbol, íbamos a dejar la política de lado, para centrarnos en este acontecimiento seguido por millones de personas en todo el globo terrestre. También prometí hablar de sexo. Tema éste muy recurrente por el morbo que encierra, en mayor medida en un país como España, donde de política sabemos poco, porque a las votaciones para elegir gobierno, hemos llegado muy tarde, medio siglo después de nuestros vecinos, y de sexo sabemos menos. En la España del nacionalcatolicismo, follar no es que fuera pecado, que lo era también, sino que era un milagro, y los milagros no se dan todos los días, como muchos quisieran. Eso sí, la fe nunca se perdía, como la esperanza. Por eso el macho ibérico, de pata negra y cojones blancos (perdón por la expresión) es tan “obsexo” (con eso y con equis). Pero de fútbol, ¡uy!.. De fútbol sabemos un rato, al menos un rato de cantina, entre vinos, cervezas, y jamoncito rico, rico. De fútbol todo el mundo opina, así por ejemplo, se dice que menos mal que pasamos como primeros de grupo -quién lo iba a decir, con lo mal que empezamos-, que de lo contrario, la selección de Uruguay, con el Suárez y el Cavani a la cabeza, nos hubieran machacado, tan insegura anda nuestra defensa. Vamos, que nos las hubiéramos visto negras, para superar la fase que nos espera. Y Rusia con ella. Ya se sabe. Otra cosa no, pero Rusia, aunque sea la anfitriona, es más fácil de batir. También se sabe que en el fútbol no  está dicho todo hasta que el árbitro pita el final.

Que esa es otra: el árbitro. Cuántos partidos se han perdido injustamente por un fallo garrafal del árbitro, que todo el mundo quiere que sea infalible, acertado y objetivo siempre, y otros, los mafiosos, mangoneros y mangantes, quieren que su equipo gane siempre, capaces de sobornar para que bajo la disculpa del error, cambie un partido. De todo hay en la viña del señor, y de todo en un campo de fútbol, desde exaltados a reprimidos que se pasan con lo que sea, insultan al que sea, o se baten a navajazos con el que se encuentren. Así, sin comerlo, ni beberlo. Menos mal que poco a poco la sociedad ha ido tomando conciencia de que la violencia hay que desecharla de este deporte y parece que cada vez hay menos. Buena noticia. Pero también sabemos que esa violencia a veces no se da dentro del estadio, controlado por la técnica de la imagen, donde termina el anonimato y el mimetismo redil, sino fuera del campo, en el caso de las fiestas, donde la exaltación y la represión, en este caso sexual, se emparejan para hacer de las suyas, como sucede con la Manada, no solamente en Pamplona hace un año, sino en otros lugares de la geografía española. Machos ibéricos que igual violan “en manada” a una jovencita, que se convierten en estrellas, y pregonan su inocencia allá donde van. Mala noticia su salida de la cárcel, de donde deberían estar recluidos para escarmiento propio y ajeno, de donde no tendrían que haber salido nunca. Pero es que hay jueces que se sienten retratados..., se consideran machos, y claro, la oveja tiende al redil.

Con esto no quiero generalizar ni con  jueces ni con árbitros. Los hay decentes como en todo redil, campo de fútbol, encierros y demás. Gentes que van a divertirse y que hacen de su diversión un contagio para que los que están a su alrededor también se diviertan. Que si algo atrae al pueblo español, dicho sea de paso, es la fiesta, nacional, internacional, o local, ésta con más razón que el resto, aunque se celebre en un pueblito perdido en la montaña. Celebración por todo lo alto en un acto de alegría y solidaridad. Aquí sí que generalizo: el español sabe divertirse como nadie, sanamente, sin sacar a la luz, ni su ignorancia política, ni su represión sexual. Cuando toca divertirse, se hace sanamente y hasta que el cuerpo aguante. 

Pero sigamos con el fútbol. Ya era hora de que la técnica hiciera su aparición. Se evitarán injusticias, y el que deba ganar, lo hará sin recurrir a subterfugios de comprar al árbitro, alargar el tiempo, pitar penaltis provocados o sin serlo. La pena máxima, los goles fantasma... serán objeto de análisis visual por expertos. Estoy seguro de que si la técnica no hubiera hecho acto de presencia y no se hubiera utilizado en lo que va de mundial, habría mucha gente pensando que el partido se ha manipulado o el árbitro se ha equivocado, costándole a tal o cual selección la eliminación. En más de una ocasión en competiciones pasadas, no se consentía que las grandes selecciones quedaran eliminadas a la primera, como le ha ocurrido este año a Alemania, y estuvo a punto de suceder con Argentina, una de las selecciones de más renombre, que arrastra a multitud de aficionados tras ella, negocio en todos los sentidos, desde audiovisuales a transportistas y hoteleros.

En este mundial, todas han estado y están muy igualadas, y es curioso que las favoritas hayan ido cayendo, Alemania, Colombia, Perú... Marruecos. Muchos hubieran pensado que se les podía haber facilitado el camino, como se ha hecho en otros campeonatos, en los que intentaban los mangantes que venciera una u otra selección. Con el, por fin aceptado y ya popular VAR, (Video Assistant Referee), invento necesario para evitar tongos y errores arbitrales, este campeonato mundial se ha clarificado, y gracias a él, España, que estaba entre la espada y la pared, se ha clasificado para octavos. Eso no quita que esta España nuestra, mejore y ponga más en evidencia su fútbol y su victoria, sin tener que recurrir a echar la culpa al árbitro o al VAR. Así de claro. Porque a nadie se le escapa que el mundo del fútbol es un mundo donde el deporte se ha transformado en negocio, y en este magno negocio, como en aquellos sectores donde el dinero mana a raudales, la mafia y los apaños no tardan en meterse para manejarlos a su antojo. El fútbol, junto a la droga es uno de los negocios que engendra más dinero en movimiento, a veces en blanco, otras muchas, también en negro, o como vehículo para evadir capitales, desde la compra-venta de jugadores a equipos poderosos -perdiendo una de las primigenias esencias de los clubes, como es la pertenencia a un lugar, su amor por el escudo o la camiseta, como hasta hace poco pretendía mantener el Atletic de Bilbao-, es el arma de cada temporada. Jugadores mercenarios y jugadas rayando lo ilegal. Hasta ahora, lo tenían fácil. Los Estados hacían manga ancha, y miraban para otro lado, con tal de utilizarlo como “droga alienante” del populacho, pero, a partir de ahora, lo tendrán más difícil. Se sabía de los manejos de señor Villar y sus allegados, pero no se imaginaba nadie que fueran tan astronómicas, y asombrosas las cantidades. Como los sobornos para que los juegos, desde el fútbol a los olímpicos, se celebren en uno u otros lugar, por ejemplo en un desierto donde se jugarán el próximo mundial de fútbol, en Qatar, que ha salido elegida de sobornos habidos y por haber, cambiando arena por yerba. Bajo un sol abrasador. Cambiando la fecha al invierno, fecha inaudita. Designios de un negocio que escapa a todo control.

El negocio del fútbol, deporte desvirtuado, y la violación a mujeres, sea de la edad y condición que sean, deben ser controlados, y castigadas. Por ende, las condenas a indeseables que no respetan a nadie y abusan de indefensos, deben ser duras y largas, y deben cumplirse. Para eso están, la técnica y las leyes. Para evitar abusos. 

Fútbol, sexo, mafia y técnica