martes. 23.07.2024

De “sociolistos”, “periodistos” y descerebrados

¿Es que no incita a la confusión la sentencia del expresidente de gobierno, Felipe González, al divulgar que lo mejor para España es un pacto PP-C,s?

Escribía la segunda parte del espionaje en el Vaticano (que debía salir esta semana), cuando en mis ojos y oídos saltó la alarma, y en mi cerebro las neuronas iniciaron el baile de San Vito, que no es otra cosa que una “coreomanía” considerada como enfermedad psicogénica colectiva. No podía creer lo que mis oídos sin querer oían y lo que mis ojos sin ver veían. Pensé que se trataría de una deformación de mis sentidos, tanto acústico como visual, resultado de una intoxicación por cornezuelo de centeno que suele ser el culpable de este baile en el que las piernas no paran de moverse como si se tratara de un rocanrol. Vivo en el campo manchego, rodeado de tierras de cereales, donde verdea ya el trigo candeal, y me imaginé que quizá quedaran rastros de ese largo y espigado cereal, y el dichoso y temido cornezuelo hubiera hecho presa en mí al convivir desde hace tiempo entre surcos, viñedos y olivos. Pero desde hace años el centeno no se cultiva, como tantos otros productos de la tierra y su rastro yace enterrado en el asfalto; definitivamente se ha perdido entre chalés adosados y grandes supermercados. No. No eran mis deformados sentidos, ni efecto tóxico alguno inoculado en mis entretelas que me causara la alarma. De armas se hablaba, y de tentativas de asesinato, y de seguir promocionando gobiernos corruptos y de posesión de niños con los que el padre juega a la vaquilla, como si la vaquilla y el bebé quisieran jugar.

Ante tal cúmulo de despropósitos, y para parar mi baile, que uno a su edad ya no está para esos trotes, no tuve más remedio que dejar el santo recinto del Vaticano, bajar a la tierra y, amparado en el derecho a expresar mi opinión, tratar de comentar tales declaraciones por el peligro social y político que pueden arrastrar, como el cornezuelo del centeno. Por venir de donde vienen, personajes conocidos dados a ser imitados de palabra y de obra, pueden llevar a confusión a la gente que les escucha, y quizá admira, porque les creen que actúan correctamente con sus hijos, y hablan “ex cátedra” de política, pactos, diputados, y demás cuestiones gubernamentales con más verborrea que argumentos.

Declaraciones políticas o radiofónicas que en mayor o menor grado, no dejan de crear opinión por considerar importante la boca de donde salen. La difusión de fotos de famosos haciendo como que torean -lo que han hecho mayormente durante su vida- con un bebé, que es nada más y nada menos que su hijo, o porque es su hija. ¡Olé! Esta España no es diferente, que dijo Fraga, sino “sollozante”, que dice Forges y quien suscribe corrobora. La España cañí y de la corrupción. La España de Frascuelo y de María. De charanga y pandereta. Por eso me puse a escribir, contra la confusión.

¿Es que no incita a la confusión la sentencia del expresidente de gobierno, Felipe González, al divulgar que lo mejor para España es un pacto PP-C,s? Sería el pacto de la corrupción con el silencio del PSOE. Y por si no tuviera suficiente con ese exabrupto, rechaza un eventual pacto de su partido -que se supone de izquierdas, ¿o es que no es de izquierdas desde que renunció en Mallorca al marxismo para acceder al poder?- rechaza un pacto del PSOE con Podemos, como si fuera el diablo, y apuesta por un pacto de gobierno de derechas que no es otra cosa que seguir apoyando y legitimando la corrupción... Y quien es cómplice de un delito, por acción u omisión,  también comete delito y debe ser imputado. Menos mal que hasta ahora el líder de Ciudadanos sigue abogando por la lucha contra esa lacra; ya veremos si, como hizo en su tiempo Felipe/Isidoro con la renuncia al marxismo, el señor Rivera renuncia a esa promesa ante la toma del poder. Lo que nos faltaba. Se le ha visto el plumero, señor González, como se le vio cuando se subió en el Azor, buque insignia de la tiranía de Franco. Sólo le faltaba pescar el pez más grande. Y lo pescó, pero nos decepcionó a todos los que ilusionados con el famoso “cambio”, formamos parte de esos diez millones de votos. “¡Váyase!” Que dijo el otro. Retírese, y no siembre vientos que recogerá tempestades. Aunque a su edad pocas puede recoger, pero sí su partido si quiere seguir viviendo otros cien años.

DE FRASES A FOTOS

Consideraba que bien merecían una parrafada tales frases divulgadas “ex cátedra” por dos personajes públicos -con perdón-. Uno, el susodicho mencionado desde su fastuoso retiro, y el otro tras una alcachofa marchita de años, además de las fotografías de unos jóvenes que se juegan la vida por la droga del dinero. Ante palabras y obras de personajes conocidos e influyentes, no tuve más remedio que inyectarme unas líneas de castellano correcto.  Y uno, interrumpido el baile y venido a sus cabales, encontró la explicación a tales exabruptos por proceder de quienes procedían: de un socialista que se convirtió en cuanto llegó al poder en “sociolisto” de grandes empresas, participando en sus consejos de administración como pago a sus favores privativos. Y de un locutor de voz nasal y frases entrecortadas que cree dominar el castellano y hacer crítica a fuerza de insultos e improperios sin otro razonamiento que la bravuconada. Sus palabras: “si llevara la pistola, los dispararía”, refiriéndose a los diputados de Podemos, son de juzgado de guardia. Claro que conociendo su verborrea, remedo de aquel popular periodista -en este caso era así-, a uno no le extraña que fundamente sus proclamas en los insultos sin gracia -el otro, el famoso J. M. García, conocido por “Butanito” para identificarlo mejor, al menos la tenía, y sus calificativos eran realmente originales, peyorativos y rotundos. Debo confesar que ni el señor García, con el que tuve tiempo ha algunas desavenencias por deformar la información deportivo-municipal, ni el señor Jiménez Losantos, al que mejor que periodista sería llamarle “periodisto” para no herir nuestra hermosa profesión, por eso del sexo y el machismo, son, ambos, santos -ni su apellido le salva- santos de mi devoción. Espero que no se atreva a condenar a quienes hagan apología del terrorismo. Empiece por moderar sus amenazas, y en lugar de “hacer la revolución francesa”, como no tiene guillotina, hágase una tortilla francesa. Es más fácil, hay menos sangre y con dos huevos lo arregla, si es que los tiene (los huevos, digo).

Y la tercera inyección de droga de cornezuelo que me parecía intoxicar mis entrañas, era la visión de un bebé en brazos de un padre ante un animal cuya protección es embestir a lo que tenga delante. La infancia, y en mayor medida, la lactancia es la etapa en que es más vulnerable el ser humano. El ser que después de su nacimiento se muestra como el más torpe, estúpido e indefenso de todos los mamíferos. Un ternero en cuanto abandona la placenta, se levanta, se pone a cuatro patas y empieza a caminar; a los pocos segundos ya corre y es capaz a las pocas horas de embestir a un caballo. Eso lo saben bien los toreros. Quizá no sepan que eso es incapaz de hacerlo el ser humano, quizá lo confundan con una cría más de la dehesa. En esa etapa del comienzo de la vida, la criatura humana necesita como nunca mayor atención, precaución y cuidados. La única protección del niño es la presencia de los progenitores, y éstos no deben, por ningún motivo, ni razón, ponerle en peligro, y menos aún sosteniéndole en sus mismos brazos, que se supone son su mayor refugio, proporcionándole seguridad, y donde el niño percibe todos los estímulos, buenos y malos, de seguridad o indecisión, de precaución o miedo, a través de la piel de quien lo lleva.

Cuento con que estos padres saben lo que hacen, pero hay imponderables. Les recuerdo que allá por octubre de 1975 una vaquilla mató a una de las consideradas mayores figuras de todos los tiempos, Antonio Bienvenida, propinándole una trágica voltereta. Tenía 53 años, estaba en plena forma, pues se había retirado el año anterior, y llevaba toreando más de 30 años. Más recientemente, en un pueblo de Zaragoza un niño de 10 años murió al ser arrollado por una vaquilla.

También les recuerdo que la ONU y otros organismos internacionales han proclamado los Derechos del niño, entre éstos destacamos por venir al caso: el derecho a vivir en un contexto seguro y protegido que preserve su bienestar. “Todo niño tiene derecho a ser protegido de cualquier forma de maltrato, discriminación y explotación”.

Ante todo debe primar el interés y la seguridad del bebé, que implica dos reglas importantes:
Primero, todas las decisiones que atañen al niño han de tomarse según el interés exclusivo del niño para asegurar su bienestar inmediato y su futuro. Y, segundo, todas las decisiones y todos los actos deben garantizar imperativamente los derechos del niño. El interés superior del niño subordina la necesidad de una absoluta protección de los niños.

El ser padre o madre no da derecho a manejar al niño ni a propinarle castigos y menos obligarle a algo sin atender a su estado. El niño no pertenece a los padres y no pueden hacer lo que quieran que no vaya encaminado a su bienestar físico y psicológico. Eso significa “asegurar la buena salud y el buen desarrollo del niño, salud, alimentación, higiene, protección contra el maltrato y actividades perjudiciales, etc.”. Que sus antepasados lo hicieran... era el mismo error, y no pueden seguir practicándolo. Algo semejante a la creencia de “la maté porque era mía”, referido al maltrato de género del que ya hablaba Sartre y que hasta nuestros días no se ha tenido en cuenta. Han cambiado las cosas como ha cambiado el toreo. Tampoco vale que todos lo hayan hecho y sigan haciéndolo. Mal de muchos... consuelo de tontos. También, mal de muchos, epidemia. Escudarse en la generalidad es propio de descerebrados. 

Es digno de elogio la intervención de la Fiscalía, y de reprobación el que la Asociación Internacional de Tauromaquia (AIT) haya arremetido contra la actuación del Defensor del Menor Andaluz. Decir que es una excusa para atacar los espectáculos taurinos, y acabar con la llamada “Fiesta Nacional” es una perogrullada. Con la “fiesta” acabarán los mismos que viven de ella si no cambian y siguen dando en muchos casos gato por liebre, avivando sus intereses espurios que agotan el interés y la paciencia de un público que religiosa y generosamente paga y aguanta. Y que conste que, como llevo sangre salmantina, soy “aficionao”.

Pero volveré al Vaticano con la amenaza de que seguiré hablando de otras historias más importantes, intrigantes y atractivas. Al menos esa es mi intención... Espero que no la interrumpan exabruptos. Ni cornezuelos, ni cuernos.

De “sociolistos”, “periodistos” y descerebrados