sábado 16.11.2019

El retorno de lo reprimido

Sigmund Freud
Sigmund Freud

La conmemoración del 80 aniversario de la muerte de Sigmund Freud, ha coincidido en España con el estreno de la última película de Alejandro Amenábar “Mientras dure la guerra”, una feliz coincidencia que permite adentrarse en alguno de los conceptos que Freud instauró para construir su monumental teoría, EL PSICOANALISIS, que abordaba el comportamiento de la mente humana.

Si algo ha caracterizado al psicoanálisis desde su aparición allá por los años 90 del siglo XIX, hasta hoy mismo, ha sido la fuerte controversia que le persigue entre defensores y detractores en torno a su carácter científico.

Lo que no puede negarse al margen de esta polémica,  es la facilidad con la que muchos de los conceptos sobre los que se instituía, pasaron a formar parte del lenguaje cotidiano con enorme facilidad, estoy pensando por ejemplo en represión, inconsciente, libido, pulsión, etc.

Por encima de todos ellos, quizá el más conocido sea el de la represión, un concepto que manejan con total soltura sociedades que como la española han atravesado un largo periodo de dictadura.

Freud explicó lo reprimido como lo oculto pero no lo oculto que está guardado o escondido, aquello  que podemos rastrear con un esfuerzo de la memoria,se refirió a lo oculto como lo que está, pero es desconocido. De ahí su trascendental descubrimiento de que hay una parte del sujeto desconocida para el propio sujeto, pero que gobierna su comportamiento.

Freud descubrió que eso desconocido, lo reprimido, pugnaba por aflorar, por desvelarse y que esa batalla representaba un desgaste psíquico tan impresionante, que los individuos no estaban dispuestos a librarla en campo abierto, que necesitaban protegerse detrás de sucesivas barreras defensivas. Barreras que, cuando son más franqueables denominamos como neurosis y que cuando se convierten en inexpugnables conocemos como psicosis. Dos extremos entre los que transitan el conjunto de las enfermedades mentales.

Pero ocurre invariablemente que, como en todos los asedios, lo reprimido siempre vuelve a escalar la empalizada y de nuevo hay que tapar los agujeros que provoca en el muro cada oleada para asegurar las defensas de la fortaleza. Da igual la cantidad y la calidad de los materiales que utilicemos, lo reprimido lo volverá a intentar.

Freud comprendió que para acabar con  ese estado de asedio  que amenazaba con derruir los muros, había que permitir que lo reprimido los traspasara sin violencia y pudiera incorporarse a la vida cotidiana de la fortaleza ¿Cómo hacerlo?

Intentó distintas estrategias, hipnosis, catarsis pero no daban resultado. Cuando parecía que lo reprimido iba a traspasar los muros limpiamente, daba marcha atrás para hacerse de nuevo fuerte en sus posiciones y preparar el siguiente asalto.

Y como en la mayoría de los descubrimientos científicos siempre hay alguna parte que sucede por casualidad, por casualidad se dio cuenta que en las historias que le contaban sus pacientes se producían interrupciones involuntarias, o frases inconexas, o lapsus prolongados e intuyo, que eran manifestaciones de ese  algo que pugnaba por aflorar, pero que no conseguía hacerlo de forma inteligible y comprendió que el discurso de cada uno de sus pacientes era su particular puente levadizo para que lo reprimido accediera a la fortaleza.

Pues bien, parece que  lo reprimido retorna y  vuelve a asediar a la sociedad española con la misma arma de hace aproximadamente una década: LA PARÁLISIS.

Si reparamos en la frase “Vivimos en la España que ideó Franco” pronunciada por Alejandro Amenábar con motivo de la presentación  de su última película “Mientras dure la Guerra”, el titulo ya es suficientemente elocuente, y la comparamos con la frase que acuño Podemos para designar a la Democracia española nacida de la constitución del 78 “Régimen del 78” advertimos un hilo conductor entre ambas, la  deslegitimación del régimen de libertades que los españoles hemos construido desde la muerte de Franco hasta hoy.

¿Estamos ante una casualidad? En absoluto, cuando en los aledaños del 2015 Podemos acuño la frase “régimen del 78” España estaba atónita, paralizada, sumida en el desconcierto que le provocó la crisis económica.

Hoy en el año 2019, cuando Amenábar habla de “la España que ideó Franco”, España está sumida en una parálisis y un desconcierto  similar, en esta ocasión  más por motivos políticos que económicos.

Digamos que es la PARÁLISIS lo que provoca la angustia que periódicamente tumba a España en el diván.

Pero a diferencia de lo que sugieren las frases, hoy de  Amenábar y ayer de  Podemos, que estamos en el mismo punto de hace 80 años, lo  reprimido que retorna siempre, no lo hace de la misma manera. La sociedad española con enorme esfuerzo, como cualquier paciente que se decide a intentar dejar de sufrir, ha ido bajando lentamente  sus puentes levadizos,representados simbólicamente  por las declaraciones recientes de Pedro Almodóvar cuando al recoger el León de Oro que le otorgaba el festival de Venecia por toda su carrera cinematográfica, declaró; “Mis películas han sido posibles porque las he realizado en una España democrática”.

O dicho de otra manera, lo reprimido que retorna en forma de parálisis no lo hace de la misma manera que lo hacía durante la dictadura cuando la parálisis significaba la muerte metafórica de toda una sociedad. Lo hace de la mano del cine de Almodóvar y el de Berlanga y el de Saura y el de Erice y el de Gutiérrez Aragón, ese cine que cuenta la Guerra Civil que Amenábar reprocha ocultada a su generación.

Lo hace con Amenábar paseando por San Sebastián con su novio y con su ex-novio despertando la admiración de sus seguidores,lo hace fracasando con Europa en la acogida de los inmigrantes que huyen hoy de la miseria moral que un día padecimos los españoles, lo hace en definitiva, menos postrada, más erguida, más sostenida.

Es decir, lo reprimido retorna pero poco a poco toma la senda del puente levadizo y abandona el asalto inmisericorde de sus muros.

El retorno de lo reprimido