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sábado. 24.09.2022

De nuevo, el nacional-catolicismo habitó entre nosotros

Muchas personas de talento no discutido han concluido que el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  es persona de no demasiada inteligencia y menor empatía...

Muchas personas de talento no discutido han concluido que el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  es persona de no demasiada inteligencia y menor empatía. No soy quien para discutir una opinión que parece bastante generalizada entre personas de mayor entendimiento que el mío pero sí para puntualizar mínimamente la primera afirmación. Mariano Rajoy aprobó la oposición de registrador de la propiedad sin rascarse la cabeza más de dos o tres veces y, sobre todo, Mariano Rajoy nombró ministro del Interior a un hombre providencial dispuesto a cargar sobre su chepa los destinos siempre universales de España: Jorge Fernández Díaz.

Muchas personas de talento no discutido han concluido que el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  es persona de no demasiada inteligencia y menor empatía

Mucho antes de su fantástica victoria en los comicios del 20 de noviembre de 2011, inspirándose en Francisco Franco y en Fernández de la Mora, Rajoy había ido pergeñando un plan de actuación para devolver a la España de las estirpes el brillo y el oropel que antaño tuviera. Tuvo tiempo y no lo escatimó. Alertado por un amigo común, entre siesta y bostezo, Rajoy examinó a Fernández Díaz escuchando la Cadena Ser, emisora acusada de inclinaciones bolcheviques en la que el actual ministro de la Porra intervenía de tertuliano aguerrido.  Yo tengo carácter, se dijo Mariano frente al espejo, pero no me puedo desperdigar atendiendo todas las tareas, Fernández es el hombre que necesito, sobre todo después de haberle oído decir que lee con fruición al general Narváez, aquel que dijo eso de “tranquilidad viene de tranca y tranca de trancazo”. Yo quiero una España Grande y Libre y para andar ese camino necesito a alguien a quien como a mí no le tiemble el pulso, alguien que aunque no haya pertenecido a las buenas estirpes como es mi caso, haya sabido escalar manteniéndose inmaculado y virginal en el ideario que nos une, alguien que sea consciente de que Dios está de nuestro lado y sabrá compensar nuestros desvelos tanto en la vida eterna como en ésta, que es bastante más interesante. Se trata de encontrar a otro hombre al que le quepa el Estado en la cabeza y si en la cabeza no, en la porra, y ese hombre creo es Fernández Díaz. Lento de reflejos, pero nada atolondrado, Rajoy puso su designio en cuarentena para disipar cualquier duda que pudiera surgir respecto a la elección. Un día, después de jugar con los playmóvil, mientras dormitaba en el sofá de casa, Pedro Arriola desató sus iras. Te he dicho que no me interrumpas mientras me concentro, no te paso ni una más. Ya, pero es que he encontrado un número de Religión en Libertad que considero del máximo interés para solventar las pequeñas dudas que todavía tienes sobre Fernández Díaz. Bien, bien, pero que no vuelva a suceder. Lee, lee. Arriola, sentado frente al ordenador que todavía olía a Super Mario Bross, tecleó google y luego el nombre y la fecha de la revista digital, enseguida salió en la pantalla una jugosa entrevista con el discípulo de San Escrivá de Balaguer y candidato a máximo responsable de la Ley y el Orden:

“-¿Qué cambió todo? –La convicción plena de que mi vida sólo tenía sentido a la luz de Dios. A partir de ese momento, Él empezó a tener más presencia en mi vida. Es en ese sentido con el que hablo de conversión.  -¿En qué consiste su vida con Dios? –Digamos que mi plan de vida está muy próximo a la espiritualidad del Opus Dei: Ir a misa todos los días, rezar el Rosario, hacer un rato de oración, otro de lectura espiritual… -¿Qué pasó en 1991? –Me encontraba de viaje oficial en Estados Unidos invitado por el Departamento de Estado. Un fin de semana nos llevaron a Las Vegas. Allí, por medio de un gran amigo, que sin duda fue un instrumento de la providencia de Dios, Él salió manifiestamente a mi encuentro. Lo recuero y pienso en San Pablo: Dónde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia… -¿Cómo vive la política? –Como un magnífico campo para el apostolado, la santificación y el servicio a los demás…”. Estupendo Arriola, definitivamente es mi hombre. Ya no hay dudas. Ahora vete, que dan una corrida de toros en el plus. Y así fue como Fernández Díaz se convirtió en Conseller en Cap de Mariano Rajoy.

Sabedores ambos de que durante la campaña electoral habría que comprometerse a cosas disparatadas como mantener la Sanidad y la Educación Pública, no tocar las pensiones, y hacer otras muchas que no estaban ni esbozadas en el programa visible del partido, la suerte estaba echada: Fernández Díaz, como antes Santiago Matamoros, porra en mano, sería el brazo ejecutor del cambio histórico que iba a suceder durante la legislatura: Regresar al país desde la democracia al franquismo sin necesidad de utilizar, de momento, a las fuerzas armadas. Y con ánimo nunca conocido, inició la obra majestuosa que sólo la Historia y el Tiempo sabrán evaluar en la dimensión inmensa que hoy, por la proximidad, se nos impide apreciar. En su reinado jamás volvería ocurrir una cosa tan hedionda como lo del 15M en la Puerta del Sol, la policía estaría rauda en cualquier lugar en el que la ciudadanía decidiese mostrar voluntad distinta a la que depositó junto a su voto aquel 20 de noviembre glorioso. Después de más de treinta años de comunismo, había que meter a España en cintura y decir de forma contundente a los españoles que lo suyo era oír, ver y callar.

La crisis estaba en todo lo alto y el ambiente era muy tenso. Aquí no podía pasar lo que la televisión decía sucedía en Grecia o Portugal. Había que demostrar sin dejar lugar a dudas que en adelante el palo sería la única forma de diálogo social. Ayudado por Gallardón en la abolición de cualquier ley de carácter democrático y en la concesión de indultos, por Wert en la liquidación de la Educación Pública y por Ana Mato en el desguace de la Sanidad Pública y el reparto de globos y confetis, Fernández, que todos los días, antes de ir a misa, hablaba con Rajoy para interesarse por el estado de Super Mario, cogió su fusil. Ni Blesa ni ningún dirigente de las cajas y bancos quebrados por pésima gestión y otras cosas más graves tuvieron nada que ver en el inmenso daño causado a los ciudadanos, sin embargo fueron culpables por atentar contra los derechos de los trabajadores los ocho de Airbus, Katia, Ricardo y Gonzalo, Carmen y Carlos, Rubén y José Manuel, Tamara y Ana, Koldo y decenas de sindicalistas que osaron forma parte de piquetes en huelgas convocadas por organizaciones políticas prosoviéticas financiadas por Corea del Norte. Nada que decir sobre Gurtel, Noos, Emarsa, Brugal y demás tonterías aireadas por la prensa digital; nada de derecho a la huelga, a la libre expresión de ideas y opiniones, de derecho al aborto, al trabajo y la vivienda digna, nada de igualdad ante la ley, nada de aconfesionalidad del Estado, aquí el primer sitio al que han viajado los reyes nuevos que hemos impuesto ha sido al Vaticano, para dar ejemplo a los jóvenes, para levantar la moral diluida de los viejos, para que todos sepan que fuera de la Ley Divina no existe el Derecho, ni siquiera a la integridad física de los ya nacidos que disientan. La policía siempre tiene razón, te salte un ojo en Barcelona, te aporree en Madrid, o te multe en Donosti. No sois ni súbditos y la única forma de subsistir que tenéis es ser buenos aficionados al fútbol y obedecer ciegamente pues vuestras entendederas no están capacitadas para comprender el bien superior que defendemos. Trabajad por lo que se os de sin rechistar, aceptar las leyes de quien sabe legislar y vela por un mañana mejor para todos, denunciar al díscolo, santificar las fiestas y moriros, sí, moriros si andáis pasados de años, si no tenéis trabajo, si no tenéis dinero para pagar al médico estupendo que cura esa enfermedad grave que Dios te ha enviado para llevarte a su lado, al fin y al cabo, no hay mayor suerte que esa, verse reclamado por el Todopoderoso para pasar la vida eterna a su vera. Alabado sea el Señor. Amén.

De nuevo, el nacional-catolicismo habitó entre nosotros