martes 07.07.2020

Pellizco o navajazo

Hace años un conocido me contó lo que le ocurrió en una calle de Madrid. Cuando volvía a casa caminando a altas horas de la madrugada, le salieron al paso dos individuos y le exigieron todo lo que llevaba de valor. Mi amigo apenas tenía en su monedero unas cien pesetas, por lo que los asaltantes muy cabreados, tras arrebatarle las escasas monedas, le mostraron unas tenazas uno y una navaja el otro, dándole a elegir su castigo por no llevar suficiente dinero: pellizco o navajazo. El asaltado, viendo que no tenía otro remedio, eligió lo que sin duda le dolería, pero no le iba a matar y les señaló temblando las tenazas. Ni que decir tiene que aquello fue horroroso, le arrancaron un buen bocado de su brazo derecho y tuvo que ir corriendo a una Casa de Socorro (donde entonces atendían las urgencias). La herida le obligó a estar de baja una semana, pero la perspectiva de la navaja era mucho peor, porque le podía haber costado la vida.

Me he acordado de esta historia al contemplar el panorama de tertulias, declaraciones de políticos y editoriales periodísticos sobre el tan traído y llevado pacto del PSOE y UP con EHBildu. Hay una verdadera tormenta de opiniones al respecto: los que piensan que el pacto con Bildu, que para ellos es lo mismo que ETA, forma parte de la esencia del gobierno social comunista separatista y los que hacen una interpretación fina de lo ocurrido y sitúan a Sánchez e Iglesias en la estrategia de la búsqueda de una nueva mayoría, ahora que les falla ERC y que Ciudadanos se abre a negociar. Incluso hay tertulianos progres que aseguran que todo ha sido una pasada de Lastra, que Sánchez no lo sabía y quienes afirman que no, que la decisión fue de Sánchez, que está podemizado. Estos en particular vierten ríos de lágrimas por la, según ellos, sensata patronal e incluso por el PNV, solo ante el peligro. Y desde luego el problema ya no es el coronavirus, sino el acuerdo con Bildu y a partir de hoy también el cese de Pérez de los Cobos: ¡Más madera, es la guerra!

¡Qué casualidad, cuánta coincidencia entre la derecha más derecha y la gauche divine! ¿Por qué este gobierno infame entre el torniscón o la puñalada, no ha escogido la segunda y por qué se resiste a morir? Porque si hubiera tirado para adelante sin la seguridad de que Ciudadanos estaba de vuelta de su excursión ruinosa a la extrema derecha y el Congreso le hubiera negado la prórroga al estado de alarma, habría caducado sin remedio.

¿Se imaginan a millones de madrileños y catalanes viajando como posesos por todo el país, como dice el refrán gallego con razón ou sin ela, mientras el nivel de contagio aún estaba muy alto? Cualquier trabajador sanitario, epidemiólogo o simplemente persona con sentido común, se echaría a temblar. Lo de los rebrotes no hubiera sido una posibilidad, sino una absoluta seguridad. Y no había, que sepamos, alternativa.

Perdón, sí la habría habido si existiera oposición democrática. Es decir, si el Partido Popular, al que los ciudadanos han enviado al rincón de pensar, hubiera aceptado el veredicto del pueblo soberano y ofrecido su apoyo al gobierno legítimo para mantener el imprescindible estado de alarma hasta acabar con el alto riesgo de extensión de los contagios.

Y los comentaristas del ámbito progresista que no cesan de mesarse los cabellos deberían pensar que el navajazo político, posiblemente mortal, nunca es elegible, frente al doloroso retorcimiento de tener que firmar un acuerdo en el Congreso con otra fuerza parlamentaria con la que se comparte muy poco, aunque se coincide en la necesidad de derogar una legislación laboral que aprobó el gobierno de Rajoy abortando la negociación entre patronal y sindicatos. 

Pellizco o navajazo