domingo 1/11/20

La liebre mecánica

Foto: Xunta de Galicia
Foto: Xunta de Galicia

Ya saben, las liebres mecánicas son esos señuelos que se utilizan para atraer a los galgos, que corren tras ellos cuando se les suelta. En política se utilizan muy a menudo señuelos para que los periodistas, ávidos de titulares, rellenen portadas digitales –y aún algunas de papel– y para que los tertulianos ocupen horas infinitas de cotorreo en las televisiones y radios del todavía reino de España.

Para usar este mecanismo hay que ser experto, no se puede ser tan manazas que se te note. Como pasa con la señora Ayuso, que ha intentado mil y una veces despistar al personal con relación a su absoluta ineficacia para afrontar la pandemia en la Comunidad de Madrid, dando lugar a un esperpento político cada vez mayor. Para muestra el último, sobre la adjudicación al Grupo Quirón de la contratación de veintidós rastreadores, cuando una comunidad con casi siete millones de habitantes necesitaría un mínimo de mil setecientos (1) especialistas dedicados a seguir el rastro de cada contagio. Pero lo de Ayuso no tiene remedio. Sería de carcajada permanente si no fuera porque son vidas humanas las que están en juego y ya hemos perdido demasiadas como para reírle las trapisondas a esta política.

El maestro en el uso de las estratagemas de despiste es, sin duda, Núñez Feijoo. El presidente de Galicia, recién reelegido “cum laude”, apenas nos recuerda ya al balbuceante candidato que se fotografiaba en 2006 con una manguera doméstica, mostrando cómo había que actuar frente a los incendios que, según él, Touriño no era capaz de apagar en la Galicia abrasada de aquel año. Algunos gallegos entonces le llamaron “O da mangueiriña”, pero con su estrategia consiguió la primera mayoría absoluta en 2009 y hasta hoy. A pesar de que bajo sus gobiernos es mucha la tierra quemada. Solo en el último mes de julio el fuego se ha llevado por delante mil hectáreas y una vida humana en Ourense.

No obstante, hay que reconocer que su triunfo no ha sido un capricho del destino. Ante la pandemia fue capaz de ser interlocutor crítico de Pedro Sánchez, sin caer en el ridículo del equipo de Génova y muy distanciado de las locuras de la presidenta madrileña. Aquel comportamiento, unido al hecho de que Galicia sufrió menos la epidemia, no cabe duda de que le reportó un buen rédito electoral.

Ahora, que parecen pintar bastos en los rebrotes que súbitamente aparecen por doquier, ha soltado esta liebre mecánica: “la obligación general de uso de mascarilla… solo podrá exceptuarse por causa del consumo de tabaco o de cigarrillos electrónicos, exclusivamente durante el consumo en la vía pública o en espacios al aire libre, incluida la terraza, y siempre que pueda mantenerse en todo momento la distancia mínima de dos metros con otras personas”.

Y claro, todos los galgos mediáticos salen detrás como descosidos y ya no hablan de otra cosa. Los médicos aplauden la medida, explican los inconvenientes sanitarios de fumar. Aunque esto para nada se prohíba o limite.

Y es que esta disposición es como prohibir viajar a la Luna contagiado. Nadie puede estar en contra. Fumar mata, ya lo sabemos, pero a ver quién es el guardia que determina que alguien se quita la mascarilla para fumar a menos de dos metros y va con una cinta métrica midiendo las distancias de los fumadores en las terrazas.

Hay que reconocer a Feijoó su capacidad para despistar a la opinión pública. Ha conseguido que no se debata sobre los rastreadores necesarios en Galicia, ni acerca de la situación creada por los recortes sanitarios, ni de la que se viene encima con el inicio del curso escolar sin recursos humanos suficientes.

Homero dejó para la posteridad que la astucia es mucho más rentable que el exabrupto para obtener un fin. Este es el caso de esta liebre mecánica.


(1) Si se toma la referencia de Alemania aproximadamente: 1 cada 4.000 habitantes.

La liebre mecánica