domingo 23.02.2020

La hora de la verdad en el PSOE

Si, como pretenden González y otros, consiguen echar a Sánchez y apoyan un gobierno del PP, el PSOE habrá iniciado un descenso sin fin hacia la irrelevancia como instrumento útil de la clase trabajadora y de la España plurinacional diversa en la que vivimos

En el PSOE ha llegado la hora de la verdad. Los debates sesgados, las discrepancias camufladas de falsas unanimidades, han cristalizado en un debate a cara de perro sobre una cuestión de fondo que lleva el partido arrastrando desde aquel “me cueste lo que me cueste” de  Zapatero de 2010: la concepción de la izquierda en la sociedad española actual.

El PSOE se enfrenta de pronto ante lo que quiere ser en el futuro: un partido de izquierdas, independiente de los poderes fácticos económicos, políticos y mediáticos o una versión compasiva del neoliberalismo dominante.

A veces la vida lleva a los personajes de la farsa de la vida a interpretar papeles insospechados y este es el caso de Pedro Sánchez. Sea por ansia de mantenerse en el poder, como argumentan muchos de sus detractores o sea por mantener una postura coherente, la verdad es que al Secretario General del PSOE actual le ha tocado representar el papel de defensor de un modelo de izquierda que, a toda costa, se quiere torpedear desde los grandes poderes económicos de nuestro país.

Tras la rendición del gobierno de Zapatero ante las presiones de esos poderes que, tras desatar la crisis económica y sin solución de continuidad, decretaron las medidas a aplicar, la derecha política se ha ido haciendo cada vez con más cuota de poder. Y esto no ha pasado por casualidad, sino porque desde entonces hasta acá se han ido desmontando, pieza a pieza, los instrumentos de defensa de los intereses de la clase obrera y de las clases medias, al tiempo que se procedía a un retroceso de los avances sociales que configuraron el mínimo Estado del Bienestar que llegamos a alcanzar.

Sin embargo no todo ha sido un camino de rosas para la derecha. La respuesta vino fundamentalmente de la calle y desde el “15 – M”, hasta hoy, han sido millones de personas las que se han movilizado contra la hoja de ruta trazada por ella. Y eso se ha plasmado en parte en la aparición en el ámbito progresista de una nueva fuerza política muy potente, que es Podemos y sus diversas confluencias y mareas regionales. Por su parte, el PP entró en una crisis profunda de representación en varios territorios y en su propia cúpula debido a la corrupción institucionalizada, lo que llevó in extremis a rescatar del ostracismo anti catalanista a Albert Rivera lanzando una nueva marca política pretendidamente centrista.

Pero ninguna maniobra le ha salido del todo bien al complejo de poder económico - mediático y resulta que Rivera no ha sido capaz de sumar a Rajoy lo que le faltaba para configurar un gobierno que continuase y profundizase en la hoja de ruta de hegemonía política al servicio del desmontaje de los avances sociales.

Tras volcar toda su potencia de fuego sobre Podemos y no poder evitar los apoyos mutuos que han permitido gobiernos de cambio en varias comunidades autónomas y municipios, resultó que ese partido resistió bastante bien. El panorama, tras las nuevas elecciones exigía ya una única solución: había que lograr a toda costa el apoyo del PSOE.

Pero una vez más les falló la estrategia. Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez  salió respondón y dijo aquello de “no, es no”. Y si todo hubiera quedado en eso,  pensaron que con unas nuevas elecciones se podría arreglar. Lo que no contaban era con que Sánchez anunciara que estaba dispuesto a intentar un gobierno alternativo con el apoyo explícito de Podemos. Y ahí desataron la tempestad.

Desde que lo anunció, lo importante y vital para España (así, llenándose la boca con la palabra) ha pasado a ser “que haya gobierno”. Al parecer no importa de qué tipo y para qué. Nunca hubo tanta sintonía entre periodistas, tertulianos y comentaristas de todos los pelajes. De pronto, el problema, para grupos mediáticos como PRISA, que siempre ha pasado por “progre” y en ese caladero ha buscado su clientela, ya no es el PP, el inmovilismo de Rajoy o la corrupción, es el PSOE y en los últimos días, sin cortarse un pelo: Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez, es el objetivo a batir por los que quieren un apoyo del PSOE al PP, que coinciden objetivamente con los que, en el interior del partido y por motivos diversos, quieren defenestrar a Sánchez.

Así, se ha llegado en el PSOE, a la hora de la verdad. ¿Será en el futuro una fuerza relevante de la izquierda, capaz de entenderse con otras izquierdas, en el ámbito general, regional o local, para configurar gobiernos de progreso o será una muleta del PP, listo para una especie de gran coalición no declarada en todos los ámbitos?

Si, como pretenden González y otros, consiguen echar a Sánchez y apoyan un gobierno del PP, el PSOE habrá iniciado un descenso sin fin hacia la irrelevancia como instrumento útil de la clase trabajadora y de la España plurinacional diversa en la que vivimos. La derecha habrá culminado con éxito sus objetivos, por ahora.

La hora de la verdad en el PSOE