domingo 23.02.2020

Buenismo

La derecha la convirtió en un arma dialéctica contra el gobierno socialista anterior y ahora vuelve a utilizarla de manera general contra Sánchez

La primera vez que escuché la palabra buenismo fue hace ya bastantes años, cuando un alto cargo diplomático español nos explicó a los participantes en una recepción oficial, con toda clase de detalles que aumentaban conforme se incrementaba su nivel etílico, lo que para él era la diferencia entre la política de mano dura con la inmigración del gobierno danés y el buenismo que practicaba Zapatero. Por supuesto que lo decía con un sentido absolutamente despectivo para el gobierno del Estado que él representaba en aquel país. Sin duda la prudencia no estaba entre las actitudes que había aprendido en la Escuela Diplomática.

Desde entonces hasta hoy, la palabra buenismo se ha utilizado de manera profusa. La Real Academia Española la define como actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”. La derecha la convirtió en un arma dialéctica contra el gobierno socialista anterior y ahora vuelve a utilizarla de manera general contra Sánchez. Me dirán que esto no es ninguna novedad viniendo de quien viene y es cierto. Lo chocante es que el último en anatematizar el llamado buenismo es nada menos que Julio Anguita

En una larga entrevista [1] concedida a un diario nacional, con motivo de la publicación de varios artículos, Anguita explica lo que para él significan Trump y Salvini. Su opinión, salvando que según dice no son santos de su devoción, no es negativa porque considera que hacen lo que el pueblo reclama.

De Trump llega a asegurar “que lo que ha hecho está muy bien hecho, pero él es un indeseable”. Y sobre el gobierno italiano se reafirma en lo publicado: que “está asumiendo la defensa de las clases populares”, porque “lo que emergió en las elecciones del 4 de marzo es una auténtica rebelión popular contra la UE, similar a la que se produjo en Gran Bretaña con el brexit” [2].

Se declara, no faltaría más, contrario al fascismo, pero le parece bien lo que están haciendo los euroescépticos italianos, ya que, desde su punto de vista, todos los males provienen de la Unión Europea “que se vertebra a través de Maastricht, Ámsterdam, Niza y la Conferencia de Lisboa”.

Sobre la inmigración pregunta: “Compañeros del buenismo, ¿pueden venir millones?” Se responde a sí mismo: “Lo que está pasando aquí ya ha pasado en la historia de la humanidad. Las migraciones acabaron con el Imperio Romano y fue por fases”. Y cuando la entrevistadora le señala que su argumentación es similar a la de Vox, lo niega afirmando que no está de acuerdo por ser el de dicho partido un discurso insolidario y el habitual del fascismo, cosa que él no comparte.

La reaccionaria perorata contra el llamado buenismo de aquel diplomático español y la reflexión del Anguita de hoy, malgré lui, tienen mucho en común.

Las posiciones de la nueva derecha y de una parte -afortunadamente pequeña- de la izquierda coinciden, como explicó Hobsbawm al escribir sobre el origen de los “movimientos no tradicionales de la derecha radical” de la Europa de fines del siglo XIX, en una “reacción contra el liberalismo (esto es, contra la transformación acelerada de las sociedades por el capitalismo) y contra los movimientos socialistas obreros en ascenso y, más en general, contra la corriente de extranjeros que se desplazaban de uno a otro lado del planeta en el mayor movimiento migratorio que la historia había registrado hasta ese momento.” [3]


[1] Entrevista de Ángeles Escrivá a Julio Anguita en El Mundo, 9/10/2018.
[2]  Héctor Illueca, Manolo Monereo y Julio Anguita. “¿Todos los gatos son pardos?” y “¿Fascismo en Italia? Decreto Dignidad”. Artículos publicados en Rebelión 15/9/2018 y en Cuarto Poder 5/9/2018.
[3] Hobsbawm, Eric. “Historia del siglo XX”. Ed. Crítica. Barcelona, 2003.

Buenismo