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sábado 28/5/22

Los 'marianosaurios' cabalgan de nuevo

No me cuento entre los admiradores incondicionales de Mariano Rajoy, y a las pruebas me remito. Pero eso no me impide valorar como se merece su reelección a la búlgara como presidente del PP: 95,6% de los votos, se dice pronto.

La gran virtud de Mariano Rajoy es que está decidido a perdurar a toda costa. Pertenece a una casta de políticos que nunca se distinguieron por su oratoria ni por el flujo brillante de sus propuestas, sino por la prontitud y rapidez de reflejos con la que impidieron en todo momento que alguien, cualquiera, intentara moverles la silla de debajo de las asentaderas. Le sucedió a Franco, que dio (a Foster Dulles, si no recuerdo mal) como receta de su longevidad política el hecho de que él nunca se metía en política. Le sucedió a Jordi Pujol, que marchitó bajo su sombra alargada a algunas de las especies florales más prometedoras del catalanismo: los Trías, los Roca, los Molins. Mariano no ha sido menos: ha situado en el rincón de los perdedores a pesos pesados como Gallardón y Aguirre, y esa cifra mágica del 95,6 habrá impactado sin duda por debajo de la línea de flotación en las expectativas de otro monstruo de la derecha, Josemari Aznar, que ve desbaratados con ese manotazo sus minuciosos preparativos para un revival con visos de acontecimiento que seguramente ya nunca se producirá.

Mariano es el auténtico macho alfa de nuestra manada política. Lo ha demostrado el año pasado midiéndose con tres aspirantes al trono mucho más jóvenes y metrosexuales que él mismo. Derrotó a Sánchez, a Iglesias y a Rivera de una tacada y sin mover un meñique; si bien delegó en algún momento el mando de su escuadra en la menos torpe de sus dos almirantas, la menina Santamaría, a la que envió a luchar contra los elementos de un plató televisivo en el que él no acaba de encontrarse a gusto. Pero el éxito (minoritario, no se puede tener todo) en ese desafío global tiene mérito, joer, y así lo reconocieron cientos de miles de memes y de tuits cuando se rieron de Mariano sin piedad, aunque con envidia. Yo mismo no puedo negar haberle llamado Marianosaurio y clasificado como una especie a extinguir.

Acepto lealmente que me equivoqué de medio a medio. Nos ocurre de vez en cuando a los que ejercemos de profetas sin título. No es grave. También ha anunciado el mundo científico en todos los tonos que los dinosaurios están extinguidos, y en estas que han fotografiado a uno vivo, en el Mato Grosso o por ahí.

Disfrutemos todos, así pues, de Mariano mientras nos dure, en buena paz y compaña, y brindemos alegremente por su próxima y deseable extinción definitiva. Con cava catalán a ser posible, no la liemos de nuevo con boicoteos, el país necesita estar muy unido en este trance espantoso e imprevisto, cuando los marianosaurios se han puesto a cabalgar de nuevo.

Los 'marianosaurios' cabalgan de nuevo