lunes 13.07.2020

¡Si no quieres caldo toma tres tazas!

Otra vez un presidente de EEUU nos viene con el mismo cuento de siempre para justificar su cruzada...

Otra vez un presidente de EEUU nos viene con el mismo cuento de siempre para justificar su cruzada contra el llamado Estado Islámico

Otra vez un presidente de EEUU nos viene con el mismo cuento de siempre para justificar su cruzada contra el llamado Estado Islámico. ¿Esta vez tampoco le habían informado adecuadamente los servicios secretos americanos de la dimensión de la amenaza integrista? Son ya demasiadas veces y me temo que esta tampoco  va a ser la última.  O bien los servicios secretos americanos  son unos auténticos incompetentes, o a lo que realmente se dedican es a marear la perdiz, es decir, a engañar bobos. Lo peor de todo es que en cualquiera de los supuestos el resultado es el mismo: miles de muertes y millones de desplazados, destrucción de regiones o países enteros y desarrollo de la anarquía en cada lugar, en cada esquina, en la que ponen la mirilla intervencionista, además de la  multiplicación de los mal llamados “daños colaterales”, que afectan la inmensa mayoría de veces a las poblaciones civiles.

Ahí están, ahí siguen, los ejemplos de Afganistán e Irak, los de Libia, los de Somalia y tantos otros. Donde ponen la mano reina el desbarajuste y el desgobierno excepto en los pozos de petróleo. Resulta sospechoso. Mientras se pugna por el control de los yacimientos en Siria y en Irak, los precios del crudo siguen a la baja al tiempo que circulan por los puertos más importantes del mundo petroleros piratas, ofreciendo petróleo chafado a Libia, a Siria y a Irak en medio del “caos” generado por la intervención y la injerencia de Estados Unidos y su sui géneris alianza. 

¿Quién compra ese crudo? ¿A quién se lo pagan y donde se ingresa el dinero? ¿A qué se destina ese dinero y con qué fin? Ninguna respuesta a tanto interrogante. De esparcir el humo y el polvo para nublar la vista y adormecer los sentidos se encargan las grandes corporaciones mediáticas que reparten doctrina difundiendo lo que convenga en cada momento y en cada lugar. Es patético comprobar la uniformidad del discurso mediático en los rotativos de los periódicos de mayor tirada, desde Washington hasta Estocolmo pasando por Roma, Madrid, Londres, Paris, Tel Aviv, etc. Todos hablan de las intervenciones de la que se ha dado en llamar la alianza internacional contra el terrorismo islamista, sin que se les ocurra una sola vez preguntarse de donde emana  la legitimidad de dicha intervención. La legalidad internacional ha quedado a merced de las bombas, de extrañas alianzas y de los persistentes errores de los servicios secretos. Extrañas alianzas entre un puñado de países occidentales con Arabia Saudí y Qatar que pretenden, según sus propias aseveraciones, restablecer justicia y ecuanimidad en la zona. Asociar justicia y ecuanimidad con Arabia Saudí y Qatar es  el colmo de los colmos.   

Un refrán árabe dice algo muy sencillo pero justo y directo: “el que no tiene una cosa no la puede dar”. Parece tan obvio que tal proverbio ni siquiera debería ser evocado. Pese a ello algunos países persisten en asesorarse con servicios de inteligencia que, desgraciadamente, se equivocan demasiadas y sucesivas  veces en esa zona del mundo. Pero, pese a la sucesión de errores mayúsculos, cuyas consecuencias sufren aun hoy muchos de los pueblos de la zona, aún se persiste en seguir caminando por las mismas vías. A quien se le ocurre a estas alturas ir de la mano de las monarquías autocráticas del golfo para  dibujar o redibujar el área, si no es por algún motivo interesado, que quieren oculto y que probablemente se aparenta con el “crudo”.

Un amigo mío de un país árabe, rico en petróleo, me dijo en cierta ocasión: “qué suerte tenéis en Marruecos por no poseer ni gas ni crudo, porque enseguida te ponen las manos encima y no las quitan hasta que te dejan esquilmado. ¡Debo admitir que esa reflexión me dejó preocupado porque últimamente están hablando en Marruecos de unas prospecciones petrolíferas muy prometedoras, según las multinacionales a las que se les encargó husmear por los subsuelos morunos!

Volviendo al crudo pirateado, esos traficantes del petróleo me recuerdan a los grandes bufetes de abogados afincados en las capitales europeas con Londres y Paris a la cabeza gestionando el dinero de los rescates de las víctimas secuestradas, en su mayoría occidentales,  en Oriente Medio, en el Norte de África, en el cuerno de África o en la África subsahariana. Ahí los tienes, son legales y cobran exorbitantes minutas porque eso requiere tino y maneras cosa que sólo se da curiosamente en los bufetes situados en las capitales de los países de las víctimas de esos secuestros. 

¿Y qué decir del circuito bancario por donde circula el dinero tanto de los rescates como del petróleo pirateado? Es legal en la misma medida que lo es el dinero que circula por los paraísos fiscales, con la diferencia del cobro de unos gigantescos intereses, que se asemejan a la descomunal minuta de los bufetes de abogados arriba mencionados. El olor a chamusquina, a sangre y a muerte de esos fajos  va desapareciendo paulatinamente una vez que empieza a saltar de una mano a otra, de un banco a otro y de un paraíso fiscal a otro hasta que se diluye en el agujero negro del blanqueo de capitales.  

Os acordáis del general Powell, ministro de la guerra de Bush, exhibiendo en la sede de la ONU la bolsita de cal acusando a Sadam de querer borrar a la humanidad de la faz de la tierra con armas de destrucción masiva, para intentar obtener una resolución que los cuatro mosqueteros de las Azores, entre las volutas de humo de los puros con que se obsequiaban, dibujaban las siluetas en el espacio que les sirvieron de  inspiración para trazar las  nuevas demarcaciones del nuevo orden en Oriente Medio. Pues bien, esos puros siguen emitiendo humo, siguen dibujando siluetas y por supuesto sigue habiendo los que se dejan inspirar por ellas y por los errores de las diferentes  agencias de inteligencias que alimentan la voracidad de los  distintos ministerios de la guerra.

Para acabar y por el bien de la especie, después de lo visto durante la última y enésima salvajada de Israel contra el pueblo palestino, afirmo con la mayor fuerza que eso no puede quedar impune y seguir como si lo que pasa en toda la zona no tiene nada que ver con los derechos históricos del pueblo palestino. Que conste que me he auto censurado hasta que pase un cierto tiempo para no verme condicionado por los actos criminales y por  las dantescas imágenes.   Un pueblo que fue víctima de uno de los mayores horrores de la humanidad no puede infligir a otro pueblo castigos colectivos que van desde la aniquilación física de miles de niños, de mujeres y de ancianos  hasta la continua incautación de territorios, de propiedades, de cosechas y árboles sin el menor rubor y sin el menor miramiento, con un embargo criminal que encierra a todo un pueblo en una espantosa cárcel.

El rubor de la llamada comunidad internacional lo dejo para otra ocasión, yo hablo de la sociedad judía tanto de la que vive en Israel cómo de la que  está esparcida por el resto del mundo. ¿Cómo toleran que diputados del Parlamento israelí salgan diciendo en público: después de matar a los niños palestinos hay que matar a las madres de esos alacranes? ¿Cómo pueden personas normales ir a las colinas a contemplar y jalear en tumbonas los bombardeos sobre la población civil de Gaza? ¿Cómo puede subir Netanyahu a la tarima de las NN.UU. para decir que su ejército es un ejército exquisito? 

Los dirigentes políticos, y una buena parte de la sociedad están convirtiendo a Israel en un país enfermo y peligroso para sí mismos y para el resto de los mortales. Siguen fingiendo ser las víctimas para luego clavar sus fauces en la yugular de  quien se le ocurra hacer un mínimo símil entre lo que cometen y lo que padecieron ellos a manos de  los nazis. Es una pérdida de juicio y de memoria colectiva que va a arrastrar a una hecatombe. Hoy mismo antes de escribir este artículo he leído una entrevista al escritor israelí Edgar Keret en la que dice: “Si tu opinión es fascista o racista no tienes problemas en Israel”.  Claro que no, ahí está el ministro de exteriores israelí que no esconde su tufo racista y fascista respecto de los palestinos, y por ende contra los que no son o no piensan como él como es el caso del mencionado escritor. Y ahí sigue vomitando erudición por las cancillerías con toda tranquilidad y toda normalidad.

Existió un régimen de apartheid en Sudáfrica que, gracias a la solidaridad internacional y a la lucha del pueblo sudafricano, se le pudo hacer frente y poner freno iniciando con ello la construcción de un país democrático. Eso es lo que se tiene que imponer a Israel cuanto antes, para dar cabida a dos pueblos y a dos países que vivan en paz y en seguridad compartida, no hacerlo podría abocarnos a situaciones más críticas, a escenarios de mayor horror y al peligro de un incendio incontrolable en todo el medio oriente.

¡Si no quieres caldo toma tres tazas!