sábado 19.10.2019

Cuando un tabú puede matarnos en vida

Imagen de archivo.
Imagen de archivo.

¿Sabéis esa sensación de cuando se te hace un nudo en el estómago, un escalofrío te recorre todo el cuerpo y un pensamiento casi duele? Así me sentí yo cuando escuché como una compañera de Actúa Barcelona me contaba la brutalidad de la “Manada de Manresa” a cuya víctima están apoyando. Sólo los que están cerca de la familia conocen los detalles, pero no es necesario, sólo con leer lo que los medios están publicando estos días en torno al juicio contra los 7 hombres que se turnaron para violar a esta niña, de 14 años entonces, 16 años ahora, es suficiente para que se te desgarre el alma.

Apenas unos días después de la histórica sentencia de la manada dictada por el Tribunal Supremo y de la que apenas ahora estamos conociendo los detalles, de nuevo tenemos que ver cómo la fiscalía sólo ve abuso donde claramente hubo violación. Todas aquellas que seguimos este juicio estamos expectantes por saber cómo puede influir que el máximo órgano judicial haya dejado de manifiesto que el sólo el consentimiento expreso es válido.

Y mientras, las agresiones se siguen produciendo y cada vez de una manera más brutal. Sólo en la última semana hemos ido casi a agresión por día, o incluso más como el caso de la zona del Port Olimpic de Barcelona, donde se investigan dos denuncias de agresión sexual que habrían ocurrido la madrugada del jueves, una de ellas a una menor. Ya sean españoles, suecos, alemanes o de cualquier otra nacionalidad, pareciera que demasiados hombres le están cogiendo el gusto a esto de violarnos en manada. ¿Qué está ocurriendo? ¿Puede una sentencia como la del Supremo pararlo todo? Evidentemente no, eso es sólo una pieza. La situación de acoso, desprecio, cosificación y violencia sexual a la que estamos sometidas las mujeres tiene una raíz mucho más profunda que bebe directamente de prácticas como la prostitución y la pornografía, pero sobre todo de la dejadez de un gobierno que no toma medidas drásticas por la abolición de la primera, el control del segundo, pero sobre todo por la implantación de una educación afectivo-sexual en todos los niveles educativos. Acabar con la “cultura de la violación” debe ser prioritario, y estas medidas, incluidas algunas en el Pacto de Estado Contra la Violencia de Género, no pueden seguir en cajones.

La situación de acoso, desprecio, cosificación y violencia sexual a la que estamos sometidas las mujeres tiene una raíz mucho más profunda que bebe directamente de prácticas como la prostitución y la pornografía

El último estudio Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales elaborado por la Red Jóvenes e Inclusión Social y la Universitat de Illes Baleares, dice que la media de edad de los jóvenes para acceder a la pornografía es de 14 años, pero que hay niños que ya lo hacen desde los 8 años. A esa edad, algunos padres seguimos pensando en a ver cómo les explicamos lo de la semillita. ¿No nos damos cuenta? Y no es que los peques sean una especie de demonios que buscan “impuros” contenidos, sino que simplemente se los encuentran, y si no son ellos, son sus amigos, y si no, simplemente lo ven en los vídeos musicales, o lo escuchan en las letras de las canciones. El tiempo en el que un chaval tenía que hacer malabarismos para acceder al porno pasó, deberíamos asumirlo ya. Es más, creo que a estas alturas no hará siquiera falta que les cuente que gran parte del porno que consumen los jóvenes parece inspirado en cada una de las manadas que nos encontramos en la prensa y que tanto nos escandalizan. Es más, cuanto más real, mejor.

El daño que esto produce en los jóvenes, en su percepción de lo que es un comportamiento normal, es enorme, produciendo brutalidad en ellos, hipersexualización y casi sumisión en ellas. Y mientras todo esto ocurre en la mente de los jóvenes, sólo el 12% de los adolescentes de nuestro país recibe información sexual de sus padres según dicta el estudio “Relaciones afectivas y sexualidad en la adolescencia”, de Liga Española de la Educación. Y por supuesto, tampoco la recibe en la escuela, como sí pasa en otros 19 países en la UE, entre los que están Francia, Alemania o la avanzada Noruega. Para nuestros políticos, la demandada educación afectivo-sexual sigue siendo sólo una medida pendiente en el ya citado Plan de Estado Contra la Violencia de Género, no importa que lo soliciten los movimientos feministas, que sea una medida probada o que incluso la UNESCO la vuelva a poner en valor en su último Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) del pasado mes de junio. Nosotros a nuestro ritmo.

Pues bien, no sólo vamos a no permitir ni un paso atrás, sino que vamos a empezar a correr. Es hora de abordar estos dos grades retos: la transformación de la masculinidad hegemónica en una que se crea esto de la igualdad y la abolición de cualquier tipo de práctica que cosifique nuestros cuerpos. El feminismo es un movimiento altamente reflexivo, que está más que preparado para ponerse a disposición de las políticas públicas, pero además es increíblemente combativo, y por eso este lunes saldremos a las plazas a gritar “No estás sola”. Tomen un rato en leer lo que está ocurriendo, miren a su alrededor, observen, y llegarán a la conclusión de que tiene todo el sentido que el movimiento feminista ya no hable de manada sino de jauría en el caso de la chica de Manresa. Recuerden, 7 hombres que se turnaban para violarla a razón de 15 minutos cada uno.

Cuando un tabú puede matarnos en vida