sábado 29/1/22

Un hostal, una sede, unos sueños rotos...

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Aquí estaba la primera sede confederal de la USO tras la legalización en Abril de 1977. En la 1ª planta del número 13 de la calle de La Salud, en Madrid; una calle que arrancaba –y arranca- en la Gran Vía e iba discurriendo, con cambios de nombre, hasta llegar a la Puerta del Sol, pasando por la Plaza del Carmen.

La sede había sido antes un humilde hostal –en esa zona hay miles- y se adaptó en tiempo record. Creo recordar que el alquiler costaba unas 20.000 pesetas mensuales (sobre 130 euros). Con el paso de los años veo en la foto que ha vuelto a ser un hostal de flamencas resonancias, “Triana”.

El mismo día de la legalización, un 28 de Abril del 77,  por la tarde, colgamos un enorme tablón que abarcaba los tres balcones de la fachada, que ponía UNION SINDICAL OBRERA en grandes letras rojas sobre fondo blanco. Después de tantos años de clandestinidad e ilegalidad nos hacía tal ilusión salir a la luz que bajábamos a la calle una y otra vez para ver el tablón y comprobar desde qué distancia se leía bien el nombre de nuestro Sindicato recién amanecido a la libertad.

El tablón lo habían hecho allí mismo dos compañeros de la construcción venidos expresamente desde Murcia para vivir aquel momento histórico: Enrique Cabezas, un lider muy carismático con sus añitos ya entonces, y Pepe Sáez, un adolescente al que el primero llamaba cariñosamente “mi finca”. El adolescente, negruzco, peludo, hiperactivo, con unos ojazos y una mirada viva y en tensión permanente, fue detenido por primera vez con 13 años un 1º de Mayo obviamente reprimido en la Murcia de 1973; hoy es el Secretario General de la USO de Murcia, y un gran amigo, y conserva las rayas del tigre de lo que eran los sindicalistas de asalto. Enrique Cabezas vive, pero agobiado por la edad y los achaques. Todo mi cariño y agradecimiento para él y para cuantos fueron y vivieron como él…

Éramos tan jóvenes, tan ilusionados, que no ilusos, con tantas ganas de comernos el presente y el futuro a bocados, como precaria era nuestra situación e injusto el trato dado por la naciente Democracia al Sindicalismo que había luchado de verdad contra la dictadura y por la libertad.

Ya éramos legales y nos acogíamos a una ley de libertad sindical … pero con una mano delante y otra detrás en un hostalito de mala muerte a modo de sede confederal de alquiler. Los demás andaban más o menos así.

Es una pena que Adolfo Suarez y Santiago Carrillo se fueran sin explicarnos con detalle qué relación hubo entre la apropiación por el Estado del fabuloso patrimonio sindical construido con la cuota obligatoria de todos los trabajadores durante casi 40 años y la legalización del Partido Comunista, que se produjo unos días antes a la de los sindicatos.

Un hostal, una sede, unos sueños rotos...