jueves 26/11/20

Preguntas para una guerra

Cuando un fanático descerebrado se pasea con una cabeza sangrante por las calles de París y otros enloquecidos se lían a tiros en las civilizadas y preciosas calles de Viena, podemos colegir que alguien ha lanzado contra Europa a sus perros de pelea y ellos, obedientes, muerden a aquellos que sus amos señalan. Vale, eso es sabido y hace años que el Isis y demás iluminados por lo que ellos llaman su “yihad”, señalaron a Occidente como el destino de su ira y de sus deseos de hacer triunfar al Islam sobre todos los infieles. Sabemos, es un hecho, que lo primero que deberían hacer es aclararse entre ellos, que aunque en Occidente sufrimos su violencia, se despedazan entre ellos con una dedicación digna de mejor causa. El 95% de los muertos por violencia terrorista de origen islámico son musulmanes, que nadie se olvide de este dato. Chiitas y suníes pelean desde hace siglos y no parecen haberse cansado de hacerlo, la verdad.

Dicho esto: ¿qué vamos a hacer en Europa para ganar esta guerra declarada de forma unilateral?

Desde luego, no voy a ser yo, que ni tengo el conocimiento ni la preparación suficiente como para efectuar el diagnóstico correcto y proponer las soluciones adecuadas, el que ofrezca las ideas más geniales y adecuadas para alcanzar la necesaria victoria, pero sí me gustaría reclamar que empecemos a hacernos las preguntas correctas, esas que permiten solucionar los problemas.(Esta es una afirmación que mi jefe, ingeniero él, podría hacer sin problema, creo)

La historia nos demuestra que lo primero que hay que hacer en una guerra es ser conscientes de que la guerra existe, es real y nos afecta a todos como ciudad, nación o sociedad. No hay, hoy en día, una sola institución europea que haya lanzado el mensaje que la sociedad entera debería reconocer como llamamiento colectivo para abordar este problema como lo que es: una guerra. Cierto es que sólo un bando es el que está actuando como exige la experiencia de la guerra, pero eso no quiere decir que el otro, nosotros, Europa, no pueda y no deba defenderse con las normas que rigen una confrontación entre enemigos declarados.

¿Quién, en nombre de Europa y de occidente, va a escenificar el reconocimiento del estado de guerra? Misterio.

¿Sabemos, a ciencia cierta, cual es el enemigo al que debemos combatir? Cuidado con intentar contestar esta pregunta demasiado rápido, que la cosa es poliédrica y resbaladiza. Como no voy a caer en la trampa, me refugio en la necesidad de contestar otra pregunta: ¿Tenemos, hoy, un equivalente al Senado Romano, que esté estudiando a fondo este escurridizo acertijo? Cuidado con las respuestas pretendidamente sencillas a esta pregunta, que solucionar un problema no es hacer lo que hizo Alejandro con el Nudeo Godiano: pegarle un tajo y a otra cosa, mariposa. El equivalente actual del espadazo alejandrino lo tenemos en las soluciones fascistas y populistas que piden, como pidió en su día el famoso Abad  Arnau Amalric en el sitio de Beziers «¡Matadlos a todos. Dios reconocerá a los suyos!» Cuidado con el manejo de los titulares, que sólo empeoran las cosas.

Insisto en la necesidad de conocer la respuesta a una pregunta que muchos creen sencilla y que yo creo que es muy complicada ¿A quién hay que combatir en esta guerra?

Aceptado el estado de guerra y la necesidad de establecer adecuadamente la naturaleza y personalidad del enemigo y las estrategias adecuadas para la lucha, surge otra pregunta: ¿Sabemos de qué armas debemos dotarnos?  ¿Sabemos qué da resultado? Creo que podemos saber, si hay una análisis y un acercamiento adecuado, lo que NO ha dado resultado en los últimos 40 o 50 años, pero no tenemos un acercamiento global, adecuado y pertinente a la resolución del problema que ha generado el actual estado de cosas.

¿Quién está diseñando esas armas, esas medidas que debiliten la fuerza de las palabras que, desde el actual Alamut de las mezquitas, alucinan a los  modernos “hassassin”  que aterrorizan Europa? ¿Cómo proteger a esa mayoría irrelevante de pacíficos musulmanes y a nosotros mismos, del daño que hacen sus perros de la guerra?

Por mi parte, sólo puedo aportar el convencimiento de lo que considero un hecho cierto: debemos, podemos y se nos exige afrontar el actual estado de cosas con una visión nueva, adecuada y ajena a concepciones pasadas que se han demostrado claramente ineficaces.Pero también estoy convencido de que no hay, en Europa, un acercamiento político serio, un grupo de trabajo, un movimiento político institucional serio liderado por la UE o por el Parlamento Europeo en su conjunto, que esté, ahora mismo, metido de hoz y coz en el análisis y la resolución de todos los problemas que se relacionan con la contestación de estas preguntas. Si lo hay, se mueve en el silencio y no me ha llegado. Sólo me llegan las brutales medidas del populismo o los espadazos enloquecidos que pretenden cortar un nudo que se les escapa.

Ya que no nos preparamos para la guerra que hoy sufrimos, deberíamos prepararnos para vencer esa guerra que ni quisimos, ni empezamos ni deseamos, pero que debemos luchar y ganar. Nos lo exige la pervivencia de nuestro modelo de sociedad, que nadie lo dude.

Preguntas para una guerra