martes 19/1/21

Ganar el día

Por si alguien no se ha dado cuenta, confirmo que los ciudadanos estamos solos frente al desastre, nadie debe esperar ayuda, salvación o rescate. Es nuestra competencia el encontrar, en cada día, la motivación suficiente y necesaria como para  pelear lo que la jornada nos requiera.

Por desgracia, llevamos años acostumbrados a pensar que alguien debe hacerse cargo de solucionar nuestras vidas y los beneficios del estado de bienestar y una indudable estabilidad política, basada en una democracia plena llegada de la mano de la Constitución del 78, nos ha ido ablandando hasta dejarnos inertes frente al destino.

No podemos concedernos el llanto, no debemos dar espacio alguno a la desesperanza y hay que fijar la vista en el lejanísimo futuro del minuto siguiente

Es el español muy dado a reclamar la presencia de “la autoridad” cuando algo se le atraganta o le coloca en una situación comprometida, pero esa autoridad debe ser, a la vez, comprensiva con sus faltas, que él ya sabe lo que hace. Hasta Aznar reclamaba su libertad para conducir cocido como un piojo según su libre voluntad, sin intervención de ley alguna.

Pero la realidad de hoy, y de los próximos meses, nos exige enfrentarnos en solitario a dar lo mejor de nosotros mismos en favor de nuestro trabajo; nos obliga a construir, con nuestros compañeros de trabajo, un resultado excelente para cada tarea, para cada empeño y cada día. Nos deja solos frente al cansancio, frente al agotamiento de levantarse y tener que auto arengarse para encontrar el motor, el impulso, las ganas de no dejarse llevar por el desgaste de esa ilusión engañosa que nos presenta a los días como iguales, como ausentes de afanes y de empeños.

Hoy, y en los próximos meses, debemos imitar a esos golfistas capaces de enfrentarse a cada golpe como algo nuevo que nada tiene que ver con el golpe anterior, haya sido bueno o malisimo. Debemos conseguir, nosotros, aquello que les exigimos a los jugadores de nuestro equipo favorito, a los que pedimos que ganen el próximo partido aunque les acaben de de dar una paliza histórica.Debemos ser capaces de hacer realidad lo que pedimos a otros, pues ya no hay otros, no hay refugio para nadie: estamos solos ante cada nuevo día que amanece exigiéndonos lo mejor de nosotros mismos.

Hace mucho tiempo que Europa, tierra de desgraciadas guerras y desastres para sus pobladores, no se enfrentaba a algo que le exigiera lo mejor de sí misma y de su historia para aguantar, soportar y resistir esperando el renacimiento de una sociedad más fuerte y más potente. Ese tiempo de bonanza se ha terminado asesinado por el virus, que ha llegado arrasando la escasa capacidad de una clase política mediocre, adocenada, blanda y carente del temple necesario para ponerse frente a la tragedia encabezando la manifestación y el empeño colectivo.

Nos levantamos solos cada amanecer y nos acostamos rotos, derrotados y sabedores de que, mañana, volveremos a dar la cara frente al mundo para intentar hacerlo lo mejor posible, con nuestro mejor empeño, pidiendo el máximo de nuestra capacidad y ofreciendo a los demás la ayuda que nosotros mismos necesitamos y no tenemos, pero la ofreceremos sin esperar nada a cambio. Nobleza obliga.

No podemos concedernos el llanto, no debemos dar espacio alguno a la desesperanza y hay que fijar la vista en el lejanísimo futuro del minuto siguiente, ese que puede darnos la victoria; el que nos puede dar el empujón que necesitamos; ese que puede acercarnos al amigo para lanzarle una sonrisa cansada y cómplice. Nuestra vida se construye, toda, por esos minutos que debemos pelear como si nos fuera la vida en ello, porque sí, porque nos va la vida en ese pequeño y constante esfuerzo.

Ánimo, que llegará la victoria y llegará para todos, incluidos los muertos que lucharon como los buenos.

Ganar el día