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viernes. 07.10.2022

París - Dresde

Para los extremistas de cualquier campo, la monstruosidad del pasado miércoles es un abono impagable...

El crimen de la Rue Nicholas Appert ha sido perpetrado en un clima de ‘islamofobia’ creciente, que tiene en Dresde su epicentro más reciente

La masacre cometida en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo no sólo ha provocado el espanto y la indignación de todas las personas que valoran la vida humana y las libertades, sean de la creencia o cultura que sean, sino que constituyen un acontecimiento de enorme peligrosidad en los momentos actuales que vive Europa y Oriente Medio.

El crimen de la Rue Nicholas Appert (1) ha sido perpetrado en un clima de ‘islamofobia’ creciente, que tiene en Dresde su epicentro más reciente, pero del que encontramos manifestaciones cotidianas en otras muchas ciudades europeas.

Esta conexión París-Dresde, inspirada por la intolerancia, la ignorancia y el odio alumbra un “momento peligroso para las sociedades europeas”, en expresión lúcida y certera de Peter Neumann, director del Centro de Estudios de la Radicalización, perteneciente al King’s College de Londres (2).

Para los extremistas de cualquier campo, la monstruosidad del pasado miércoles es un abono impagable, porque supone un material propagandístico altamente manipulable. Quienes baten los tambores de la intolerancia no pueden encontrar inspiración más rentable que los actos brutales de los intolerantes opuestos. No debe de extrañar que Marine Le Pen dijera anoche, en medio de una conmoción general que aconsejaba mayor prudencia, que era hora “de poner fin a la hipocresía y proclamar con claridad lo que se piensan de este Islam”.

Puestos a señalar la hipocresía, los militantes de la intolerancia, en cualquier bando que se sitúen, hacen buen acopio de ella. Los integristas que acabaron con la vida de los humoristas gráficos se presentan como devotos y piadosos pero exhiben y practican un odio sin justificación ni disculpa. Muchos de los nacionalistas o ‘patriotas’ que se sienten amenazados por los inmigrantes de creencias islamistas, porque supuestamente “arrebatan el trabajo a los ciudadanos originarios del lugar donde viven”, suelen presentarse, como cristianos creyentes y practicantes.

LO QUE LA RELIGION (O LA ‘NACION’) ESCONDEN

Esta versión de guerra de religiones, o de ‘choque de civilizaciones’ como se ha intentado codificar con pretensiones más intelectuales, esconde el verdadero conflicto de las sociedades modernas: la crisis del sistema socio-económico hegemónico

Esta versión de guerra de religiones, o de ‘choque de civilizaciones’ como se ha intentado codificar con pretensiones más intelectuales, esconde el verdadero conflicto de las sociedades modernas: la crisis del sistema socio-económico hegemónico, la desequilibrada distribución de recursos y una desigualdad creciente. Las creencias son arietes de un malestar mucho más profundo y devastador, provocado por la imposibilidad de disfrutar de una vida digna.

Puede reclamarse, incluso con escándalo, que no es lo mismo manifestarse contra la ‘islamización’ de las sociedades occidentales, como en los ‘lunes de Dresde’ que resolver a tiros la indignación por la irreverencia de unos humoristas hacia signos e iconos de un sentimiento religioso. Sin duda. Pero la sociedad que inspira las movilizaciones de Dresde (como símbolo: hay muchas otras), incuba políticas y mecanismos de una concepción política y social que, de imponerse, justificaría la conculcación de derechos y libertades, como la historia nos ha demostrado trágicamente.

Es positivo que destacados exponentes de la sociedad y la política alemanas se movilicen contra ese inquietante movimiento de “patriotas europeos contra la islamización de Occidente” (acrónimo de PEGIDA). Pero no debemos olvidar que dirigentes que hoy ocupan la centralidad del espacio político, como la propia Ángela Merkel, en su momento abonaron una actitud de sospecha e incomodidad hacia la inmigración musulmana. La rectificación actual es oportuna y elogiable. ¿Recorrerá este mismo camino Nicholas Sarkozy en su regreso a la lucha política o flirteara con las ideas de defensa de la identidad nacional para seguir extrayendo electorado anclado hoy en los caladeros del Frente Nacional?

DE MARÍA ANTONIETA A MAHOMA

La libertad de expresión debe ser defendida y protegida y nada puede justificar su supresión o la eliminación de quienes la ejercen, sea de forma brutal, como en este caso, sea con medidas represivas o persecutorias más suaves

Otro elemento que no debe eludirse, por mucho respeto que nos merezca su memoria, es la naturaleza del trabajo de los dibujantes asesinados este miércoles. La libertad de expresión debe ser defendida y protegida y nada puede justificar su supresión o la eliminación de quienes la ejercen, sea de forma brutal, como en este caso, sea con medidas represivas o persecutorias más suaves, como está ocurriendo, por ejemplo, en Turquía (3).

La sátira que Charlie Hebdo hacía del Islam (aunque también de otras religiones o de la política) resultaba de todo punto provocadora. Desde las posiciones agnósticas, e incluso ateas, que inspiran al autor de estas líneas, no puede ignorarse que la mofa persistente y el escarnio de figuras espirituales reverenciadas por millones de creyentes contribuyen a crear un clima de incomodidad y malestar. La mayoría de las personas equilibradas que sienten lesionada su sensibilidad reacciona ante estas burlas con desprecio o indiferencia. Pero los promotores y creadores de Charlie Hebdo sabían que sus viñetas los convertían en un blanco más que potencial de la ira de los intolerantes y extremistas. Lo ocurrido el miércoles es un cruel acto venganza anunciada.

En los medios de comunicación de todo el mundo se debate estos días qué actitud profesional de solidaridad debe adoptarse ante la masacre de los colegas franceses. Los franceses han protagonizado un acto de solidaridad necesario y comprensible (4). No obstante, fuera del país, algunos han decidido no reproducir portadas o viñetas de la revista, unos por considerar que sus creaciones u ocurrencias son de mal gusto, desagradablemente irrespetuosas, innecesariamente provocadoras e incluso ofensivas. Otros, directamente por temor a ser señaladas por los extremistas como blancos futuros.

Francia tiene una tradición satírica que se remonta a la Revolución francesa (o incluso antes, a los Ilustrados). Hay una línea reconocible entre las sátiras de María Antonieta y las de Mahoma, como se ha escrito estos días. La irreverencia como método de crítica social al Poder ha tenido siempre muchos adeptos en Occidente (España no es un caso menor), donde la ironía y el cinismo han producido reflejos culturales de enorme fecundidad creativa (4).

Estas revistas satíricas, la de curso legal y las que han circulado en otro momento por conductos subterráneos o directamente clandestinos, consideran que cualquier límite a su libertad de expresión, incluso las auto-regulaciones, son formas disimuladas de censura.

Más inquietante aún resulta que el insulto, la ridiculización o la insidia se hayan  convertido en moneda corriente también en medios convencionales o de otra naturaleza. De hecho, las tertulias o los debates radiotelevisivos han ido ganando terreno a la información y la documentación de los problemas y conflictos sociales. La descalificación y la mordacidad han asfixiado a la reflexión. Hoy por hoy, denigrar a cualquiera resulta completamente gratuito. El amparo de la libertad de expresión está alumbrando monstruos tan indeseables como la censura o la represión. La mejor manera de responder, desde la sociedad, a la atrocidad de París, a la semilla perniciosa de Dresde o a muchas de las venenosas tertulias radiotelevisivas es afianzar un compromiso ciudadano, colectivo e individual, a favor de una convivencia democrática sana entre culturas diferentes y un ejercicio crítico respetuoso y veraz.


(1) En el momento de escribir este comentario, se ignora si el asesinato de un policía en una localidad del sur de la capital francesa está relacionado con los actos criminales del miércoles.
(2) “’Dangerous moment’ for Europe, as fear and resentment grow”. NEW YORK TIMES, 8 de enero.
(3) “Turkey’s President traces a new internal threat: the way he is drawn”. NEW YORK TIMES, 3 de enero.
(4) “Les medias entre la sideration y le mobilisation”, LE MONDE, 8 de enero.
(5) “French satire will not be silenced. FOREIGN POLICY, 7 de enero.

París - Dresde