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jueves. 06.10.2022

Carta abierta a Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE

Decía Sócrates, o Platón puso en su boca, que la vida irreflexiva no es digna de vivirse. Un pensamiento sin metafísica siempre nos conduce a desandar tantos caminos...

Estimado secretario general:

Decía Sócrates, o Platón puso en su boca, que la vida irreflexiva no es digna de vivirse. Un pensamiento sin metafísica siempre nos conduce a desandar tantos caminos como hebras tenía el ovillo de Penélope. Es una complejidad que añade irracionalidad al acto político que, desde la izquierda, las ideas ya no estén presentes en la realidad, configurando un escenario amplio y sistemático, a favor de un brumoso utilitarismo. Como afirmaba Ortega y Gasset, la utilidad no crea, no inventa, simplemente aprovecha y estabiliza lo que sin ella fue creado. Esta peritura regna de los mimbres ideológicos ha supuesto el paso del socialismo de un proyecto a un proceso de adaptación. Una adaptación que produce esa algarabía de la derecha que tiene como objeto acusar a los socialistas de las desdichas que genera la propia praxis liberal.

Los grandes espacios que acota ese pragmatismo indiferenciado en todos los órdenes y jurisdicciones insonorizan los ámbitos del malestar ciudadano y el mismo lenguaje metaestatal, el gran complejo de ser “partido de Gobierno”, clausura las capilaridades sociales, existenciales, la vida tal cual es. Resulta un brete tan inextricable como aquel que planteaba Francisco Ayala en un artículo periodístico: después de la muerte de Dios y del diablo ya no hay a quien pedir socorro ni contra quien rebelarse. Esta falta de tensión ideológica, sugiere que el socialismo se ha convertido en una organización burocrática modelo en el cual los objetivos van amoldándose a las condiciones existentes y a lo que se puede alcanzar en cada caso, careciendo de dominium rerum la capacidad ideológica de transformación y cambio social.

Es por ello que Rajoy dixit: “El PSOE es un gran partido, no tengo inconveniente en reconocerlo, aunque no comparto muchas cosas de las que dicen y hacen, como ellos tampoco respecto a mí”, Todo debe continuar  para el líder derechista como siempre han sido desde la transición: “Unas veces han gobernado ellos, otras nosotros, como ocurre en EE UU, en Alemania, en Francia, en Australia...”. Allí se alternan el centro-derecha y el centro-izquierda y son algunos de los países en los que “la gente vive mejor”, subrayó. Y el caso es que, obviando la posibilidad de una gran coalición, en el mantenimiento del sistema hay un tácito acuerdo sin pensar que esa convergencia impregna de conservadurismo y desnaturalización los entresijos esenciales de la razón de ser del Partido Socialista, que no se compadecen, o al menos no deben, precisamente, con un pragmatismo alejado de los valores y principios que deben constituir la posición y la función del socialismo en la sociedad.

El carácter eminentemente pragmático del realismo político -entendiendo como “realismo político” aquella situación que se asume como inconcusa y fuera del formato polémico de forma fáctica-, asevera Aranguren,  explica su oscilación entre una abierta repulsa de la moral y la pretensión de presentar la política, en un tertium quid imposible, no como opuesta a la moral, sino como independiente a ella y regida por leyes estrictamente técnicas; es decir, éticamente neutrales. Y el socialismo si no es ética y cambio social se convierte en otra cosa y se diluye como instrumento de autodefensa de las mayorías sociales, tan maltratadas por un régimen de poder que está resultando tan injusto.

Y en este reino de lo contingente es donde los propósitos se pueden quedar en puro voluntarismo, sobre todo si ignoramos cómo conseguirlos y si pretendemos alcanzarlos de la misma manera que nos hizo alejarnos de ellos en un acto que recuerda al enterrador interrogado por Hamlet y que al cálculo del tiempo que un muerto tarda es descomponerse ponía la condición de que no estuviera podrido antes de morir. Y es que los ciudadanos tienen motivos suficientes para dudar y para cuestionarse si los socialistas siguen representando una alternativa de cambio –del sistema económico, de la política, de la ideología dominante, de la sociedad– y no una alternancia a los gobiernos de derechas.

Ante una derecha radical no es posible un socialismo moderado.

En realidad asistimos a una privatización generalizada de todos los ámbitos donde el civismo o el demos pudiera tener algún protagonismo. Es la suspensión drástica de la ciudadanía y la capacidad del Estado y la sociedad de regularse mediante principios éticos para circunscribir todos los asuntos morales y políticos a una cuestión de recursos inspirada en la equívoca ideología que se oculta bajo la máscara de teoría científica. El Estado mínimo y la democracia limitada son los instrumentos para evitar cualquier tipo de redistribución de la riqueza y empobrecer a amplias capas de la población. En este caldo de cultivo, la derecha en nuestro país se ha dedicado a aplicar su programa máximo en una agresión sin precedentes a los derechos sociales y cívicos y a las libertades públicas.

Bensaïd dice: “Para que otro mundo y otra Europa sean efectivamente posibles, otra izquierda es necesaria.” El mundo, para nosotros, es representación, como decía Schopenhauer; no es una realidad absoluta, sino un reflejo de ideas esenciales. Y no deja de ser asombroso que un socialismo sin pensamiento pretenda sobrevivir bajo un mundo concebido por unas ideas esenciales que niegan la necesidad de su propia existencia. El socialismo no puede ser un matiz en una cosmovisión ajena y contraria a los principios que debe regirlo. Por eso, la lucha se encuentra hoy en el ámbito de las ideas, aunque algunos dirigentes no lo sepan. Pensando en términos humanos, y ante el fracaso de la inteligencia y la moral que nos imponen los intereses de minorías organizadas, hay que defender que vivir no es necesariamente un fracaso, que la ética es necesaria para abaratar costes en lo realmente importante: el sufrimiento de la gente.

La injusticia necesita negar la voz de las víctimas.

Por todo ello, estimado compañero secretario general, el problema es que parece que lo que realmente estorba para rematar un proyecto socialista es el socialismo. Un estado de ánimo, ante la falta de capilaridad con las mayorías sociales, que tiene su mejor analogía en la frase de Ingrid Bergman en la película Casablanca: "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos". Los partidos de izquierdas, según López Campillo, han ido adquiriendo “un carácter eclesial, pero de una iglesia sin doctrina. Sin capacidad colectiva de analizar críticamente la situación.” En este complejo tecnocrático de la izquierda, ¿qué historia pueden hacer los náufragos frente a los tiburones? El problema actual del socialismo no es tanto a lo que se arriesga como hallar la manera de salvarse como tal socialismo, con todo lo que eso comporta. Necesita perentoriamente una tesis filosófica y política que debe extraer de sus cimientos ideológicos o gritar, como Lucano, que “también las ruinas perecieron.”

Carta abierta a Pedro Sánchez, Secretario General del PSOE