jueves 17.10.2019

Andalucía, primer acto de la derecha total

El protagonista de la novela de Italo Calvino “La nube de smog” es contratado para dirigir “La Purificación”, revista quincenal dedicada a prevenir los peligros del humo, de las emanaciones químicas y de los productos tóxicos y que paradójicamente está financiada por el consorcio de industrias de la ciudad causantes de la contaminación. El relato de Calvino es una talentosa analogía de esa tendencia cínica y totalitaria de controlar cualquier tipo de oposición o pensamiento crítico asumiendo por los mismos la causa y la oposición a la causa, para que esta resistencia controlada no lastre en última instancia sus intereses. En el franquismo hubo tecnócratas y azules, monárquicos y falangistas de la revolución pendiente a los que Franco siempre les decía aquello  que le expectoró a un ministro que él mismo había destituido: "Van a por nosotros."

La derecha en España y la acelerada zapa que realiza para la demolición de derechos cívicos y sociales y, como consecuencia, la pérdida de calidad democrática y la refundación autoritaria del Estado también ha comenzado a ser su propia oposición, a decirle a sus víctimas que “van a por nosotros.”  El partido socialista con inmunodeficiencia ideológica facilita mucho esa esquizofrenia inducida de los conservadores. Ante una derecha radical, una izquierda moderada le resta mucho dramatismo a la depredación de los conservadores sobre las mayorías sociales. Es una inercia autoritaria ocupar todo el espacio que siempre es una insinceridad estratégica. La aznaridad y ahora Vox, por la “derecha” del PP y Ciudadanos por su “izquierda” provocan el canto del gallo por actitudes ideológicas del Partido Popular. Todo ello recuerda una memorable viñeta del gran humorista gráfico Chumy Chúmez, en la que aparece un orador con levita que se dirige a una muchedumbre diciéndoles: “nosotros o el caos”, y cuando los congregados responden: “el caos, el caos”; el que se dirige a los asistentes les responde: “es igual, nosotros también somos el caos.”

Norberto Bobbio advertía que la existencia de la democracia tenía como requisito indispensable la beligerancia de auténticas alternativas. El régimen nacido de la Transición, mediante lo que se denominó consenso, procuró que el ecosistema de intereses y poder de la época anterior no fuera desvertebrado y mantuviera su influencia con un nuevo atrezzo. La crisis económica ha producido la coartada para que una derecha ontológicamente cómoda en el sistema y las élites impongan unas políticas que son una llegada al pasado, fundamentalmente porque, como estamos viendo, consolidan un sistema que funciona por la energía emanada de su propia descomposición. “La gobernabilidad, como nos cuenta Michel Foucault, en estado desnudo, en estado cínico, en estado obsceno. En el terror, es la verdad, y no la mentira, lo que inmoviliza”. El Estado “reprivatizado” por intereses organizados, siempre ha sobrevivido a costa de la democracia.

La izquierda, mediatizada por su obsesión pragmática y sin resortes ideológicos ni pensamiento crítico, no puede sobresanar su propia decadencia ante la desafección de la ciudadanía que sufre los desequilibrios de un régimen en cuyo mecanismo considera a la izquierda como parte de su engranaje y no como alternativa. La indiferenciación política percibida por las mayorías sociales se consolida cuando, ante las severas y poliédricas crisis del sistema, las fuerzas de progreso no muestran en el ámbito polémico ninguna originalidad con respecto a las propuestas conservadoras. La derecha exultante y totalizadora ocupa el poder fáctico y la oposición.

En Andalucía, el susanismo clientelar y oligárquico, desprovisto de cualquier bagaje ideológico, era el caldo de cultivo para que la derecha desplegara en toda su intensidad la estrategia de la diversidad totalizadora, pero con intereses y estrategias comunes, ante un PSOE andaluz con una pobre narración conservadora en su actitud de oposición a la dirección de su propio partido, lo que se ha sustanciado en un rechazo de gran parte del socialismo militante y del socialismo sociológico. Es por ello, la necesidad urgente en Andalucía de un partido socialista capaz de vertebrar su dinamismo mediante el debate interno, el respeto a la discrepancia, la consolidación de una auténtica democracia y libertad de pensamiento. En general, tal transformación tiene que promover un criterio diferente para la selección de sus responsables, donde la inteligencia, el sentido crítico, la independencia no sean defectos para la promoción política y, en cambio, se entiendan como virtudes el seguidismo, la falta de criterio y la tendencia a obedecer.

Andalucía, primer acto de la derecha total