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martes 17/5/22

Un férreo libro de estilo

Acontecimientos extraordinarios ponen a prueba la valía de los gobiernos y revelan la talla de los gobernantes...

En las situaciones extraordinarias suelen brillar las mejores cualidades de los gobernantes extraordinarios, pero también puede suceder que adquieran esa condición gobernantes que hasta entonces no habían tenido ocasión de probar su valía

Los acontecimientos extraordinarios ponen a prueba la valía de los gobiernos y revelan la verdadera talla de los gobernantes, no la sugerida por las campañas de imagen y por la propaganda, sino la verdadera capacidad para dirigir y los rasgos más valiosos de su personalidad.

En las situaciones extraordinarias suelen brillar las mejores cualidades de los gobernantes extraordinarios, pero también puede suceder que adquieran esa condición gobernantes que hasta entonces no habían tenido ocasión de probar su valía. No es el caso de los nuestros, cuyo rasgo más común es una extraordinaria mediocridad, como el caso de la crisis sanitaria producida por el virus ébola ha vuelto a demostrar.

Es larga la lista de situaciones en las que gobernantes del Partido Popular han reaccionado tarde y mal ante hechos imprevistos (“vacas locas”, “Prestige”, “Tireless”, Yak-42, atentados del 11-M, Metro de Valencia, tren Alvia o Madrid- Arena, entre los más importantes). Sucesos imprevistos pero no ajenos a los propósitos con que gobiernan, u otros provocados por su incompetencia, como es el caso del ébola o la invasión de Iraq, que han sido problemas buscados, y desde luego, en todos aquellos donde han aparecido rastros de corrupción que les han salpicado.

En todos los casos, las reacciones han sido las mismas, lo que da pie a pensar que, más que escapatorias particulares, se trata de aplicar el protocolo previsto en el libro de estilo del Partido, que es el siguiente:

Lo primero es ocultar el caso y sumergirlo en la opacidad reinante.

Lo siguiente es negar responsabilidad alguna en el suceso.

La tercera medida es acusar a la oposición de hacer un uso partidista si pide información sobre el asunto, y sacar a relucir casos que la afecten para debilitar su posición crítica.

La cuarta medida es señalar un responsable de inferior categoría en la escala de mando; un subalterno, a ser posible, ajeno al partido. Y tanto mejor si son ciudadanos corrientes, incluso víctimas del suceso, que pueden haber estado movidas por oscuros intereses.

La quinta medida es negarse a esclarecer el caso. Entorpecer la labor de la justicia, rechazar las comisiones de investigación, viciar sus procedimientos y dar el carpetazo en cuanto se pueda.

La sexta medida es rechazar las dimisiones y presentar el caso como parte de una campaña contra el Partido, contra la democracia e incluso contra España. Y aguantar, cerrando filas, hasta el próximo caso, en que se volverá a aplicar a rajatabla el protocolo de hierro.

Un férreo libro de estilo