jueves 24/9/20

Era portavoz y se llama Cayetana

La defenestración de Cayetana Álvarez de Toledo (en adelante diré por comodidad CAT) se ha interpretado por algunos conocidos míos como «una derrota de Aznar». Tal vez, el hombre de las Azores no es invencible. Pero un servidor entiende que la cosa no va por ahí. Es más, soy del parecer que Casado ha actuado con el beneplácito o el dejar hacer de Aznar. No me cabe en la cabeza que Casado hubiera tirado por la calle de en medio sin hablarlo antes con su mentor. Por otra parte, no doy excesiva importancia a que el cese fulminante fuera el resultado de las presiones de Núñez Feijóo. No digo que las opiniones del dirigente gallego no sean tenidas en consideración, pero no hasta el punto de determinar la posición de Casado. Las cosas claras: Casado sabe que Feijóo no es una ´amenaza´ al grupo dirigente porque en su día -cuando pudo ser el primer espada del partido- se echó atrás con un evidente pánico escénico. Por lo que el cese de CAT tampoco se explicaría por las ´presiones internas´ conducentes a una cierta moderación de Casado. 

La explicación habrá que encontrarla en lo más obvio, en la sencillez que Occam exigía a su famosa navaja: el poder debe estar sólo y solamente en aquello que Dios ha ungido. Así pues, el poder está en Casado y Teodoro, su profeta. Toda brizna que relativice ese dogma debe ser eliminada de la comedia. Y CAT no sólo ha relativizado la autoridad de Casado sino que ha exhibido, casi directamente, su superioridad cultural e ´ideológica´ por encima del Aznar chico. Ella es una mujer leída, Casado ni siquiera ojea el Almanaque Zaragozano. Ella es cosmopolita, Casado es de Palencia. La destitución, consentida por Aznar, es un castigo a la considerada altivez de CAT y un aviso a quienes, con o sin pico de oro, quieran volar con autonomía. Eso sí, Casado lleva la penitencia en su pecado: nombró portavoz a CAT después de su experiencia conflictiva como diputada en tiempos de Rajoy. Lo hizo tal vez como una señal de desautorización del hombre de Pontevedra. 

La lidership de Génova captó el mensaje: los fondos europeos para la reconstrucción no se gestionan con regüeldos. Cayetana, desobediente a Casado, había confundido el manual teórico del libertariano audaz con hacer política aquí y ahora

Tengo esta hipótesis: la marcha del PP a un hipotético centro poco tiene que ver -o al menos no es lo fundamental- del cese de CAT. En primer lugar porque esa marcha todavía está por ver. Lo que no quita que, cesada Cayetana, se aproveche la ocasión para hacer una mini remodelación con personalidades con un pedigrí, real o aparente, de moderación. En todo caso, lo cierto es que -además del carácter díscolo de CAT- la cesada no era lo más apropiado para intervenir, desde un pedestal tan importante como el de la portavocía, en la fase que se abrirá en setiembre con la rentrée. Téngase en cuenta las recientes declaraciones del presidente de la CEOE: hay demasiado ruido. La lidership de Génova captó el mensaje: los fondos europeos para la reconstrucción no se gestionan con regüeldos. Cayetana, desobediente a Casado, había confundido el manual teórico del libertariano audaz con hacer política aquí y ahora. 

Por lo demás, estas cuestiones pueden quedar en chicoleos más o menos relevantes, en chicuelinas elegantes de Curro Romero. Lo decisivo es qué hará en lo concreto el Partido Popular en el nuevo curso que se abre. Eso será lo determinante. Que el cese de CAT sea o no sea «una derrota de Aznar» es, en comparación con lo otro, una chuchería del espíritu. Con todo, la obediencia debidamente ciega al Jefe y a su valido, que desdeñó Cayetana, no es agua de borrajas.    


Post scriptum | Cayetana olvidó la máxima de don Venancio Sacristán, metalúrgico y filósofo post socrático: «Lo primero es antes». 

Era portavoz y se llama Cayetana