jueves 21.11.2019

La actitud del Rey de España con la Presidenta del Parlament

El ciudadano Felipe Borbón rompe con una tradición institucional que se producía desde las primeras elecciones democráticas al Parlament de Catalunya de 1978.

Escribo esta nota con preocupación, sobre todo visto que desde la sociedad española el tema se ha tratado, como mucho desde una tibieza inusitada, y en cambio se han cargado todo tipo de armas de destrucción periodística contra un acuerdo que es legítimo desde el punto de vista democrático. Puede no gustar, puede hasta no ser bueno para Catalunya (está por ver), pero de lo que no cabe ninguna duda es que es democrático y además se conoce, es público. Además, la señora Carme Forcadell no forma parte de mi grupo de amistades políticas ni personales, no siento por ella una especial simpatía, pero si un respeto institucional porque es la segunda autoridad democrática de Catalunya, y su cargo deviene de un proceso electoral, cosa que no sucede con el ciudadano Felipe Borbón, monarca de España.

El ciudadano Felipe Borbón rompe con una tradición institucional que se producía desde las primeras elecciones democráticas al Parlament de Catalunya después de la Constitución de 1978. Decide no dar audiencia a la representante del Parlament de Catalunya elegida y de forma, a mi juicio poco elegante, le transmite que se dirija a la Casa real de forma telemática. Algunos incautos pueden creer que eso sea debido a un enfado puntual por la declaración del Parlament, o porque simplemente no le guste el nuevo President ( a mí tampoco me hace tilín, lo veo más como un asunto tipo Putin-Mevdeviev), o porque esté preocupado por el futuro de la ciudadana Cristina Borbón y el affaire Noos (no sólo en Catalunya se ha mangado dinero del erario público). Si eso fuese una pataleta me podía preocupar un poquito de que el jefe del Estado responda con bilis a planteamientos políticos, algo muy propio en su dinastía, tanto paterna como materna (no olvidemos a la Reina Federica y sus múltiples salidas de tono). Nos sigue considerando súbditos a los demás y no ciudadanos, se cree que los de sangre azul siguen estando por encima del resto de mortales. Qué se le va a hacer, oiga, les pasa como al escorpión del chiste cuando le picaba al conejito que le ayudaba a pasar el río (lo siento, es mi carácter).

Pero no, la cosa es mucho más grave: una persona no electa, de una institución del estado que ostenta la jefatura del mismo decide no recibir una autoridad de su mismo estado (por el momento) y en un acto de menosprecio hacia toda la ciudadanía de una parte de éste (Catalunya), jaleado por multitud de hooligans, los mismos que decidieron auparle al lugar donde está sustituyendo a su padre, decide que la comunicación sea telemática. Esos hooligans no son ni más ni menos que toda la oligarquía financiera que decidió iniciar la segunda transición al margen de todas las formaciones políticas, sociales y de la sociedad civil representativas…¿o es que hay algún ingenuo que se crea que esta decisión se toma unilateralmente por parte de una sola persona? Es una actitud tremendamente política, que inmediatamente genera más independentistas en Catalunya, más desapego con el estado español, pero que en el otro lado da alas a todos aquellos que quieren ir hacia atrás en el tema de los derechos de los pueblos de España recogidos en el Título VIII de la Constitución. A partir de ahora todo está en cuestión, comenzando por los conciertos navarro y vasco, pasando por el carácter plurinacional del estado español, jamás reconocido pero tolerado en función del consenso de 78. Mientras tanto, algunos ilusos estamos esperando algún tipo de reacción en la sociedad civil española. Ya sé, se no puede estar quedando uno con cara de tonto siempre, pero se tiene la secreta esperanza de que pase algo, que no ocurra como cuando el nuevo estatut y el “sepillado” posterior a la recogida de firmas pepera. Pero amigos, si aquí no se mueve ni Dios, en Catalunya sí que algunos nos moveremos, porque como muy bien escribía nuestro Miquel Caminal, de la misma cultura que un servidor, “Un federalista que asume un contrato desigual o de sumisión no es tal. Por el contrario, debe contemplar la opción de la independencia o secesión cuando no es posible un pacto federal en condiciones de libertad o igualdad”, y además “Sólo una rectificación radical y profunda en los planteamientos del nacionalismo español podría cambiar las cosas y reabrir un escenario de entendimiento y concordia federal. No parece que esto suceda”.

Las dificultades me las sé, así como también sé cómo las gasta el nacionalismo español, así que pongámonos todos el mono de trabajo y distingamos entre enemigos, adversarios, socios, aliados y compañeros, porque de todo hay en estos territorios.

La actitud del Rey de España con la Presidenta del Parlament