sábado 16.11.2019

CCOO, 50 años, imprescindibles

Pocos meses después, sus dirigentes eran detenidos cuando estaban organizando la manifestación del 1º de Mayo, que reivindicaba mejoras laborales y libertades sindicales y democráticas...
 

La transición, hoy impugnada con críticas justas unas y ucròniques demás, no hubiera existido sin la lucha de CCOO en toda España

El jueves hizo 50 años unos cientos de trabajadores y trabajadoras se reunieron clandestinamente en la iglesia de Sant Medir en el que se ha considerado como el momento fundacional de CCOO de Cataluña, a pesar de que ya se habían celebrado antes otras reuniones y asambleas en Barcelona y el Baix Llobregat.

Pocos meses después, sus dirigentes eran detenidos cuando estaban organizando la manifestación del 1º de Mayo, que reivindicaba mejoras laborales y libertades sindicales y democráticas.

Ese hecho ha marcado la realidad sindical en nuestro país y ha sido determinante para entender la Cataluña actual.

Aquellas personas fueron intuir, entendieron la necesidad de crear nuevas formas de lucha para ser un instrumento útil a su gente, a su clase. Y tuvieron el coraje personal y colectivo de hacerlas realidad.

La transición, hoy impugnada con críticas justas unas y ucròniques demás, no hubiera existido sin la lucha de CCOO en toda España. Casi seguro que el continuismo franquista hubiera durado más años y el resultado habría sido mucho peor. Nada era seguro aquellos años, aunque ahora parezca obvio, y todo estaba por conquistar.

CCOO de Cataluña, el sindicalismo, ha sido clave en la mejora de las condiciones de vida de la gente, afiliada y no afiliada. Sin CCOO de Cataluña no se entiende la puesta en marcha de la Renta Mínima de Inserción a principios de los 90, que utilizó la fuerza de la huelga general de diciembre de 1988. Ni existiría el derecho a la jubilación anticipada, que hoy es la única salida para los parados de larga duración.

Todos estos derechos que la crisis ha devaluado han sido fruto de una manera de hacer sindicalismo. Poner la fuerza organizada de los trabajadores y las trabajadoras con más capacidad de lucha al servicio de las personas más débiles y sin capacidad de presión. Un sindicalismo solidario que no tiene nada que ver con la imagen que algunos quieren construir para justificar que unos trabajadores renuncian a sus derechos por supuestamente beneficiar a los que no lo tienen, salvaguardando obviamente los intereses intocables de los poderes económicos.

CCOO de Cataluña ha sido clave en la incorporación a la sociedad catalana de personas inmigrantes de toda España. Determinante en la construcción de un modelo educativo que no segrega a los alumnos en función de su lengua de origen.Personas nacidas en otros lugares de España, como Cipriano Garcia o Ángel Rozas, fueron determinantes en la incorporación de los trabajadores a la lucha de los derechos nacionales de Cataluña, mientras una buena parte de la burguesía y la menestralía catalana había cogido unas largas vacaciones en su catalanismo. Y esto lo hicieron sin abandonar el conflicto socia del contra quienes los explotaban, fuera cual fuera el lugar donde habían nacido.

Este papel de integración social también ha sido determinante en los últimos flujos migratorios, ahora de cinco continentes. La empresa, la escuela, la escala del barrio popular han sido clave para construir convivencia y evitar conflictos sociales, a pesar de la vergonzosa manipulación que de la inmigración han hecho algunas fuerzas políticas.

Como siempre ocurre, aquellos momentos se recuerdan con cierto sentido épico. La épica de aquella estirpe de titanes que diría Miquel Martí Pol. Y es justo que así sea porque eran momentos muy duros y había mucho coraje.

Gracias a aquella generación y las que vinieron después, hoy la situación no requiere tanta épica pero no es menos dura para el sindicalismo, porque incorpora la complejidad de un momento de cambio global, de crisis generalizada.

Empresarios sin cara, escondidos detrás de empresas transnacionales o de fondos de inversión. Empresas descentralizadas y deslocalizadas que promueven la competencia entre trabajadores y trabajadoras de todo el mundo. Trabajadores colonizados ideológicamente con la conciencia de ciudadanos usuarios o clientes del sindicalismo o la política. Un poder político que ejercen los mercados financieros globales, aunque sea a través de los testaferros de los gobiernos.

Pero detrás de esa imagen de meteosat del sindicalismo, sigue habiendo una realidad micro que se parece mucho a la de estos 50 años.

El sindicalismo de Nissan o Alstom, siempre buscando el equilibrio entre la negociación y el acuerdo y no dejándose chantajear con la amenaza de deslocalización.

El sindicalismo de las mujeres de Carrefour del Prat o el de aquellos sectores donde los fundadores de CCOO nunca habrían osado imaginar que habría sindicato, como las empresas del cava o en las pistas de esquí de Boí.

El sindicalismo de la limpieza, de las trabajadoras del hogar, de las trabajadoras familiares , en el que además de las reivindicaciones laborales está muy presente la lucha por la dignidad de unos trabajos que, en la medida que siempre han sido responsabilidad de mujeres, nunca han reconocido socialmente.Ahora tampoco.

La lista del sindicalismo cotidiano, que la sociedad no conoce pero sus protagonistas y beneficiarios vez sí, sería muy larga. Con formas muy primarias que se asemejan mucho a las primeras expresiones de solidaridad obrera en las minas. Por ejemplo, la tarea del CITE durante años con los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes.

Es el sindicalismo cotidiano que entendieron y explicar muy bien el Alejo y su hermana en 2005, cuando nos hicieron un dibujo precioso de niños y una dedicatoria: "Gracias al CITE ya CCOO por haber ayudado a Mejor Nuestras vidas". Se referían a la batalla por la regularización administrativa de sus padres.

Es el sindicalismo cotidiano, que no abre nunca los telediarios de TV3 ni es portada de periódicos pero que cada día abre la vida de mucha gente anónima, que de manera individual o colectiva consigue mejorar sus condiciones de vida.

La realidad actual es muy dura y seguro requiere de un nuevo proceso de ruptura, o discontinuidad profunda como dirían los más florentinos. Seguro que hay que tirar por la borda rutinas y conservadurismo y mantener todo aquello que define genéticamente el sindicalismo, que es una construcción social de los propios trabajadores como protagonistas.

Muchas veces me preguntan por recetas de cómo hacerlo y cómo será el futuro. Y mi respuesta siempre es la misma: sinceramente no lo sé, como no lo ha sabido nunca ningún contemporáneo en los momentos de cambio de época.

No soy tan joven como para saberlo todo, ni tan viejo como para tener el síndrome del "ex" y saber todo lo que hay que hacer, justo ahora cuando no soy el responsable de hacerlo.

Lo que sí sé es que el futuro no vendrá de ningún experimento de laboratorio, ni de ninguna reflexión de tertulia o, mejor, casino. Vendrá, como en 1964, de la acción cotidiana de sus protagonistas. Para bien o para mal, así será, porque el sindicalismo sólo se construye con acción cotidiana de sus y sus protagonistas.

En estos camino muchos actores viejos y nuevos son necesarios, pero hay algunos que son imprescindibles. Los mismos que lo han sido durante 50 años.

CCOO, 50 años, imprescindibles