lunes 01.06.2020

1 de octubre: Escenarios y actores

De ser acertada la estimación de resultados que hace el CEO a partir de las respuestas a su sondeo más reciente (julio 2017), el próximo 1-O nos hallaríamos ante resultados casi idénticos a los del 9-N de hace dos años en lo que al voto independentista se refiere: en torno a 2 millones de catalanes daría un sí a la declaración de independencia (unilateral) que su gobierno les ha propuesto.

Sensiblemente distantes quedarían los resultados de los que darían un no (muy superiores no obstante a los que respondieron de modo similar hace 2 años). Además, estarían los que en el momento de la Encuesta manifestaban no saber qué hacer (medio millón largo de electores) que sumados a los que no han querido contestar llegarían a igualar, en caso de decantarse finalmente por el no, el número de los votos positivos.

Se llegaría así prácticamente al empate entre ambas opciones alternativas, en un escenario de participación que, en tal hipótesis, habría conseguido superar el 80% (umbral que haría difícilmente discutibles los resultados).

Siempre dentro de la misma hipótesis, ese empate o la muy apretada victoria del sí (o del no), significaría que sobre el conjunto del actual electorado catalán los partidarios de la independencia  (o los manifiestamente contrarios a ella) habrían llegado al 39% de aquél.

Sin embargo, las cifras anteriores, pese a su relativo interés como elementos de referencia a distintos efectos, con vistas al análisis de la realidad -la actual y sobre todo la del ’dia después’-, por sí mismas tienen un valor político prácticamente nulo.:

No lo tendrán si como vaticina desde hace tiempo la Vicepresidenta el dia 1-O “el referéndum no se va celebrar”, cualquiera que sea el camino elegido por el Gobierno para que así ocurra.

Pero es que tampoco las cifras predichas tendrían ningún tipo de valor decisorio en caso de que – de una forma u otra- tal referéndum tuviese finalmente lugar el 1-O.

Y, en este último caso, no lo tendrían no ya porque tal y como repiten sin cesar los adversarios de su celebración se habría hecho ‘en contra de la ley’, sino porque carecería de la legitimidad necesaria para que sus resultados fuesen validados (por terceros).  

No se está pues ante un supuesto de contraposición entre legalidad y legitimidad, sino más bien ante una insuficiencia de esta última (o de algunos de sus requisitos básicos).

Por ello no cabe esperar que la primera acabe en este caso cediendo a la segunda, como tantas veces ha sucedido: algo así como “refrendando lo que es legítimo mediante alteración de la vieja ley o mediante su innovación”, en paráfrasis del lema que alguien le fabricó a Suárez con notable éxito (“elevar a la categoría  política de normal lo que a nivel de calle ya lo es”).

Por lo tanto, si se quiere que eso ocurra, lo primero ha de ser colmar pronto ese déficit de legitimidad.

Para empezar, al menos por esta vez, habrá que sortear con éxito las múltiples paradojas a las que habrán de hacer frente los diferentes actores políticos:

Gobierno y Govern saben muy bien que en el 1-O no está en juego la independencia de Catalunya. De no ser así, los independentistas del Govern-y  Puigdemont de verdad lo es- no convocarían ahora un verdadero Referéndum por la independencia (o sea al modo escocés o quebequès), porque saben muy bien que lo perderían.

A su vez, el Gobierno con Rajoy a la cabeza, en pura lógica, haría todo lo posible para que se celebrase porque, al igual que Puigdemont,  sabe muy bien que el no contaría con más votos que el ,y aún cuando así no fuese, los independentistas no lograrían en ningún caso su pretensión ya que con un resultado del 50% +1 o similar y con una participación no masiva, nadie reconocería esa victoria como suficiente para alcanzar la independencia. Y ello porque en cualquier escenario previamente negociado esos porcentajes de participación mínima y/o de mayoría cualificada es lo primero que se habría impuesto.

Por tanto el juego no está ahí sino en otra parte. Ambos- Gobierno y Govern- juegan a otra cosa. A ella es a la que habrá que mirar si se pretende entender cómo puede funcionar entre ambos- los ocupantes de las celdas más alejadas- el famoso dilema del prisionero.

1 de octubre: Escenarios y actores