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domingo. 26.06.2022

La imprescindible argamasa de la economía social

Vivimos una dificultosa etapa tanto económica como social, cargada de ausencia de referentes éticos (o mejor, llena de significantes amorales)...

Vivimos una dificultosa etapa tanto económica como social, cargada de ausencia de referentes éticos (o mejor, llena de significantes amorales): la opacidad pública, la debilidad creciente de las políticas sociales, el abandono de los grupos sociales más desprotegidos (esas personas que en los discursos políticos todos defienden y dicen que hay que atender), la lenta marcha de una justicia que no termina de aclarar fugas importantes de dinero público o de evasión fiscal, la debilidad política ante la inequidad económica (también fiscal)... Demasiados condicionantes eficaces contra la cohesión social.

No resulta extraño que los comportamientos económicos (y empresariales) se centren en eso que llaman "su supreviviencia", como si ello fuera necesariamente contra el empeño de construir una sociedad más equilibrada. Esto lo hemos visto desde hace tiempo. En el año 2000, cuando los Presidentes de Gobierno de la UE se reúnen en Lisboa y deciden, entre otras cosas, que en 2010 Europa sea líder en un crecimiento basado en la sociedad del conocimiento y en la unión entre lo económico y la cohesión social (por cierto, compromiso olvidado por algunos de estos jefes de Gobierno nada más firmarlo), los grupos empresariales dominantes se adelantaron expresando su conformidad con el crecimiento económico pero olvidando lo de la cohesión social. Parece lógico que en esa cultura empresarial y económica la crisis la paguen los que menos capacidad tienen y los grupos de interés económico se centren en defender lo que llaman "su superviviencia". Tan lógico que apenas se cuestiona este planteamiento, por lo que se percibe, casi como normal, que las políticas sociales se debiliten, que las pensiones se cuestionen y se acepte bajar la cotización empresarial a la Seguridad Social: que no pase nada si pasa todo lo que está pasando.

Pero hay otros planteamientos económicos que sí se empeñan en que sociedad avance de forma equilibrada y que la riqueza sea repartida equitativamente. Son planteamientos de la economía social y solidaria, que parten de valores referidos al empeño de crear cohesión social y neutralizar la exclusión, que el sistema está especializado en generar. Como las ideas, si no se acompañan de realidades, se quedan en ideas, merece citar un ejemplo, de otros tantos, que refleja esta solidaridad social basada en la necesidad de construir economía y empleo para todos.

Hablo de REAS Navarra. Reas (Red de Economía Alternativa y Solidaria) es una red de pequeñas empresas colectivas, profesionalizadas, que tienen entre sus principios el compromiso con la cohesión y equidad. "Nuestro reto es crear unas estructuras económicas solidarias no excluyentes, no especulativas, donde la persona y el entorno sean el eje, el fin y no el medio para conseguir una condiciones dignas para todas las personas...".

Uno de los problemas de estas empresas es la financiación. Si este problema, hoy, invade el proceder empresarial, en geneal, se da más aún en los proyectos de empresas sociales, que, sin embargo, crean empleo y generan riqueza colectiva. El empeño de los emprendedores en esta forma de hacer empresa es tan potente como el compromiso social. Por lo que no se detienen por la ausencia de crédito o de instrumentos financieros ad hoc. Es necesario reinventar soluciones. Una de ellas son "las finanzas éticas y solidarias", surgidas como reacción creativa a que "el sistema financiero convencional no contempla la posibilidad de financiar algunos tipos de empresas y proyectos... En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y préstamos. Sin embargo, los criterios de concesión suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias (propiedad de bienes o recursos) o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la conocida frase de que los bancos sólo dan dinero a quien demuestra no necesitarlo. Por lo que se refiere a la financiación de proyectos de economía social y solidaria, la utilización de estos criterios funciona a menudo como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, de autoempleo, etc) o por la naturaleza o dimensión de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras, o no encaminadas al beneficio únicamente económico) carecen de recursos iniciales. La palabra crédito, que tiene que ver con creer en alguien, con confiar, en el marco de una relación humana, pierde así completamente su significado, y como consecuencia, toda una serie de iniciativas y actividades socialmente útiles quedan excluidas del circuito bancario de financiación. Como respuesta a este tipo de reflexiones, desde distintos colectivos ha surgido una colección de experiencias con muy diversas características y grados de efectividad y concreción, pero que tienen en común el objetivo de intentar ampliar el abanico de posibilidades de ahorro e inversión a operativas diferentes, que partan de otras bases, busquen una finalidad más social que monetaria, y ofrezcan cauces alternativos a todas aquellas personas defraudadas por el uso que de su ahorro se está haciendo".

Una de estas experiencias de finanzas éticas es la desarrollada por Reas Navarra. Se parte del principio de que Reas cubre el riesgo de quien decide prestar dinero. Si existe un proyecto empresarial que reuna las características de la economía solidaria, cree empleo y riqueza local, pero no tiene acceso a financiación, Reas lo publica entre sus asociados (o entre personas e instituciones que hayan expresado su deseo de colaborar) pidiendo una participación en el crédito (que, para controlar el riesgo, nunca podrá ser mayor del 10% del dinero solicitado por el proyecto empresarial, previamete analizado en su viabilidad y sostenibilidad económica). El dinero pestado se devolverá en un plazo máximo de tres años incrementado con el IPC del periodo. De esta forma se han financiado proyectos empresariales que tienen que ver con la difusión cultural, la produccion eco-agraria, servicios y consultorías. Proyectos creadores de empleo que buscan soluciones en un entorno socio-económico que tan solo aporta problemas que han de soportar las personas que menos tienen. Así lo reconoce el Parlamento Europeo en una reciente Resolución (aprobada el 2 de julio) presentada por la eurodiputada Patrizia Toia, donde revela que en la actualidad las Cooperativas están generando y manteniendo empleo, a la vez que muestran mejores niveles de crecimiento (en número de empresas, puestos de trabajo y mantenimiento de actividad) que otros modelos empresariales. Por ello, demanda una mayor atención a las Cooperativas y a la Economía Social dentro de las políticas de recuperación económica de la UE, de las políticas industriales, del Plan de Emprendimiento 2020 y de los Fondos Estructurales 2014-2020.

En importante comunicar estas pequeñas (pero importantes) experiencias que expresan, sin lugar a dudas, que otra forma de hacer empresa y crear riqueza es posible, que demandan apoyo a los poderes públicos (en caso de que estuvieran interesados por construir cohesión social, lo que no siempre es evidente), y que expresan que existen personas y grupos sociales que inventan soluciones donde el sistema genera callejones sin salida. Expresan, estas experiencias, que la gente puede y sabe reaccionar, a pesar de los signos evidentes de regreso y destrucción de valores y derechos sociales duramente conseguidos. Es un signo de esperanza que conviene reforzar porque merece un reconocimiento social, a pesar de su aparente invisibilidad. Hay esperanza porque hay creatividad emprendedora entre las personas que soñaron que todo puede ser de otra forma

La imprescindible argamasa de la economía social