domingo 5/12/21

Ferraz, we have a problem

Ante la hegemonía de la derecha y la crisis de posición y función en la sociedad de la izquierda en Europa, los partidos progresistas llegaron a la conclusión de que para recuperar la capilaridad con las mayorías sociales, desorientadas y defraudadas por el desmayo ideológico de la socialdemocracia en su excesiva contemporización con el pensamiento neoliberal, era imprescindible abrir los partidos a la sociedad sin los atajos de otrora donde

Ante la hegemonía de la derecha y la crisis de posición y función en la sociedad de la izquierda en Europa, los partidos progresistas llegaron a la conclusión de que para recuperar la capilaridad con las mayorías sociales, desorientadas y defraudadas por el desmayo ideológico de la socialdemocracia en su excesiva contemporización con el pensamiento neoliberal, era imprescindible abrir los partidos a la sociedad sin los atajos de otrora donde en ocasiones la modernización de las ideas no era más que una modernización del lenguaje, el cual, por moderno que sea, no resuelve los problemas.

Las primarias del Partido Socialista Francés superaron los cálculos de participación más optimistas. Dos millones de franceses acudieron a las urnas para manifestar su preferencia entre los seis candidatos que se presentaron. El ganador, en ese amplio proceso de apertura a la ciudadanía, obtuvo una gran legitimidad y el Partido Socialista volvió a tener la iniciativa política después de diecisiete años de ocaso.

Las elecciones primarias para elegir el candidato del Partido Demócrata (PD), el centroizquierda italiano, fueron una inyección de vida democrática en el desprestigiado panorama de la política del país. En torno a más de tres millones de personas, con colas de hasta dos horas, votaron por uno de los cinco aspirantes. Esta movilización se interpreta en Italia como un síntoma de interés por la inminente cita electoral, prevista para marzo y que será decisiva, pues se espera un gran vuelco político y la victoria, precisamente, del PD. Las primarias, además, han colocado al PD en el centro de la atención como un partido serio y abierto.

Desde su elección como líder del Partido Laborista británico, Ed Miliband, ha estado trabajando en la construcción de un programa socialdemócrata que supere algunos de los errores y contradicciones de la época de la tercera vía, aquel burdo oxímoron del “centrismo radical”, y que esté a la altura de los tiempos que vivimos. Miliband siempre se mostró contrario al aventurerismo de Blair en la guerra de Irak y estima que su partido no estuvo a la altura de las circunstancias en la lucha contra el espectacular aumento de las desigualdades económicas en su país. Al objeto de renovar la línea ideológica laborista ha establecido una red muy extensa de colaboradores que contribuyen tanto a la elaboración de los principios más generales como de las medidas más concretas.

En España, el PSOE, a pesar de la política antisocial de la derecha, no ha lanzado nuevas ideas ni propuestas al escrutinio público, manteniéndose en una posición defensiva tratando de conservar lo que se pueda de un pacto de la Transición que los conservadores se han encargado de hacer añicos. El debate sobre la línea del partido, que debía haberse producido en el otoño del pasado año, se ha aplazado hasta bien entrado 2013. Según insinuó el secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, al partido socialista le ha ido bien en este último año gracias a no haber hecho la renovación ideológica, programática y orgánica y seguir sin tener un proyecto político definido, solamente a la espera del declive del adversario. Asimismo, también es destacable la justificación dada por el propio secretario general del PSOE para no hablar de las primarias, asegurando que eso “daría pistas al adversario”. Es complicado entender qué pistas puede dar al PP que el PSOE hable de cómo hacer sus primarias, pero sí que en cambio daría pistas a la ciudadanía y a la militancia del calado de la renovación y por tanto del compromiso con un nuevo modelo abierto y representativo.

El pragmatismo indiferenciado dominante en el partido socialista y el complejo de ser partido de gobierno, clausura las capilaridades sociales, existenciales, la vida tal cual es. Resulta un brete tan inextricable como aquel que planteaba Francisco Ayala en un artículo periodístico: después de la muerte de Dios y del diablo ya no hay a quien pedir socorro ni contra quien rebelarse. Esta falta de tensión ideológica, sugiere que el socialismo se ha convertido en una organización burocrática modelo en el cual los objetivos van amoldándose a las condiciones existentes y a lo que se puede alcanzar en cada caso, careciendo de dominium rerum la capacidad ideológica de transformación y cambio social. Y en este reino de lo contingente es donde los propósitos se pueden quedar en puro voluntarismo, sobre todo si ignoramos cómo conseguirlos y si pretendemos alcanzarlos de la misma manera que nos hizo alejarnos de ellos. Y es que los ciudadanos tienen motivos suficientes para dudar y para cuestionarse si los socialistas siguen representando una alternativa de cambio –del sistema económico, de la política, de la ideología dominante, de la sociedad– y no una alternancia a los gobiernos de derechas.

El socialismo tiene que volver a pensar seriamente no tanto en políticas concretas que quiere realizar desde el Gobierno, sino en cómo modificar las relaciones de poder que han permitido que la situación actual sea tan injusta. Reflexionar junto a los militantes y los ciudadanos sobre la manera de cambiar una realidad que resulta tan desfavorable para las mayorías sociales. Los silenciosos deben tener voz, la voz de un partido socialista que retome la ideología de la igualdad y la justicia. Que aparque la obsesión pragmática de ser un partido de gobierno para, desde el ámbito de las ideas, convertirse en el partido de la sociedad.

Ferraz, we have a problem