jueves. 25.07.2024

Es mejor que no venga

Anuncia la prensa que el próximo día 12 de febrero, míster Draghi, presidente del Banco Central Europeo, comparecerá en el Congreso de los Diputados. Comparecerá, se aparecerá o se manifestará en el Congreso. ¡Oh, portento de los portentos! ¡Qué dicha la nuestra, que el gran banquero se digna visitarnos! Pero contengamos la alegría porque la visita será breve.

Anuncia la prensa que el próximo día 12 de febrero, míster Draghi, presidente del Banco Central Europeo, comparecerá en el Congreso de los Diputados. Comparecerá, se aparecerá o se manifestará en el Congreso. ¡Oh, portento de los portentos! ¡Qué dicha la nuestra, que el gran banquero se digna visitarnos! Pero contengamos la alegría porque la visita será breve. El milagro se obrará por tiempo muy limitado, porque el tiempo es euros y el de don Mario no está para malgastarse atendiendo a los representantes de un país de pelanas.

La sesión será a puerta cerrada, ante diputados de varias comisiones, pero sin taquígrafos, actas ni grabaciones (para que no conste, según un lema de moda en el Gobierno). Tras la alocución de don Mario, que iluminará a los asistentes con su verbo durante una hora y media, los portavoces de los grupos podrán intervenir durante seis minutos, para no aburrirle. Se desconoce durante cuánto tiempo podrán aplaudir y si deben recibir sus palabras inclinando la cerviz y en posición genuflexa. Habrá que consultar el protocolo.

La visita ha sido así concertada por imposición del Banco Central Europeo, ante lo cual cabe preguntarse si nos hemos vuelto locos, no sólo nosotros, que parecemos afectados por el viento de Tarifa, sino el resto de los europeos. Parece una broma, una broma pesada; pero no, va en serio; es una operación, que alguien ha concebido como de gran alcance político, para mayor gloria del Gobierno español y para deshonra de España.

A Rajoy, que lleva un año toreando al Congreso, cuando acude, o haciendo de don Tancredo cuando no acude, el formato de esta visita bancaria le debe parecer de perlas, pero a este humilde… súbdito -iba a escribir ciudadano, pero acabo de darme cuenta de mi verdadera condición- le parece una afrenta a los últimos residuos de soberanía popular que nos quedan.

El emisario de los grandes capitales, el representante de la usura europea, uno de los personajes más nefastos de la política mundial -Trichet no era mejor-, el presidente de un organismo que no ha cesado de procurar males a nuestro país, el mandado del Bundesbank, que es donde está el verdadero poder financiero de la Unión Europea, y el sacristán de la Kaiserin alemana frau Merkel, viene a vernos imponiendo unas condiciones que son inaceptables. Todavía no somos una colonia, aunque llevamos camino de serlo. El visitante no puede imponer las normas al anfitrión. Nada le debemos, y mucho menos rendirle pleitesía de este modo tan humillante.

Es mejor que no venga