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jueves. 11.08.2022

El pensamiento económico de José Luis Sampedro

El pensamiento económico de Sampedro fue evolucionando a lo largo de los años, haciéndose sin lugar a dudas cada vez más heterodoxo y radical.

José Luis Sampedro acaba de fallecer a la edad de noventa y seis años. Su desaparición supone la pérdida de una persona de gran talla intelectual, en la que se unían las facetas de escritor, economista, y pensador, lo que le había conducido, sobre todo en los últimos tiempos, a convertirse en un referente clarividente como crítico del capitalismo. En su trayectoria destacan su coherencia, y su compromiso ético con el conocimiento y con la realidad.

Para darnos una idea de lo que Sampedro significó en España, sirven sin lugar a dudas las palabras de Edward Said en su magnífica obra “Cultura e imperialismo”: “En 1980 las muertes de Jean Paul Sartre, Roland Barthes, I. F. Stone, Michel Foucault, Raymons Williams y C. L. R. James marcaron la extinción de viejo orden. Habían sido figuras con autoridad y conocimiento, cuya visión general sobre muchos campos les daba algo más que competencia profesional, poseían, en efecto, el estilo de la crítica intelectual”. Entre nosotros no cabe duda de que Sampedro responde perfectamente a ese estilo de crítica intelectual y de competencia profesional.

De modo que conviene destacar que fue un competente economista que ejerció su función profesional en la Administración Pública y en El Banco Exterior de España, pero su labor más destacada la desarrolló como docente, investigador, escritor de libros y artículos de economía. Sampedro perteneció a la primera promoción de economistas graduados en la universidad española en 1948. Hasta entonces, los estudios de economía no habían adquirido el estatus de enseñanza superior, lo que Keynes en su visita a España en los años treinta del siglo XX, ya había declarado que era un gran error. Fue en 1943 cuando se publicó en el Boletín Oficial del Estado la creación de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad Central, ahora Complutense. 

Las enseñanzas dieron comienzo en febrero de 1944 y tuvieron una duración de cuatro años. Como ha declarado en muchas ocasiones Sampedro, se matriculó en la rama de economía, porque las clases eran por las tardes y eso le permitía asistir a estas nuevas enseñanzas debido a que por las mañanas trabajaba como técnico de aduanas, oposición que obtuvo en los años treinta pero para la que no se necesitaba título superior. Obtuvo el premio extraordinario y eso le permitió dedicarse a la enseñanza a propuesta del entonces decano Castiella. Se encargó de la disciplina Estructura Económica que modificó sustancialmente, pues los planteamientos iniciales, que impartía Ruiz Morales, eran una geografía económica, y aunque de esta materia sabía bastante como consecuencia de la oposición de aduanas que había hecho, la transformó en una disciplina que pretendía no solamente describir sino analizar. 

Desde entonces desarrolló el concepto de Estructura Económica, que en la ciencia económica ya usaban algunos autores, pero en el que aportó novedades, convirtiendo esta categoría en un instrumento esencial para analizar la realidad que a su vez se concebía configurada como estructuras. De forma que Sampedro empezó a utilizar el análisis estructural antes de que el estructuralismo se pusiera de moda, y en economía tuviera lugar la aparición del estructuralismo latinoamericano, que se centró en estudiar las causas del subdesarrollo en esta región del mundo. Resultan muy llamativas las coincidencias que se dan entre este enfoque, que tuvo su auge en la mitad de los años sesenta del siglo pasado y hasta bien entrados los años setenta, con la visión estructural que ya Sampedro había planteado desde los cincuenta.

El pensamiento económico de Sampedro ha evolucionado a lo largo de los años, haciéndose sin lugar a dudas cada vez más heterodoxo y radical. Pero siempre ha tenido un denominador común y es, precisamente, el uso del análisis estructural para la comprensión de la realidad. Este enfoque le ha caracterizado como un economista peculiar desde sus inicios como profesor, pues este enfoque global supera los estrechos límites en los que se encuentra la teoría económica convencional, sobre todo el de la microeconomía. Esta área de estudio la conocía muy bien, pues como señalan varias historias que se han hecho acerca de los primeros pasos de esta facultad, fue el alumno destacado en las clases de Stackelberg, un afamado profesor alemán, que participó desde sus inicios en la enseñanza de la microeconomía hasta su muerte acaecida en 1946. Fue también el traductor del libro de Samuelson de introducción a la economía, que tenía a su vez una parte considerable dedicada a la microeconomía. 

No obstante, este bagaje en su formación, sus derroteros fueron por otro lado, sin lugar a dudas porque la microeconomía tenía muchas limitaciones como instrumento de análisis de la realidad tal como explicaba en las clases. Era más partidario de la macroeconomía y de la contribución de Keynes, a la que consideraba como una fuente importante para el análisis estructural. En el extraordinario libro “Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967) dice: “ En 1936, con su “Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, Keynes incorporó el paro a la teoría económica clásica, consagrando la indispensable función del Estado como ángel tutelar. La pura ciencia económica volvió a ser lo que había sido: Economía Política. Es decir, una ciencia social”. 

Sin embargo, el análisis estructural también iba más lejos que la aportación keynesiana, al tener en cuenta el instrumental cuantitativo, así como el análisis cualitativo, de manera que la economía no podía dejar fuera de su ámbito de estudio cuestiones tan importantes como el poder, las clases sociales, los grupos de presión, entre otras relaciones sociales, así como los distintos lugares que ocupamos en la escala social. Fue, en consecuencia, un economista un tanto heterodoxo desde el principio de su actividad docente, pero que se ha ido agudizando con el paso del tiempo en la medida que se hacía más crítico con el sistema capitalista. Un sistema al que ya consideraba como una mera etapa en el libro mencionado. 

También hay que destacar que en la docencia, así como en los apuntes y luego en su manual “Estructura Económica” (1969), escrito conjuntamente con Martínez Cortiña, señala que la guía de la Estructura Económica debe ser la montaña del hambre. Sus preocupaciones por el hambre, la pobreza, la desigualdad, están presentes en sus obras sobre todo en los años sesenta. No se limita a denunciar estos males, sino que pretende explicar las causas de estas graves privaciones. Aunque estas explicaciones se encuentran en las obras citadas, en donde realmente profundiza es en su libro publicado en 1972 “Conciencia del subdesarrollo” y que veinticinco años después he tenido la fortuna, a petición suya, de actualizar (Taurus, 1996). También he realizado, conjuntamente con Olga Lucas, una selección de artículos suyos escritos a través de su vida como profesor, habiendo a su vez escrito el prólogo. En este libro, que se ha publicado con el nombre de “Economía Humanista”, se puede contemplar la evolución de su pensamiento, pero también su permanencia. 
Para terminar, me gustaría citar unas palabras suyas, seguramente de las últimas que escribió sobre economía, en la introducción que hace al libro “La inflación (Al alcance de los ministros)”, que me he encargado de actualizar sobre otro que había publicado en el año 1976: “Las transferencias financieras en el mercado mundial superan con mucho el valor de los intercambios de bienes y servicios, ofreciendo a los poderosos ganancias espectaculares más rápidas y cómodas, con una ventaja añadida: la opacidad de un sistema de dinero y títulos y la desregulación de la ya establecida globalización internacional que permite abordar al margen de la ley negocios tan censurables como los armamentos o el narcotráfico”. Su lucidez la mantuvo hasta el final.

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