miércoles 25/11/20

Estados

Estos días nos ha tocado oír y hablar de estados. Y los estados a los que nos vamos a referir aquí, que en este caso tienen una relación próxima a la física y a la química: estables, inestables, caóticos, reactivos, estabilizados provisionalmente, permanente, sólidos, líquidos, gaseosos, plasmático, etc., son los que se definen en las Constituciones políticas para situaciones excepcionales que afectan al conjunto de un país o a una zona determinada y que implican capacidad y competencia de los Gobiernos, también excepcionales. Intervención, que en los regímenes democráticos está regulada, tipificada y controlada por las instituciones democráticas correspondientes. Pero la Historia social y política nos marca a todos aunque no seamos conscientes de ello –aunque algunos son plenamente conscientes y eso a un grupo de esos algunos les permita tratar de confundir.

Los más viejos del lugar conocimos los últimos estados de Excepción del franquismo. Ni Abascal ni el licenciado Casado habían nacido, pero en los archivos pueden leer el objeto de su promulgación por el régimen franquista. Para el franquismo aquello era más que una pandemia. También había posibilidades de contagio y la velocidad del contagio se aceleraba. Se trataba de un virus inmaterial. Los reservorios eran múltiples y diversos: libros, periódicos, noticias, viajes al extranjero, conocimientos, ideas, opiniones, turismo, sexualidad. El ser humano era un transmisor eficaz y de gran movilidad. A algunos se les podía reconocer fácilmente por la sintomatología. Pero había muchos ciudadanos asintomáticos que desarrollaban y transmitían el virus en silencio, con ser sólo ellos.

El confinamiento era una medida drástica para reducir los contagios. Carabanchel, La Modelo, Soria, Segovia, Jaén y otras,  fueron los Lazaretos utilizados para el aislamiento. Perimetrar los espacios de contagio, también: fábricas, barrios, universidades, etc. El régimen, significativamente militarizado, utilizó con dureza a todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para reducir, aislar y eliminar los focos de contagio. Operaba con adiestrados rastreadores desde la Brigada Político Social y contaba con confidentes-informadores en las redes sociales. Las vacunas no eliminaban del todo la eficacia del virus y a pesar de la utilización de la RNE, el NO-DO, la Agencia EFE, la Formación del Espíritu Nacional, la Sección Femenina y la prensa del Movimiento, el virus no remitía. Contaban, en la labor de adoctrinamiento espiritual, con el apoyo de sectores de la Iglesia, muy conveniente para la inmunización. Pero en todos esos sectores se empezaba a descubrir la penetración y expansión del virus. Sería conveniente cortar por lo sano, pero empezaba a ser tarde para una terapia exclusivamente quirúrgica. A pesar de ello, se siguieron utilizando intervenciones agresivas e invasivas.

La militarización de la política por los políticos debe de ser eliminada de la vida política y democrática de nuestro país

“Los avances médicos pueden eventualmente prolongar la vida humana, pero las mejoras de las condiciones sociales pueden conseguir este resultado con mayores garantías de éxito y más rápidamente”, Rudolf Virchow [1] dixit.

Posiblemente, un cambio político  hubiera terminado con la pandemia. Y eso es lo que piensan para este momento, el licenciado Casado, el macho Alfa Abascal y los eclécticos de Arrimadas. Pero se equivocan de Pandemia, de Coronavirus y de España.

La tremendamente negativa militarización de la Administración  española durante los últimos siglos, les suena. Y expertos deportistas de judo tratan de cargar al adversario, para debilitarles, sus propias transgresiones. Estados de Guerra, Estados de Sitio, Estados de Alarma, Estados de Excepción, han formado parte permanentemente de nuestra Historia Administrativa y Política. Todo bajo control y jurisdicción militar.

La Historia de España, durante los siglos XIX y XX, ha vivido permanentemente en estados excepcionales, controlados por militares [2]. España era una cárcel, por motivos políticos, no por pandemias. El perímetro estaba en las fronteras. Y no nos referimos a tambores lejanos de banda militar, hablamos de capitanes generales respaldando a Tejero, disparando en el Congreso, y de manifiestos públicos de militares de alta graduación para asaltar la Constitución. No se debe de enviar a Pérez de los Cobos a aplicar la Constitución en Cataluña. La militarización de la política por los políticos debe de ser eliminada de la vida política y democrática de nuestro país. Los políticos deben de hacer la política y los militares ya tienen bastante con hacer lo que les corresponde, que no es política.


[1] Médico patólogo y biólogo, considerado el  primer investigador en la patología moderna, su actividad política le llevó a enfrentarse al canciller Bismarck, militar prusiano, que le llegó a retar en duelo por sus diferencias políticas. Menos mal que Virchow no acudió al duelo y seguimos contando con su actividad científica y política hasta 1902. Por otra parte, Bismarck, debido a las constantes luchas obreras, se vio obligado a establecer el sistema de seguros sociales para tratar de evitar, así, los cambios revolucionarios que se avecinaban en Europa.
[2] BALLBÉ MALLOL, Manuel. Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983). Pamplona. Editorial Aranzadi, S.A.U. 2020.  Prólogos de María Teresa Fernández de la Vega y Eduardo García de Enterría.

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