jueves 09.04.2020

Una moción de censura para que el cambio pueda seguir haciendo camino

Iglesias tiene la difícil tarea de explicar el papel de la moción de censura en el camino que lleva al desgaste y al aislamiento de Rajoy, el PP y la corrupción

La moción de censura contra Rajoy presentada por Unidos Podemos se acerca al momento culminante de su día D, precedida de abundantes apoyos inquebrantables, desde las redes sociales, y de un nutrido fuego cruzado de pretendidos amigos y enemigos abiertos o encubiertos, desde los principales medios de comunicación.

Iglesias se juega mucho más que Rajoy, que apenas tiene nada que perder en el envite. Y puestos a ser censurados o recibir algún empujón descalificatorio, pocos escenarios mejores para el censurado que el actual Congreso, ovacionado por los suyos y arropado por muchos que no son suyos ni de los suyos.

Iglesias no se juega su futuro como posible presidente del Gobierno, si es que existe o existió alguna vez tal posibilidad. Parece difícil que la moción de censura pueda ayudar en algo a que Iglesias recupere parte del desgaste sufrido en el último año y medio, tanto entre el electorado de Podemos como, sobre todo, entre los votantes del resto de fuerzas políticas que aspiran o podrían aspirar a desalojar a Rajoy de las instituciones. Su posición como líder de Podemos tampoco está en cuestión y solo una actuación catastrófica, no previsible, podría cuestionar ese liderazgo.

Entonces, ¿qué se juega Iglesias? Creo que la decisión de presentar la moción de censura y su actuación al defenderla serán valoradas en función de la capacidad que demuestre Iglesias de seguir proyectando futuro, en lugar de impotencia. Capacidad para ampliar los apoyos al cambio y mostrar que frente a la desprotección social y el desorden que están ocasionando la corrupción, la desigualdad y la exclusión social impulsadas por Rajoy y su Gobierno hay una voluntad consciente y consistente de aunar a las fuerzas del cambio y propiciar un nuevo orden, más democrático, limpio, justo y protector de los derechos e intereses de la mayoría social, que requiere situar al PP en la oposición.

¿Era mejor esperar a que el PSOE resolviera su disputa interna antes de presentar la moción de censura? ¿Habría sido más conveniente haberla retirado tras la victoria de Sánchez para negociar otra moción de censura con más apoyos y posibilidades? Son preguntas pertinentes que supongo que la dirección de Podemos habrá sopesado. Deduzco por lo sucedido que la respuesta a ambos interrogantes ha sido negativa. Y comparto ese no. Un partido como el PSOE, en el que ha primado la vacilación en la estrategia de cara a sus relaciones con el PP y, no menos importante, respecto a los recortes y las políticas de consolidación fiscal impuestas por las instituciones europeas no debe marcar los pasos y las decisiones de Podemos. El PSOE lleva desde 2010 dudando de su identidad política y sobre la estrategia de salida de la crisis.

La apabullante victoria de Sánchez y el giro a la izquierda que supone cambian muchas cosas, pero no modifican de una vez por todas la cuestión central: ¿es el actual PSOE dirigido por Sánchez una fuerza del cambio capaz de participar en una alternativa a las políticas de austeridad y devaluación salarial que imponen las instituciones europeas  a los países del sur de la eurozona o puede inclinarse de nuevo por la colaboración con la derecha en la tarea de mantener el orden social que necesita la aplicación de la austeridad y los recortes?

Podemos tiene que seguir su camino como fuerza comprometida con el cambio que reclama la mayoría social. Pero entendiendo que en ese camino el PSOE y su base electoral y social (junto a las de otras organizaciones políticas, sindicales y sociales) son necesarios para desalojar al PP de las instituciones, sancionar la corrupción y a los corruptos y llevar a cabo la regeneración y el cambio político que reclama la mayoría. No hay que esperar al PSOE en todas las ocasiones, pero tampoco hay que alejarlo de las fuerzas y propuestas de un cambio progresista. Iglesias tiene la difícil tarea de explicar el papel de la moción de censura en el camino que lleva al desgaste y al aislamiento de Rajoy, el PP y la corrupción. Sin caer en las provocaciones que le tenderán los hooligans y los responsables de la bancada popular y sin sobrevalorar los efectos de la sal gruesa en las descalificaciones. Espero que tenga mucha suerte en esa faena.

Se han gastado demasiadas palabras en justificar la moción de censura. Hay razones más que suficientes. El problema no está en la búsqueda de argumentos, sino en la capacidad de convertir en virtud la necesidad de la moción. El ejemplo de la censura contra Cifuentes en Madrid señala algunas dudas y paradojas sobre esa capacidad. El carácter intencionadamente bronco de la respuesta de las huestes populares de Cifuentes y la displicencia de la presidenta de la Comunidad de Madrid muestran su desfachatez, pero también reflejan su intención e interés de presentar a Podemos como el generador del desorden y la crispación.

¿Sirvió la moción de censura presentada contra Cifuentes en Madrid para ratificar el carácter sistémico de la corrupción en el PP o resaltó el aislamiento de Podemos, la división de las fuerzas progresistas y la impotencia de los que denuncian esa corrupción y no pueden hacer nada para castigar a los responsables y evitarla en el futuro? Dudas e interrogantes de difícil respuesta que llevan a un terreno en el que el regate corto y la apuesta táctica no son suficientes, porque deben inscribirse en una estrategia política menos espasmódica y más unitaria que permita comprobar la utilidad de la oposición al PP sin necesidad de hacer un órdago cada semana. Una oposición que impugne, desgaste y, a ser posible, revierta algunas de las políticas aplicadas por el PP con un trabajo parlamentario prolongado y riguroso de más calidad y menos cantidad de enmiendas y propuestas. Una oposición que tenga como referencia la opinión y la búsqueda del apoyo y la complicidad de la mayoría social. Ese es el problema que deben resolver el grupo parlamentario de Unidos Podemos y la dirección de Podemos. Y a la que el debate de la moción de censura también debe contribuir.

Una moción de censura para que el cambio pueda seguir haciendo camino