Háganse todas las críticas posibles, en el marco de la defensa de la necesidad de representación sindical, para no permitir que los nuevos modelos de negocio, basados en la ausencia de relaciones laborales, sigan beneficiándose de la desregulación, la individualización o la fragmentación

Si no sales en la tele no existes. Si no tienes repercusión mediática o en las redes, desapareces. ¿Dónde están los sindicatos? ha sido una pregunta recurrente para intentar demostrar que no hacían nada. Mientras tanto, en distintos niveles, en distintos ámbitos, la representación sindical estaba en la calle, los convenios, las elecciones sindicales, movilizando, presionando, negociando, unas veces con más éxito que otras, unas veces unidos y otras no tanto.

Las organizaciones confederales están en acciones diversas, en distintos territorios, en muchos centros de trabajo, en cientos de convenios sectoriales, autonómicos, provinciales o de empresa, en movilizaciones para evitar cierres, conseguir mejores condiciones, evitar despidos o contratos fraudulentos. Con aciertos o con errores, en mesas bipartitas o tripartitas, impulsando la defensa de derechos laborales, de derechos humanos y sociales, la sanidad o la educación públicas, las pensiones o la igualdad de género,  en el caso de las organizaciones de clase. De todas las acciones de defensa de  la clase trabajadora en sus derechos laborales o en los aspectos sociopolíticos como ciudadanía, se difunden un mínimo porcentaje. A veces, deliberadamente, ciertas movilizaciones desaparecen del panorama informativo, otras veces es más importante que no acudiera nadie a cumpleaños de un niño en EEUU que la protesta de CCOO frente a un encuentro internacional del empresariado por el salario mínimo en el convenio del textil en España. Es noticia un chaval que pincha las ruedas de un coche policial y no lo es el acto del Centenario de Marcelino Camacho

Ha ocurrido hace poco, pero podríamos citar unos cuantos ejemplos más, quizás merezca una investigación del periodismo que se dice independiente. Porque también ocurre que es más sensacionalista una movida espontánea, que dura lo que dura, que la tarea invisible día tras día, año tras año, de miles de delegados y delegadas. Tiene más morbo un grupo de 50 personas que monta escándalo sin que sepamos qué representa, que unas elecciones sindicales que mostrarán la representatividad de esas organizaciones sindicales. Siempre es más atractivo sacar los errores o las malas prácticas pero jamás incluir noticias de los funcionamientos adecuados. Si de forma continuada se martillea con ideas salvadoras, sin base real, se reivindica la participación de grupos o personas que no tienen avalada su representatividad, se está minando la capacidad real de transformar la realidad.

Parece que es aburrida la noticia de las Nueve de AON MOBILE, que fueron despedidas por formar parte de una candidatura de CCOO, llegaron a juicio con 52.000 firmas de apoyo, fueron readmitidas y ganaron las elecciones. No llama la atención la publicación de una guía para saber los derechos de la juventud en prácticas (Aprendices, [email protected] y trabajo precario) o la multitud de folletos y documentos sobre prevención de riesgos laborales. Tampoco los cursos o los materiales para preparar oposiciones, los documentos para orientar los procesos de digitalización o las investigaciones, estudios o proyectos e incluso la defensa de la Carta Social Europea por parte de la Confederación Europea de Sindicatos. Debería ser obligatorio el seguimiento de las webs donde aparecen todas las acciones, antes de opinar que están desaparecidos, sobre todo en determinadas redacciones o para algunas personalidades del mundo de la cultura.

Destapar el macro fraude de la industria cárnica con los falsos autónomos no fue por obra y gracia de la inspección de trabajo, sino por denuncias continuadas de CCOO. En otras oportunidades podemos observar que se difunde la noticia de una sentencia ganada por los trabajadores, sin mencionar en el titular que han sido los abogados de CCOO o UGT quienes han llevado el tema a juicio. En algún medio digital si es de CGT lo mismo sale. En otras, los resultados de tal o cual situación conflictiva se visualizan como una acción individual, porque los intereses o los derechos colectivos hay que evitar mentarlos o se trata de debilitar a los sindicatos.

Por supuesto que muchas veces no hay intención alguna de obviar la presencia de las organizaciones sindicales de clase, pero en demasiadas ocasiones en determinados conflictos se prefiere tomar declaraciones a representantes de sindicatos corporativos aunque sean minoritarios. Desde sectores de la izquierda política o social se reniega de los sindicatos mayoritarios, eligiendo compañías de viaje sin representatividad demostrada. En la mayoría de las situaciones porque se demanda a la representación sindical cambios que son competencia parlamentaria, como si pudieran superar lo que ha votado la ciudadanía. Por parte de las organizaciones sindicales se han cometido errores, sin lugar a dudas, hay prácticas equivocadas o sindicalistas que no responden a las necesidades de sus bases. Pero, en algún momento, ciertas organizaciones tendrán que reconocer que entre CCOO y UGT tienen una representación legal de más del 70% y ambas nuclean una afiliación que supera con creces el millón y medio trabajadores y trabajadoras.

¿Qué entidades en este país pueden demostrar esa representatividad? ¿Qué organizaciones están presentes en la mayoría de convenios sectoriales, a pesar de la reforma laboral? Alguna persona del mundo de la comunicación (o de la cultura) seguirá diciendo que no se ve a los sindicatos. Sin duda eso se pretende, pero están donde deben estar, hasta donde llegan con sus recursos cada vez más escasos, aunque se cuestionen siempre. Mientras no se cuestionan la financiación de la iglesia o las ayudas a las organizaciones empresariales de algunos gobiernos. Si tuvieran que funcionar con las cuotas de afiliación como sostienen ciertos tertulianos, los servicios jurídicos o las conquistas deberían ser sólo para la afiliación.

Ciertas personalidades de la derecha todavía no han asumido que en democracia, la defensa de los derechos de la fuerza de trabajo es parte esencial de su funcionamiento y que nuestra tan mentada Constitución hace 40 años consagró su existencia y la libertad sindical. La Ley Orgánica de Libertad Sindical (11/1985) se publicó hace 33 años y debería estudiarse no sólo desde la derecha. Porque las organizaciones sindicales son una entidad del Estado de derecho para que los trabajadores y trabajadoras no se encuentren a merced del poder empresarial y en el caso de España, las mayoritarias ejercen también como parte en los temas sociopolíticos que afectan a la vida y los derechos no sólo laborales. [i] Que sean invisibles es una perversión de la democracia, cuando en otras sociedades participan mucho más en la gestión social e incluso en las empresas. Que se difundan sólo los errores o las malas prácticas es toda una declaración de intenciones de quienes detectan el poder o de quienes quisieran contar con las organizaciones sindicales para sus intereses y no lo consiguen porque, afortunadamente, hace tiempo que funcionan de forma autónoma y esperemos que se mantengan así para siempre.

Háganse todas las críticas posibles, en el marco de la defensa de la necesidad de representación sindical, para no permitir que los nuevos modelos de negocio, basados en la ausencia de relaciones laborales, que generan empleos precarios, situación de explotación y de evasiones fiscales, sigan beneficiándose de la desregulación, la individualización o la fragmentación. Todo es mejorable, pero ello implica compromiso y militancia, visión colectiva y prácticas cooperativas. Y cada vez más el sindicalismo deberá plantearse responder con responsabilidad ante su afiliación, la evaluación de sus prácticas para transformarlas y encontrar cauces para una mayor participación.


[i] Artículos 7, 28 y 37 de la Constitución