jueves 9/12/21

Un bucle malévolo: el capitalismo financiero

La confusión entre los bienes y servicios reales y el capital financiero, mayormente virtual y ficticio, está ocasionando graves desórdenes que nutren los desequilibrios actuales entre naciones y personas. La desigualdad rampante resultante, permite que aquellos que más tienen dediquen recursos a la especulación financiera con el ánimo de sacar mayor rendimiento a sus ahorros, lo que les permite seguir aumentando sus riquezas y seguir distanciándose económicamente del resto de los ciudadanos, ampliando de esta forma, como un bucle sin fin, la desigualdad cuyo incremento sinigual es un camino de difícil retorno. Pero, además, estas ganancias no están apenas identificadas con la producción real de bienes y servicios, y si con anotaciones contables respaldadas por ofertas y demandas de productos financieros diseñados para ganar sin riesgo y desacompasados con la realidad económica, con la verdadera riqueza que da cobertura a las necesidades humanas.

Este es un juego malévolo que se encuentra en el disco duro del el capitalismo sin brida, sin control. El capitalismo, como nos decía Chomsky, no es más que “maximizar tus beneficios a expensas del resto del mundo”. Y el capitalismo financiarizado consigue aumentar los beneficios en un juego ficticio, haciendo que tanto las entidades financieras como las no financieras olviden su labor social para buscar pingües beneficios de forma fácil y con menos costes. Pero es que, incluso, “Las finanzas han sido capaces de extraer ganancias directa y sistemáticamente de los salarios, y han dado forma así a la expropiación financiera (1).” Expropiación llevada a cabo sin contemplaciones por las políticas neoliberales en contra de la mayor parte de la población y especialmente de los más débiles.

El capitalismo dejado a sus anchas ha dejado patente que es una fábrica de desigualdad. Y la desigualdad es injusta, socialmente corrosiva, ocasiona un desperdicio de recursos, ineficaz en la búsqueda de la igualdad de oportunidades, ineficiente desde el punto de vista económico, desestabilizadora de la democracia y despierta los peores instintos del ser humano dividiendo a la humanidad en partes irreconciliables.

Poner en relación el capitalismo financiero y los Derechos Humanos es la antítesis de lo posible, un oxímoron, son conceptos contradictorios y opuestos que nunca podrán ir en la misma dirección, ni permitir ganancias por ambas partes. El capitalismo moderno, sin duda,  está financiarizado y a ello contribuyen fielmente los estados. La “financiarización (2)” constituye probablemente el concepto más relevante para entender el capitalismo contemporáneo y, por ende, la larga fase de crisis que se inició en el 2007 (3)”.

Hubo una vez en el que “El sector de las finanzas, apoyado en los avances en matemáticas, estadística,  computación y tecnologías de la información, desarrolló modelos de análisis e instrumentos cada vez más complejos con los que creyó haber roto la vinculación directa entre los beneficios y el riesgo (4)”. Sin embargo, esta creencia nos ha traído una de las peores crisis habidas en la historia del capitalismo. Trocear riesgos para que estos sean soportados por otros ha hecho saltar la banca y puede hacer saltar por los aires la moneda común. Pero, sin ningún rubor, los problemas ocasionados por banca se transfirieron a los Estados y así “entre 2010 y 2012 [fue] cuando la crisis tomó un rumbo todavía más peligroso. Los Estados habían acumulado deuda porque [además] se habían reducido los ingresos fiscales a causa de la recesión y las haciendas públicas habían asumido el cote de rescatar el sector financiero (5).” Pero es que la deuda pública que nos ata y empobrece está ahora en manos de los bancos que nos llevaron a la crisis. Se ha dado dinero a los bancos cuando estos lo utilizan para especular en los mercados financieros y seguir el bucle malévolo.

El sistema financiero tiene una función de intermediación pero debemos saber que no produce valor. Cuando cumple su función su labor resulta positiva para la sociedad. Pero “la financiarización podría conceptualizarse como un cambio en el equilibrio entre la acumulación real y la acumulación financiera; concretamente, la financiarización representa el crecimiento asimétrico de la acumulación financiera en comparación con la acumulación real (6)”. El problema del capitalismo financiarizado es, por tanto, que los beneficios se extraen fuera del circuito real de la economía, se extraen del circuito financiero que está basado principalmente en transacciones que no provienen de la producción y distribución de bienes y servicios.

En el 2011 los mercados financieros extrabursátiles alcanzaron aproximadamente el volumen de 700 billones de dólares americanos y los mercados bursátiles se estiman en otro tanto. Sin embargo el PIB mundial rondaría los 65 billones. Estas cantidades indican la descarada verdad del sistema financiero y la opacidad de las políticas económicas que atosigan a los ciudadanos con las necesidades de financiación cuando se deja jugar, principalmente a los bancos, con transacciones opacas y  sin riesgo que multiplican por 20 la producción real de bienes y servicios. Pero seguimos, igual, las cosas después de las experiencias de la última década no han cambiado y el círculo vicioso, el bucle malévolo, sigue creciendo y creciendo.


(1) Lapavitsas, Costas (2016:32) Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas. Traficantes de sueños.
(2) La financiarización es un término sistémico todavía impreciso aunque pretende definir el aumento y preeminencia del sistema financiero en, al menos, las tres últimas décadas. Este aumento puede estar ocasionado por la búsqueda de beneficios, en muchos casos fáciles, en el mundo de las finanzas.
(3) Lapavitsas, Costas (2016) Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas. Traficantes de sueños.
(4) Pujol Álvarez, Rubén (2016:11). El poder de los mercados financieros. RBA.
(5) Lapavitsas, Costas (2016:14) Beneficios sin producción, cómo nos explotan las finanzas. Traficantes de sueños.
(6) Ibídem (2016:261)

Un bucle malévolo: el capitalismo financiero